Wednesday, May 18, 2016

El meme filosófico

Por Ignacio T. Granados Herrera

En una versión de ese meme infinito en el que Batman abofetea a Robín, este se jacta de leer mucha filosofía; lo que desata la ira del hombre murciélago, que le responde que en verdad él sólo lee resúmenes filosóficos. Lo importante del meme es cómo sirve de pie para expresar en un humor corrosivo las engañosas paradojas a que nos expone el convencionalismo; pero no menos importante, aunque más sutil, mostrarįa también la otra paradoja de su propio convencionalismo. De hecho, no habría nada más convencional que la reducción al absurdo, en que siguiendo una lógica aparente se corrompe el argumento contrario; es también una práctica antigua, clásica incluso, como cuando corrompió a la sofística como práctica sistemática de la filosofía, como un recurso de la retórica. Como método erístico, se supone que eso fue precisamente lo que superó Sócrates, con la dialéctica; aunque todo parece indicar que la tal dialéctica de Sócrates era tan sólo una inversión de sentido de la misma erística, que es lo que conocemos como su Mayéutica.


Nada de eso sería especialmente problemático, si no se viera que en su reducción al absurdo este tipo de paradoja deviene en caricaturesca; hasta el punto de dar valor de postulado a un meme —que es en lo que consiste la caricatura—, violentando las sutilezas con que se estructura la realidad, en el mismo intento de su compresión. Como ese mismo meme, en críticas más audaces los filósofos se jactan de leer a Aristóteles en latín, por ejemplo; como si el divino de Estagiria no hubiera escrito en griego clásico, haciendo de cualquier otra lectura suya la de un resumen más o menos interpretativo. Igual, quien —con o sin sentido— acceda a ese conocimiento, de poco le valdría si no puede contrastarlo con toda otra tradición filosófica; que en buena puridad, tendría que consumir en su lengua original, con —por supuesto— el conocimiento cabal de su referencia epistemológica; ya que, para seguir rizando el rizo, de nada valdrá leer el latín medieval que transitaba al provenzal si se le va a interpretar con las referencias epistémicas del castellano o el inglés contemporáneo.

Visto así, no habría filósofo autorizado si no cuenta con el bagaje de todas las lenguas que en el mundo han sido, al menos desde el fisiologismo jónico; lo que significa que a la dificultad mayor de le lectura de Kant y Hegel, habría que añadirle la del espeso alemán en que se expresaban; junto a las derivaciones de la lengua china en que se expresaban tanto Confucio como Lao Tsé, pues se trata de ser universal. A esta reducción al absurdo pueden añadírsele derivaciones, pues al fin y al cabo se trata de la caricaturización de un drama; en el que la filosofía se hace cada vez más irrelevante, justo en el contexto en que se hace más necesaria, por su banalización. De hecho, la pregunta es para qué sirve tanto afán de exactitud, si en definitiva no se trata de hacer filosofía, sino de citar la fuente; que es la prueba de ese convencionalismo fatal, por el que la pobre pierde su importancia inexorablemente, en una situación ya más trágica que cómica.

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