Vindicación realista de Lezama Lima
Hay una relación recurrente y tensa entre Lezama Lima y Herman Hesse, como culminación de sus culturas respectivas; y que es importante, en tanto la literatura no sería nunca una representación arbitraria de lo real, sino muy estricta. Esta restricción se debería a su carácter formal, por la que sus objetos responden siempre a dinámicas de lo real; bien que más o menos perfecta o imperfectamente, pero siempre en el rigor morfodinámico de su realismo.
Sobre la tensión de Hesse
y Lezama Lima, este rigor los lleva a colisionar en esa representación dramática
de lo real; en uno por el bucle dialéctico de sus dicotomías, reales pero sin
consistencia propia, y por ello insolubles; el otro solucionando esas mismas
contradicciones, pero como tricotómicas y no dicotómicas, como es propio de lo
real. Esta es la originalidad de José Lezama Lima, imponiéndole el alcance
filosófico del que carecen su apotegmas; reduciendo esa contradicción a su
función formal, como propiedades de lo real en sí, que es el Ser en formación.
Cemí no es así un
postulado ético —como sí lo es Frónesis— sino ontológico, resolviendo su
realidad en la contradicción; y que es lo que se culmina en toda su excelencia
posible, cuando Frónesis comprende y acepta el deseo de Foción. Como
curiosidad, su circunstancia permanece ajena, e la femineidad de Lucía, pero su
voluntad opera e la de Ynaca; derivada del mentorado de Oppiano, que como
Aristóteles sobre Alejandro, sólo le deja su instrumentalidad.
Hesse en cambio, sólo
puede asesinar a su héroe ante la incapacidad de Plinio —como realidad— para
realizarlo; en un drama que como el de Lezama, no desconocía la tensión homo erótica,
sino que no la realizaba en el hedonismo. Esta es la originalidad de Lezama
Lima, no su profusa intelectualidad sino su minucioso sentido del placer; como
un índice propio de lo real, que justifica todo acto en su culminación
excelente, incluso si distorsionada.
Como Foción sobre
Frónesis, Tegularius sateliza alrededor de Kentch, pero este no sabe cómo
satisfacer la obsesión; y se niega con eso su propia posibilidad, perdido en los
ditirambos eternos, que simplemente pierden sentido. Por eso Lezama soluciona
la incapacidad occidental para la comprensión de lo real, en el hedonismo, no
el cinismo; negándose a la confrontación entre el Ser y su posibilidad, como si
fueran cosas distintas y no expresión de una en otra.
Asumir el homo erotismo lezamiano por lo anecdótico es fácil, pero es más productivo como recurso epistemológico; porque es con esto Lezama consigue resolver la cuestión ontológica —del Ser en sí—, sin caer en el subjetivismo. Como se viera ya, la relación entre Knetch y Tegularius es la misma de Foción y Frónesis, pero sin la satisfacción; que es la recuperación del sentido en lo epicúreo, que existe —pero no tan explícitamente— en Aristóteles.
Aquí, la oposición entre Lezama y Hesse no se resuelve en una síntesis de sus respectivos mundos, sino asimétricamente; porque cada uno organiza de forma distinta la relación con lo real, y en Lezama se trata de la posibilidad americana. No se trata aquí del faso realismo de lo político, sino de la primacía de la función existencial sobre eso político; aflorando en todas las formas posibles al hedonismo, desde la comida a la corrupción en eso político mismo.Lezama Lima era así un
realista, no en potencia sino efectivo, en esa forma virtual del realismo que
es la literatura; y lo más asombroso, lo era en el sentido Trascendental a que
Kant redujera la trascendencia, como propiedad formal. Lezama conciliaba así
las contradicciones propias de la tradición idealista, en el pacer reflexivo de
la literatura; que es lo que lo hace grande entre los grandes, y objeto del
culto espurio de todos los literatos sin sentido.


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