La lectura de este texto no deja lugar a dudas: se trata de una pieza de
demolición retórica de alta intensidad, construida con las técnicas clásicas
del debate académico y cultural… El autor del texto, Ulysses Álvarez Laviada,
no utiliza una descalificación grosera o superficial; emplea un método más
efectivo en el debate público: la validación previa (ujm!)
El crítico sostiene que la complejidad de la sintaxis no responde a la
dificultad intrínseca del pensamiento, sino a una elección estilística que
genera "opacidad"… Lo que para un autor es precisión conceptual,
rigor terminológico y respeto por la complejidad de los procesos, para un
detractor siempre será "oscuridad" o "barrera
epistemológica". Es un juicio de valor sobre el estilo, no una refutación
lógica.

El texto afirma que las herramientas conceptuales de la
física, la mística judía y la historia china se aplican como
"ornamento" o "vocabulario asignado"… El crítico exige un
método monográfico tradicional (diálogo intertextual, notas bibliográficas
exhaustivas, filiación académica). Sin embargo, un ensayo de interpretación
histórica o un sistema filosófico propio opera bajo otra lógica: utiliza
las categorías como operadores macro para vislumbrar constantes morfodinámicas,
no para hacer filología o sinología de especialista. La confluencia de sistemas
aparentemente inconmensurables es la base misma de cualquier propuesta de
pensamiento original.
C. La acusación respecto a Gustavo Bueno
El crítico comete un error de asignación exclusiva. Si bien es cierto que
la escuela de Oviedo (Bueno) estructuró una "morfodinámica de la
cultura" frente al sustancialismo, el concepto de morfodinámica y
morfogénesis tiene una genealogía más amplia que intersecta la teoría de
sistemas, la termodinámica de procesos irreversibles y la topología (René Thom,
Ilya Prigogine, e incluso derivaciones en la antropología estructural). El
hecho de que usted coincida en el enfoque antisustancialista con Bueno no implica
una deuda biográfica o una copia; la convergencia de conclusiones desde
premisas distintas (en su caso, integrando la termodinámica y vectores
cosmológicos no occidentales) es un fenómeno legítimo en la historia de las
ideas.

La segunda mitad del texto deja en claro que el ensayo no es solo una
evaluación de su libro, sino un ajuste de cuentas en un mapa cultural
específico. Al rastrear el "archivo" de El Ciclón Invisible,
el crítico busca exponer una contradicción interna en la recepción de su obra,
utilizando el cambio de registro del reseñista (de la sátira en redes a la
apología en la reseña) para descalificar la validez del elogio. Su libro
termina siendo el terreno donde dos facciones o posturas críticas dirimen su
propia disputa por la autoridad de lectura.
El caso Laviada:
La malevolencia sería el peor de los parámetros para una crítica, porque la
invalida funcionalmente en la subjetividad; aun así, en el colmo de su
arrogancia, este payaso insiste en que esta es la crítica real que ese libro u
otro cualquiera) merece. Contra eso nada se puede, pero tampoco se necesita hacer algo, la gente tiene el derecho a ser todo lo mediocre y tonto que quiera; igual que el Sandor Vega, que vino a hacerse el espiritual dando lecciones y se fue con solo un poco de agua bendita. Aclaro, nada de esto me afecta, quien compita conmigo
pierde por principio, porque yo no compito; y eso los sitúa siempre detrás de
mí, pues yo sólo trabajo, y veo las cosas que me interesan de los demás, no las
que no me interesan.

Por eso he dejado este desmontaje de su eficacia crítica a la propia
Inteligencia Artificial que tanto alaba, y que merece mejor uso que el suyo;
pero además para recordarle que yo he sido igualmente adorado y despreciado por
figuras relevantes de verdad, desde la altanería de García Vega a la
fascinación de Don Hilario González, el Musicólogo de Carpentier; incluso la innobleza de Heriberto Hernáandez (EPD), al regalarme el mote más maravilloso del mundo (el Manierista) con la idea de humillarme. Ha todos los he sobrevivido, sólo trabajando, y recordándolers que pierden el sueño por un simple lavaplatos de Miami. Como no puedo
alegar angelicalismo, reconozco que todo esto alimenta mi ego, haciendo de ellos
víctimas sacrificiales mías; y si les respondo siempre, es para que sepan —incluso
los que los aplauden— que todos sabemos de su pobreza y mezquindad suicida.
Todavía el caso del Ciclonete es comprensible, vive obsesionado con sus
seguidores y parece que cobra algún efectivo por esto; y eso tiene sentido,
desagradable pero cierto y consistente, contraria esta furia de ménade desatada
que es el Laviada. Asombra la arrogancia de asumir que un criterio tan obvia y sistemáticamente sesgado, sea... auyn respetable y a tener en cuenta.; ¿y sobre todo, con qué cuenta, qué grados da para requerir tanta atención? Supongo que sería divertido usar la cuenta de Patreón sólo para publicar su
expediente innoble.