Monday, May 4, 2026

El exceso de Pitágoras IV

Esta relación entre la tradición idealista y el orfismo, a través de Pitágoras, es sin dudas analógica pero no metafórica; pues responde a la naturaleza común de todos estos fenómenos, por la que convergen en una misma determinación. En este sentido la apelación del Orfismo a su ascendiente sobre los misterios eleusinos es de legitimidad y no de origen; ya que este se desarrolla en el área de la Magna Grecia, mientras que los de Eleusis responden a la centralidad micénica.

Se trata por tanto de una tensión política, entre el crecimiento comercial de Atenas y la estructura de Micenas; cuando esta es el remanente que proviene de la era arcaica, de la que emerge Atenas con su insubordinación de Creta. Por tanto, los ritos de Eleusis tienen un carácter popular, incluso si regulado por una clase especializada en el sacerdocio; que no puede detener la potenciación económica del individuo en el mercantilismo ateniense, proyectado hacia la Magna Grecia.

En esto sin embargo, esa misma potenciación individualista segrega una necesidad experiencial de lo trascendente; contraria ya al racionalismo funcional de ese desarrollo, como el romanticismo moderno al racionalismo ya clásico. No se olvide que desde su inicio, el desarrollo paralelo del fisiologismo surge en la clase comercial, con sus recursos; mientras, en una simetría recurrente, la clase popular se identifica con la aristocracia clásica, frente a esa racionalización.

El Orfismo es así una amalgama, que de hecho reorganiza el mito de Dionisio Zagreo con elementos egipcios; frente a los más directamente babilonios del pitagorismo, pero compartiendo ese origen y naturaleza orientales; más orgánicos aún en el orfismo, ya que no descontextualiza esos elementos, como la seudo religiosidad pitagórica. Entre esos elementos egipcios, destacaría el despedazamiento de Dionisios por los titanes, como el de Osiris por Set; que de hecho recuerda el del mismo Orfeo por las ménades, indicando que el mito no proviene necesariamente de Egipto; pero aprovecha esta convergencia de elementos comunes, viabilizando el sentido salvífico que sí es egipcio.

Está amalgama es posible además, al darse como residuo cultural en la Magna Grecia y no en la misma Atenas; donde la preeminencia de Eleusis todavía centra la práctica religiosa en su institucionalidad, generando ese margen. Sería en la carencia de esta dificultad, al darse fuera de Atenas, que esos residuos pueden reorganizarse, como autopoiesis; alrededor esta vez de ese sentido salvífico, como marcador ético, que es como se entiende esa influencia oriental.

La convergencia de desarrollos diacrónicos, como el orfismo y el pitagorismo, ilustraría esta determinación común; diferenciados en sus respectivos elitismo y seudo elitismo, que en ambos casos termina en una especialización religiosa. No obstante, sí habría destacar el origen popular del orfismo, como reacción al pragmatismo mercantilista ateniense; en una suerte de cultura revolucionaria, a la que respondía también Pitágoras en su propio determinismo político.

Esto explica la otra emergencia del partido aristocrático en Atenas, aunque ya no basado en la areté como en Micenas; que en Platón incorpora la filosofía a la fuerza guerrera de la tradición arcaica, y en el Orfismo es ya espiritual. Esta última coincide precisamente con la virtud pitagórica, como una condición de armonía total con el cosmos; que se encuentra en todos los sistemas mistéricos, incluido el Dikenga, pero como categoría ontológica.

Esto probaría incluso que Pitágoras apuntaba a una intuición sobre la estructuralidad del cosmos, sólo que descontextualizada; que igual descaracteriza aún la función ontológica de las categorías mistéricas, en un sentido moral y político. En este sentido, por ejemplo, el concepto de Ubuntu en el cosmograma congo, suele reducirse a su aspecto político; en la subordinación total del individuo a la comunidad, tal y como la armonía pitagórica, sin su carácter potestativo.

Sunday, May 3, 2026

Otra vez vientos plataneros

Tanto Ulyses Álvarez Laviada como el llamado Ciclón invisible, asumen a Facebook como ágora de la cultura; sólo que en el ágora se discutía de política, no de ontología ni de tradiciones filosóficas y especializadas. Es más, es el ágora sin dudas el lugar en que se condena a Sócrates, no donde se le discute; lo que es natural, pues el ágora es el espacio público, donde se discuten cosas de interés público y no especializado.

Nada de eso importa, el objeto es la misma incontinencia y vulgaridad de siempre, la frustración que los guía; pues todo lo que le ocurre al Ciclonete es que desea la atención que asume yo dedico a Lorente, y así la pide. El otro tiene tanta ansiedad y necesidad de participar, de alguna experiencia trascendente, que se deja arrastrar; incluso cuando ya sus relación no es tan armónica, pues también es simbiótica, y ambos se necesitan mucho.

Dice el Ciclonete (y Laviada repite) que mi elogio de Lorente es gratuito, pues no expone ni una sola idea suya; pero todo el artículo está escrito alrededor de su idea de la política y su uso de una falsa ontología. No la cito formalmente, menciono la idea y paso a explicarla, porque se trata de una pormenorización; no de una entrada en el diccionario de filosofía, sino de apenas un artículo en la red, imagino que superficial.

La idea abre el segundo párrafo, y voy directamente a ella porque ella es lo importante, no el autor; y no es porque es el punto en que reconozco la recurrencia y pertinencia del Realismo Trascendental, no otra cosa. Es decir, no es que uno ande de portero entregando membresías a un culto, sino de un desarrollo de conceptos; pues la imagen de uno seleccionando miembros de cofradía es espantosa por lo aburrido, no interesante.

El desarrollo de ideas y conceptos abstrusos tiene sus propios medios, fuera de la superficialidad del ágora pública; aunque estos en su ansiedad no se enteren, y anden atiborrando los algoritmos con sus parrafadas e incontinencias. Las mías están en libros, y algunos en ensayos de libre acceso debidamente exhibidos para quien les interese; no porque sea obligatorio leerlos, sino porque quien tenga interés puede hacerlo, y así sabe de qué habla cuando critica.

Las ideas de Lorente las he discutido en muchas partes y muchas veces, como ellos sabrían si de veras les importara; pero todos sabemos que la crítica de los dos es una reacción compulsiva y rabiosa, no un acto racional ni filosófico. Hay de hecho una serie de artículos dedicados a su libro con Antonio Correa Iglesias (aquí), y fuí yo quién lo invitó a dialogar sobre el capitalismo; experiencia frustrada por la interferencia de estos, que no ven trabajo ajeno sin que se les moje ni puedan hacerlo.

El Ciclonete debería aceptar ya que nunca va a tener un elogio mío, ni aunque lo mereciera, porque a mí no me importa; y él y el otro deben saber que la persona Humana tiene potestad para decir qué hace, qué le interesa. Ni yo ni nadie con dos dedos de frente discute con alguien sólo porque el otro lo quiera, si no le es interesante; y ninguno de los dos es ni remotamente atractivo para eso, con esa vulgaridad de escritores menores con ínfulas de pensador antiguo.

El Ciclonete que siga escribiendo reseñas de Daniel Fernández, para que se quede con su elogio como consuelo; porque de está preciosura monjil no va a tener nunca más que desdén, al menos mientras siga con ese infantilismo absurdo. El otro imberbe, que siga en la burbuja esa donde escribe, poniéndose en ridículo un día sí y el otro también; que yo sólo hago esto para que sepan que todos sabemos su superficialidad y tristeza, aunque hagan como que no.

Sunday, April 26, 2026

Julio Lorente y la filosofía en Cuba, segundo elogio

Obnubilado por la profesionalidad del título, el público cubano desdeña los problemas reales de la filosofía; permanece así en la espiral idealista, entre Hegel y Marx, y cita a Heidegger para confirmar su supremacía sapiencial. No parece ser este el caso de Julio Lorente, formado más en el conservadurismo funcional de la cultura católica; como un nicho de resistencia efectiva, rescatando esa función conservadora de la cultura de su reducción ideológica.

Se trata de que el conservadurismo no es una ideología, sino una función cultural, en su propia función ontológica; por la que lo real se especializa a sí mismo como humano —no a la inversa—, en su realización, morfodinámica. Es la floración artificial del liberalismo, entre las contradicciones del absolutismo francés, lo que lo reduce a lo ideológico; determinándolo desde su naturaleza política y no cultural, invirtiendo el objeto de la estructura, como político.

De ahí la singularidad del catolicismo cubano, ante la hiper ideologización postmoderna de la religión en lo político; como entorno en que se realiza Lorente, de intuición en intuición, para sobreponerse a la fatalidad idealista. Nada de esto es consciente de modo necesario, y aún se restringe a un interés en lo nacional y la filosofía política; las dos fatalidades en que se escurre la tradición idealista desde Kant —ese imperativo—, produciendo contradicciones.

No obstante eso es mucho para un entorno como el cubano, que carece de referentes suficientes, incluso postmodernos; y esta singularidad suya le permite incursiones atrevidas, más allá del idealismo, que permea incluso al realismo tomista. Como la fatalidad del determinismo político, esto aflora desde la defensa de Maritain con el neotomismo; porque se determina en las críticas del materialismo, que así lo determina en su misma y propia naturaleza idealista.

Esto se debe a que el problema es epistemológico, crítico en Marx, pero introducido por el formalismo pitagórico; como la primera determinación de ese formalismo ideológico, apoteósico en Descartes, pero organizado en Platón. Lorente mismo descubre que el problema es epistemológico, porque surge de esa reducción desde la cosmología; pero falta explicar el proceso en que eso ocurre, y que no es detectable en la contradicción política cubana.

Entre los hallazgos interesantes de Lorente, está el concepto casi imperceptible de falsa ontología, por ejemplo; que el Realismo Trascendental resuelve en el determinismo político, con su desplazamiento del original en la religión. La clave estaría en la función axial de la morfodinámica, ejercida por la praxis religiosa como política; que resulta apropiada por ese alcance político, cuando cobra consistencia suficiente para independizarse.

Eso es algo que requiere también explicación pormenorizada, como por qué esa ontología que provee es falsa; algo que no queda claro en su postulación, aunque algún privilegiado —Realismo Trascendental— pueda entenderlo. El problema trasciende de ese modo a lo nacional, como propio de Occidente, algo que Lorente reconoce siempre; pero que como su interés es político antes que antropológico, lo dirige al problema concreto de lo nacional.

Eso no significa que ignore la antropología, si de hecho reconoce la misma naturaleza ontológica del problema; pero sí que este no es su objeto, inmerso entonces en esa turbulencia post-postmoderna de la fricción política. Quizás el problema —epistemológico al fin— resida en el entorno que lo interpela, con ese lenguaje del idealismo; al que él tendría que sobreponerse, como a la nacional en lo humano, y en esto como trascendental, en su inmanencia.

No obstante, es —como se dijo— muchísimo para un entorno como el cubano, dado a la esterilidad del exhibicionismo; y su incursión lateral en un realismo no tomista —escandalosa para un católico—, es al menos esperanzadora. Será este sin dudas un caso interesante en su evolución posterior, que rescate a la filosofía cubana del sopor ético; al que la condena el matiz varelista, como a la nación su perversión martiana, y a todos el exhibicionismo.

  ©Template by Dicas Blogger.

TOPO