En general, se tiene al fisiologismo griego como racionalización de la
cultura, dando lugar al pensamiento científico; pero esa evolución es demasiado
directa para ser real, incluso si efectivamente diera lugar a la tradición
científica. Como principio, el fisiologismo puede haber sido justo una primera
intuición sobre la función axial de la religión; que en tanto reflexiva,
codifica las determinaciones sociales, con su disociación de las de la
realidad, como morfodinámicas.
Eso originaría la cultura en la realidad misma, con lo humano como una
agencia suya para resolverse a sí misma; esta vez con la disociación de esas
determinaciones originales de la naturaleza en la física, como termodinámicas.
El fisiologismo se habría tratado entonces de esa misma disociación, pero ahora
de la función religiosa; que dada en su reflexividad, se resolvería ya sin esa
codificación en la representación simbólica del mito.
En ese sentido, el fisiologismo habría sido la búsqueda y establecimiento
de los primeros principios, en el Arjé; desde el Ápeiron de Anaximandro
a la tensión ontológica de Heráclito y Parménides, como de la morfodinámica. El
problema habría estado con la contracción de este desarrollo, en el espiritualismo
que trae Pitágoras de Oriente; separando a lo real entre su determinación y su
resolución formal, con el matematicismo, entre otras prácticas.
Eso escindiría la comprensión de lo real, excluyendo el atomismo de
Demócrito del condicionamiento morfodinámico; de modo que evoluciona al
Materialismo, en la contradicción directa —y artificial— de ese formalismo
espiritual. Desde ahí, Aristóteles estabilizaría la contradicción, con el hilemorfismo
como necesidad propia de la substancia; que no obstante, se da en la
contradicción platónica, de ascendencia parmenídeo-pitagórica, y en ello
formalista; como más tarde Hegel pretendiera el absoluto, pero desde el
formalismo del Espíritu y no la estructura misma de lo real.

Bajo esa lógica, el fisiologismo no se habría planteado un conocimiento
científico, de sentido experimental moderno; sino la identificación de las
fuerzas que sostienen la estructura formal sobre el caos primordial, como naturaleza.
Si se observa bien, el Ápeiron es un principio de la física pero no
físico, explicando por qué se le busca en la observación; como la deducción
especulativa que caracteriza al fisiologismo temprano, hasta permitir la
apoteosis pitagórica; cuyo matematicismo es de hecho consecuente con esta
búsqueda, aunque termine distorsionándola en el formalismo.
Todavía puede verse, por ejemplo, que la identificación del Arjé en
el fuego por Heráclito, coincide con la religiosa; como en el caso de las
abstracciones absolutas del mito bantú (Kalunga), por su valor
simbólico, como forma. La propuesta del Ápeiron por Anaximandro no sería
una ingenuidad cosmológica, sino una ley de organización; y la tensión entre
Heráclito y Parménides resumiría el problema de la morfodinámica, hacia su
culminación.
Como culminación del período, Heráclito plantea la
dinámica del flujo y la transformación constante, en el motor; mientras Parménides
plantea la necesidad de una fijeza formal, para que la estructura sea consistente
y orgánica. Al introducir el matematicismo, Pitágoras opera una secesión de la
forma, que se desprende de la determinación material; convirtiendo a la
estructura en algo espiritual o incorpóreo, que rompe la mecánica original de
forma y materia.
Esta separación sería la que permite la bifurcación del
pensamiento dialéctico, que dirige a Occidente al formalismo; desconociendo ya
a la morfodinámica como su objeto original, relegado al espíritu como
determinación. Esto es importante, pues el espíritu ya subordina al espectro
natural como propio de lo real, en el antropocentrismo; con el atomismo
desarrollándose de forma paralela y diacrónica, como el residuo de esa realidad
fracturada.
Esto sugiere que la ciencia no es la culminación lógica de la racionalidad
griega, sino esa disociación en un idealismo; que pierde la perspectiva de la
integralidad de los procesos físicos, separando un espíritu de la materia. El
error, que estaría en Pitágoras, sería esa descontextualización del misticismo
oriental, en el espiritualismo; pues en su contexto propio, los desarrollos que
fascinaron a Pitágoras eran parte de la operación axial de la cultura.