Wednesday, March 25, 2026

De la manipulación étnica como política

El problema con el determinismo político, es que distorsiona la función ontológica de la cultura, que es existencial; en la provisión de sus determinaciones como ideológicas, que así dejan de ser existenciales, como propiamente políticas. De ahí el trascendentalismo histórico, en esa suerte de romanticismo político, proveniente de la tradición idealista; apelando a un comunitarismo arcádico en las sociedades primitivas, que obvia el motivo de la función económica.

Sin embargo, la realidad es puntual e inmediata, con una trascendencia propia de su misma condición inmanente; que es incluso por lo que se reduce a histórica desde el Materialismo Dialectico, sin que aun así pueda evitar el maniqueísmo. Ese es el problema de la reivindicación racial en el trascendentalismo histórico, que es político en vez de existencial; apelando a una trascendencia de la cultura original, que es imposible tras el trauma de su redeterminaciones económicas; que en el caso específicamente africano, incluyen un alto componente político, en la reestructuración de la sociedad.

El problema mas grave aquí, seria ese romanticismo político, respondiendo a la ficción también política de la ideología; como una tensión artificial y no orgánica, en la crisis del absolutismo europeo, que diera lugar a la revolución moderna. No es por gusto entonces la centralidad de la contradicción francesa, reptando incluso a través de la ideología alemana; para redeterminar la estructura cultural desde la epistemología de su tradición idealista, con la dialéctica como canon.

Ya eso es disfuncional, en su misma naturaleza epistemológica, reduciendo la realidad a sus tensiones dicotómicas; postulada así como su misma determinación política, cuando la política es solo la expresión en que se realiza; no su determinación, que en tanto ontológica es estructural, y proviene entonces de la cultura, no de la sociedad. En eso consiste la distorsión, que subordina al individuo en el imperativo kantiano, ordenando esa tradición idealista; en una redeterminación que reduce lo cosmológico a ideológico, y con ello a la función existencial como política.

De ahi que todo esto se resuelva como una cuestión moral, y en ello neoconservadora, desplazando las funciones; que como ya se habrá visto, pasan de ser existenciales a políticas, subordinando al individuo en el trascendentalismo. A su vez, proviene de la reversión cartesiana, con su secularización del problema religioso, como moral en vez de cosmológico; no expresamente pero ya en la base epistemológica, sobre la que posteriormente postula Kant sus imperativos.

Todo esto explica la naturaleza puramente occidental, racialmente definida como blanca, del conflicto contemporáneo; que no es meramente político, sino que se expresa como tal, pero ontológicamente determinado en la cultura. De ahí la falsedad de esos arcaísmos reivindicacionistas, que manipulan las tensiones raciales como políticas; cuando su determinación es racialmente definida por su europeidad, aunque se postulen como universales.

De hecho, esa pretensión de universalidad proviene del humanismo cristiano, que es también europeo y academicista; en la misma base del ilustracionismo moderno, culminando esta distorsión de la cultura en general, con la de la europea. No obstante, todo eso —incluso si artificial en su intelectualismo—fue posible porque era creíble en su circunstancia; y eso sería lo que ha cambiado en al menos trescientos años desde esa apoteosis, con la crisis postmoderna de la cultura.

El problema sin embargo es de blancos, entre blancos y para los blancos, que solo manipulan la tensión racial; sacando beneficios aun luego de abolida la esclavitud, con el mismo desplazamiento de la función política; que pasa de económica, con el auge industrial, a propiamente política, en la expresión con que se realiza la sociedad. No por gusto, la manipulación atraviesa las elites intelectualmente especializadas, asumiendo la representación delo popular; que es posible solo en la convención del trascendentalismo histórico, careciendo de consistencia existencial.


Friday, March 20, 2026

Ikines y Chamalongos

En Osha, las historias o patakíes no son para tomar partido por uno u otro orisha, que de echo no lo necesita; sino sólo para explicar dinámicas en que se realiza la realidad, que es siempre puntual, y a eso remiten su significado. Eso lo sabe cualquier santero, que no acude a consulta para saber si tiene razón, sino cómo resolver un problema; y que por eso no toma partido —¡Dios lo libre!— en la historia que le cuentan, sino que sólo trata de entenderla.

Eso sin embargo lo desconoce el folclorista, que va dando lecciones de la sabiduría popular, con la suya libresca; y que curiosamente es blanco o educado por blancos, en esa naturaleza informada y no experiencial de su conocimiento. En esto sobresale el cuidado folklore cubano, institucionalizado en su representación del pueblo, pero por intelectuales; que así dictan al pueblo qué es lo popular, para que pueda mantener su identidad, cuidada en el folklore.

Curioso que, tratándose de una élite intelectual, esta es también blanca o formada por blancos en esa intelectualidad; de modo que siempre se trata también de una representación, no de una participación directa de esa clase popular. Además, como en eso sobresale el folklore cubano, también sobresale su insistencia en doblar la historia origina; que ahora tiene un sentido revolucionario, impuesto por ese elitismo blanco, incluso si blackfaced en su representación.

Eso se refiere al tratamiento revolucionario de los patakíes, en que indefectiblemente Shangó es vencido por Oggún; que resalta no porque en los originales sea siempre a la inversa, sino porque a veces sí y a veces no, como la vida. La peculiaridad estribaría en ese simbolismo atributivo, que hace a los orishas representaciones ideológicas; no proyecciones formales sobre las dinámicas en que se realiza lo real, sino ideas en función moral sobre eso real; como unas determinaciones así políticas, y en esto superpuestas a la función ontológica original, como culturales.

Ningún santero en su sano juicio se atrevería a semejante sacrilegio, que no es contra un dogma sino algo peor; porque es la soberbia que niega la determinación propia de lo real, como morfodinámica, con la humana. Bien visto, eso es hasta un patakí, en que Shangó pierde el poder jugando con el rayo, que da el fuego y con este la vida; encaminándose a la muerte por suicidio —de su propia mano—, por esa soberbia prometeica de cara pálida.

El problema es que el cuidado del folklore —en general y no sólo el cubano— es ilustrado e intelectualista, histórico; busca la identidad, pero no como órgano de realización existencial, sino legitimidad en la trascendencia histórica. Por eso, su comprensión de lo real es dialéctica, desconociendo que la voluntad de Shangó se cumple en Oggún; no paradójica sino trialécticamente, en la tensión en que lo real se realiza como Acto, actualizando su Potencia. Igual, por ejemplo, la naturaleza de Oggún la cumple la voluntad de Shangó, como el reverso de la misma forma; que es lo que revelan ikines y chamalongos, según la cara que muestren cuando saltan, recitando el patakí.

Este es entonces el problema de la politización de lo religioso, en ese recurso ya manudo por político de la identidad; que pierde sentido en su imposibilidad misma, porque toda continuidad posible ha sido rota en sus redeterminaciones. De cierto, las religiones afroatlánticas son de ascendencia africana, pero ya no africanas en esa africanidad atlántica; porque esa extensión del océano traicionero y misterioso a jugado su redeterminación, de lo económico a lo político.

El secreto de Osa —y el Voudu, y el Myal, y el Obea, y el Candomble— sigue así intacto, como el canto que lo expresa; porque se ha perdido en la traducción, que reduce a formalismo simbólico lo que es dinámica de la energía vital. En eso reside la morfodinámica, que no por gusto ocurre como desubstancialización de lo físico en su naturaleza; para resolverse desde esa axialidad de la cultura como cultura, con sentido político pero propio, en su expresión. Por supuesto, habrá que agradecer a esos blancos y blackfaced el archivismo, con el que preservaron formas huecas; porque eso las resubstancia, en una nueva comprensión de lo real, que restaure las funciones básicas de lo real.

Wednesday, January 21, 2026

Yadira Alvarez Betancourt, al oeste del sol y otros cuentos

Las historias de Yadira Álvarez Betancourt se mueven en el ámbito de la ciencia ficción, pero sin limitarse a las cuestiones del desarrollo tecnológico; antes bien se interesan en temas recurrentes de la fantasía heroica, a través de los cuales se observa la más inmediata realidad. En este libro se encuentran sintetizadas todas las texturas de esa tradición de la literatura fantástica, pero con más madurez incluso; ya que se trata siempre de una representación de la realidad y no de su figuración gratuita, llegando al planteamiento de verdaderos dramas existenciales. En ese sentido, estos cuentos de Yadira son sin dudas una superación de la madurez que ya significó un ícono como Daína Chaviano en la ciencia ficción cubana; recogiendo el guante de la imaginería crítica con que Ray Bradbury se enfrentó a la decadencia de Occidente, sin caer en la alegría recurrente de Tolkien.   

Estos dramas que plantea Yadira son duros y recuerdan en ello los valores reflexivos —no discursivos— de la literatura; que justo por su desgaste ceden ante nuevos soportes como las ciencias, sin haber explotado todo su potencial en la comprensión del universo. Quizás por su formación al margen de los círculos habituales, lo cierto es que Betancourt nos ofrece un aire extrañamente nuevo; como si de pronto volviéramos a estar ante aquellos esplendores, que comenzaron a extinguirse con la segunda mitad del siglo XX pero que aquí nos gritan su pertinencia.

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