Friday, May 17, 2013

Mariconá con el cocodrilo, caballero!



Con ese gesto cansado que se adivina en los herederos de cualquier genio inefable, Prat Sariol publicó recientemente un artículo en que se quejaba del último movimiento poético, los Indisiduadibles. Por supuesto, ese fue sólo uno entre los múltiples detalles del heredero del de Trocadero, que como buen heredero no hace sino derrochar la fortuna filial; Sariol se queja, y no sin razón, del campo de verdolaga en que se ha convertido la cultura nacional, sin especificar que se trata específicamente de la del exilio. Igual se entiende que se refiere a la cultura exilial, que es la única con posibilidades de propagarse así de libérrimamente; pero lo que extraña de la fatiga del divino Prats es esa fatiga misma, que no tiene en cuenta que publica su diatriba precisamente en un sitio como los que critica; peor aún, que lo que escribe pareciera estar gritándoselo al espejo, que así de tan exacto le sirve el sayo que borda para otros.

Lo dicho, no es que le falte razón sino sentido, en tanto él mismo es otra cuenta en ese mismo collar; que se convierte así en un universo cerrado ya al postularse como alternativo, es decir, lo mismo pero sin permiso. Lo que presumiblemente no ve el atribulado Sariol es que el problema estaría en la precariedad de la pretensión misma; no son los blogs sino la incapacidad para articularse en una función efectiva más allá de la pose mezquina y —of course!— mediocre. No es que la poesía sea mala, no suele serlo sino intrascendente, irrelevante; como ser editor ha empezado por no serlo sino que consiste en una mediación con impresores y sin criterio ni proyección ni estrategia que busque la venta efectiva más allá del ego. Que todos quieren tener una revista, pues empezando por esa en la que publica él y que muestra las costuras desde su misma procedencia; nada del otro mundo, el burro siempre se ha reído de las orejas del conejo y es sabida la acongojada reacción del sapo ante la suerte de su amigo el cocodrilo.

Thursday, May 16, 2013

Contra los ídolos de Mahoma


Muslim fraternity from the University of Texas
Una de las graves contradicciones en la arena internacional hoy día es la confrontación entre Oriente y Occidente; en la que no hay dudas de que Occidente lleva la razón y está en el lugar del ofendido, pero sin que eso sirva para algo. A los musulmanes se les ha echado en cara que se dejaran secuestrar la religión por sus facciones más radicales y retrógradas, contrario a la evolución constante de Occidente; lo que también es cierto, pero porque ha sido la reestructuración política de la sociedad la que terminó por subordinar lo que era su superestructura religiosa a un valor subordinado y no determinante. El mundo árabe llegó a esa misma encrucijada con la confrontación entre los califatos de Córdoba y Bagdad, donde la ilustración corría por cuenta del primero; pero cuando el mundo árabe no contó con un florecimiento del capitalismo, que fue lo que sobrepuso a las repúblicas con un estado suficiente a su determinación religiosa. Es entonces de esa separación primera en que nace el estado laico de sonde surge la fuerza y los medios en general para subordinar los extremismos religiosos; y eso no lo tuvieron los árabes, justo por culpa del capitalismo occidental, al que le convenía esa subordinación política de los árabes a un tribalismo cohesionado en el trascendentalismo religioso; y esto tanto por el suprematismo moral respecto al liberalismo de Occidente y que incluye el desdén por su cultura libresca, como por los lazos de fidelidad confesional.

No obstante, habrá que recordar que hasta el ilustracionismo occidental está en deuda con el liberalismo que emanó una vez del mundo árabe; y que mientras el oscurantismo moral de Occidente se aferraba al platonismo agustinita de la teología católica, los árabes avanzaban a la Casuística [moral] desde Aristóteles gracias al patronazgo de Córdoba. Es de suponer que de nada vale quejarse del extremismo árabe, y que sin dudas debe ser más productivo comprenderlo; porque es a partir de esta comprensión que se les puede devolver mucho de lo que les es debido, y con el reconocimiento construir la paz entre los mundos. No se trata del imposible moral de poner la otra mejilla, sino de buscar entre los musulmanes y encontrar en ellos las corrientes liberales que de seguro existen; creer que no hay entre los musulmanes corrientes liberales y que todos son extremistas es una de las formas del extremismo occidental que nos hacen odiosos a los ojos de los otros, alimentando nuestra propia bestia al apelar a lo peor en ellos desde lo peor de nosotros. 

Sólo la soberbia cristiana pudo concebir esos hermosos cantos de caballeros que atacaban a los ídolos imosibles de Mahoma; tanta grandeza moral es a nuestros días como las armas de destrucción masiva de Sadan Hussein, una ficción perversa que se vuelve contra nosotros mismos. Sí existen —es absurdo que no existan— corrientes liberales entre los musulmanes, y necesitan y merecen nuestro apoyo; mejor aún, nosotros somos quienes necesitamos de ese apoyo de ellos, así que en verdad es a nosotros mismos a quienes ayudamos ayudándolos a ellos.

Sunday, April 28, 2013

El cierre de Universal [work in process]

Wednesday, April 24, 2013

La paradoja Maturana II



La fatalidad de Atlas se alivia cuando Perseo compasivo lo petrifica con la mirada espantosa de la Gorgona, permitiéndole el descanso sin contrariar a Zeus; algo de eso hay en el espantoso final de los filósofos, que incluso se petrifican en sus ciclos de Sísifo, pareciera que condenados por su titanismo incomprensivo; porque como Atlas desconocen la cualidad inexorable del gobierno olímpico, restringidos a lo físico por la referencia materna [Gea] al tiempo [Cronos]. Sin embargo, Cronos mismo, el tiempo, puede venir a deshacer el mandato zéuco desboronillando la estatua de Atlas bajo el peso de Gea; como una comprensión siquiera tardía de ese poder olímpico, con una humildad que agita con ansia la rama de olivo ante el tonante Jove. Es que la diferencia que enlaza al padre y al hijo como un insólito espíritu es o sería esa irrupción de lo biológico como redeterminación de lo físico; esto sería también lo que singularice tanto a Maturana hasta hacerlo rebrillar en un valor paradójico, que no desconoce lo retorcido —son las cosas de Dios— sino que como que lo ensalzan.

La originalidad de Maturana estribaría en que corrige el defecto recurrente de las prácticas tradicionales de conocimiento sistemático, al incluir la diferencia cualitativa en la comprensión de los objetos; una necesidad evidenciada ero no satisfecha por estas mismas prácticas tradicionales, al recurrir de modo genérico a lo físico como contraposición de lo trascendente en lo inmanente. De esa recurrencia, por ejemplo, que la ontología y el trascendentalismo tradicionales sean metafísicos y no metalógicos; una condición imprescindible esta, en tanto la comprensión debe exceder por principio a lo humano en sí, para abarcar también a su entorno con un valor propio y no referencial. 

La corrección de esta deficiencia cognitiva tradicional habría sido propuesta por la revolución estética del Surrealismo, con la hipermetafísica [patafísica] de Harry; pero aún ahí pervive la limitación referencial de lo físico, aunque ya se plantea la necesidad de trascender lo lógico [natural] para una comprensión de lo trascendente como sobrepuesto a lo natural. La dificultad estaría en que el valor cognitivo de la patafísica es negativo —como corresponde a la estética— y no positivo, como exige la naturaleza misma del sujeto cognoscente; teniendo que recurrir siempre a la doble representación del objeto trascendente con una elipsis acerca de lo físico, dado que su propio valor es extrapositivo. Es ahí donde el aporte de Maturana se hace relevante, en tanto propone en lo biológico esa suficiencia referencial más adecuada que la de lo meramente físico; algo que consiste en otorgar relevancia en términos cognitivos a la fisiología, pero más allá del pragmatismo de las funciones orgánicas; en tanto lo físico sería una condición necesaria pero no determinante en la singularidad de esa relación del sujeto [cognoscente] con lo real como su objeto, mientras lo biológico sí tendría esta propiedad de su determinación.

Tratar esta recurrencia referencial de lo meramente físico como defecto de las prácticas tradicionales de conocimiento sistemático puede ser excesivo; habría que empezar por reconocer que esas tradiciones desconocieron inevitablemente lo biológico como inicio, marcados por la evidencia mayor de lo físico, a lo que subordinaron el resto. No será por gusto que la primera propuesta de lenguaje científico sea fisiologista pero en el sentido de materia y no de biología, y gracias a ella se desarrolló la pica en Flandes del atomismo; pero el estadio mismo de la tecnología habría impedido la comprensión de la célula —su existencia misma— y por ende los complejos vivos, como demuestra la precariedad de los principios médicos restringidos a la ética. Sólo la apoteosis misma de la Modernidad que se eleva al mecanicismo postmoderno produce los instrumentos capaces de tal reflectación; un indicio más del carácter transitivo de la Modernidad —con su coda en lo postmoderno— que la iguala en su luminiscencia al oscuro medioevo.

Tuesday, April 23, 2013

El día de San Jorge y el Libro



A pesar de ser parte de esa mala costumbre de las fechas inútiles, el día internacional del libro tiene la virtud de celebrarse el día de San Jorge; haciendo coincidir a la extinta mitología católica —nadie que se precie de moderno cree hoy en los santos— con la modernista, y hasta fusionándolos con cierta gracia. No es que un culto sea más consistente que el otro, que todo culto tiene olor de manipulación en su amaneramiento litúrgico; es que como que el uno surge del otro a pesar de que no fuera ese el sentido del primero, sino su consecuencia más natural. San Jorge, luego del dramático apocalipsis y la misma muerte de Cristo, es un canon de la ética cristiana; con la salvedad de que ya no se basa en ese escándalo del Cristo que vence con su vencimiento, sino de una apoteosis en el más estricto sentido tradicional  desde los héroes griegos. De hecho, más que paralelismo habría adaptación del mito de Perseo en el de San Jorge, aunque esta adaptación sea metafórica; es decir, que el de Perseo no desmiente el del cristiano sino que lo confirma, como otra de esas recurrencias  con que el Cosmos nos asombra y nos explica el secretismo del Espíritu Santo como dialéctica natural de las cosas.

También después de todo, el Cristianismo es una suerte de narrativa en la que se reordena al mundo en una nueva lectura; lo es desde que sus libros no se continúan exactamente sino que el segundo interpreta y actualiza al primero, igual que este caso de San Jorge y Perseo. La prueba última —bien que de consistencia lógica y no material— de esto podría aportarla el gran Borges [Jorge Luis], cuando reconoce en el Aladino de las Mil y una noche árabes al Odiseo griego; justo con la diferencia en que el árabe carece de la densidad ontológica de su antecesor, y cuando entre ambos media precisamente el utilitarismo romano en que surgió la Historia como género literario. Antes de Roma, vale recordarlo, la literatura en sí era el género reflexivo, y su función no era informativa ni referencial; lo más racional que se conseguía era una enumeración exaltada en su poética, como el inventario de los barcos en la Ilíada homérica, o el Escudo y la Teogonía de Hesíodo —nada de lo cual era historia en sentido estricto.

Ya sería en Roma donde lo literario comienza esta transformación hacia lo racional-positivo, con ejemplos como las adulonas —y no menos bellas— Metamorfosis de Ovidio; pero como una apoteosis del lento escepticismo racional introducido por el fisiologismo en que los mismos griegos descreyeron de las facultades del antropomorfismo e inventaron la ciencia. Es así que la historia de Perseo cobraría un fin trascendente en términos humanos, al apropiarse de la ética cristiana en San Jorge; habría tenido el mismo sentido en la tradición previa, pero menos evidente y sin esa urgencia que lo hace un imperativo ético, no sujeto en su amenaza a la simple elección. Parece ser entonces el mismo espíritu del Ilustracionismo moderno el que hizo coincidir las fechas de la celebración, enlazando al cristiano con el objeto de culto del ateísmo post-moderno; que no carece ciertamente de dioses sino que los hace a estos más banales y prescindibles en ese patetismo de sus mártires, sacrificados al nuevo Moloch de lo libresco.

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