Monday, September 26, 2016

Lo cubano en la anti poesía

Los talleres literarios son uno de esos vicios con que la revolución cubana torció para siempre la cultura nacional; ya desde la pretensión de que el arte se puede estimular directamente y que eso tenga un sentido efectivo. Primero, partiría del contenidismo, que reduce el arte a su discurso, como si alguien pudiera enseñarle nada a nadie; que es como se corrompió la voluntad del artista, alimentándole la vanidad. Desde ahí ya el arte perdería paulatinamente la excepcionalidad, para sumir sus objetos en un estándar de armonía tan objetiva como ineficiente; porque al alejarse del extremo individualismo de la experiencia, perdió también el carácter único de la perspectiva que aportaba.

Además de eso, ahora ya se han distorsionado las relaciones con el objeto de arte, que no se consume sino que se analiza; haciendo de la mera exposición un debate absurdo, en el que se vuelve a violar la sagrada individualidad del artista. No se trata de que todos sean igualmente maduros en su estética, sino que esa desigualdad tiene sentido; porque es esa extrema singularidad la que da sentido al arte en cuanto arte, por el valor único y original de su reflexividad. Así, cuando un poeta critica a otro poeta no es sólo soberbio sino también estúpido; porque está tratando de imponer a otra experiencia una determinación formal que es sólo suya, y con la que sólo conseguiría distorsionarlo, si algo.

Dijo Borges que no hay poeta tan bueno que no tenga el peor verso del mundo, ni poeta tan malo que no tenga el mejor; de lo que se trataría es de la irrelevancia de esa competencia, en la que sólo se mostraría la inconsistencia de la pretendida poesía. Sobre todo, teniendo en cuenta la necesidad de la tensión dramática en que se da el hecho reflexivo como arte; y por el que un gerundio ni quita ni pone como gerundio, sino sólo por su utilización concreta, y envolviendo así hasta su contexto. Pretender que los arcaísmos pueden ser excesivos es entonces tan banal y falso como la intención de sencillez; porque en ambos casos se trata de una predeterminación, tan ajena al acto mismo que sólo puede terminar en hacerlo prosaico.

Un heredero de Cintio Vitier hace la apología de quien sin dudas es una figura histórica de la literatura cubana; y en su exaltación cuenta cómo el inefable hizo el prólogo a un poemario no leído, que "de una manera tan vaga como mágica se apegaba a sus versos". La anécdota era para resaltar el humor del genio, y no percibió en ello su soberbia y deshonestidad; que esa manera tan vaga como mágica sólo era la ciencia concreta del descalabro de la cultura, disolviendo toda personalidad en un tecnicismo obtuso. Puede uno imaginar al inefable Cintio engolando la voz, para musitar la sentencia sublime de "la técnica es la técnica y sin técnica no hay técnica"; pues en definitiva la poesía no es hoy sino el ring donde los egos se maltratan el rostro unos a otros, bajo la égida del dios Savón.

De nada vale tomarla con Cintio, que es sólo un sacerdote del pasado, pero sí advertir contra su discipulado perverso; que repite hasta en el exilio aquellas intrigas con que provocara la animadversión entre Virgilio Piñera y Lezama Lima, con esa grosería con que forzó su catolicismo en Orígenes. Esa es la materia de la anti poesía, que disfrazada de canon no es sino la convención vulgar en que se burocratiza la inteligencia; atrapando al genio para que no rebase el imperio de las oligarquías, al que vulgar aspira el simple burgués exiliado.

¿No es la Vitier una heráldica fundada en el heroísmo pero corrompida en el incesto infinito que la afecta en sus genes?; sólo el pronto distanciamiento inteligente conseguiría mantener la tradición en los oficios distintos de la música, suerte que no corriera la Diego. Ese despropósito se puede comprender, en el culto del idealismo martiano que lo explica; y que no alcanza el valor de la sistematización lógica, porque nace en el arrebato romántico, pero igual lo determina todo. De ahí el voluntarismo, que alza a la poesía en hombros de su ego para su propia exaltación; y que por eso mismo no duda en tirarla al piso para liarse a las trompadas con otro que la pretenda, sin darse cuenta de que es sobre sus despojos que se pelea.

Wednesday, September 21, 2016

Next in line!

Como René Depestre en Un arcoíris para el occidente cristiano, Jesús Díaz revela en este fragmento el aporte singular de la inserción negra en occidente; que sigue siendo un aspecto incomprendido de la realidad, porque sobrepasa las reivindicaciones al uso. En efecto, en raza no se trata de la queja, que es justa y legítima; sino de la experiencia misma y su valor propio, que es siempre positivo, no importa el lodazal en que se alce. Este canto de Jesús Díaz es entonces un eco de aquel primer verso del libro de Ifá recogido por Rogelio Martínez Furé en su primera antología de la poesía africana; rezando que “esto fue profetizado al lirio de mar/ que se alarga hasta el fango/ origen de la creación”.

Sunday, September 18, 2016

Exponenciación simplificada para blancos cubanos

Los poetas se suicidan
Como si fueran a un baile en esa noche triste
En que la novia se devela por fin
Cumpliendo esa promesa de cuando niños.
No importa por qué, todos lo hacen igual, con
Esa melancolía en que se reconoce
La zozobra en que han vivido
Desde que besaron los labios fríos de la muerte
Allá lejos, hace tanto, tan adentro que
Era como un espejo, pero era su propio pecho;
Y ella allí, tranquila y queda, dentro de ellos
Esperando ese momento en quitarse el velo
Y revelarse espléndida y abierta.

Este es Juan Carlos Flores, al que no conocí personalmente, y eso es un poema que escribí cuando supe de su muerte; igual que escribí uno a la muerte de Heriberto Hernández, que fue el más odioso y prepotente de los blancos que he conocido; porque como negro, he aprendido que la plenitud se da en la individualidad, y la muerte es uno de los hechos que más deben conmover al individuo. Nada de eso tiene que saberlo nadie, ni yo tendría que haberlo escrito aquí de no ser por esa arrogancia de a una raza que no ha desarrollado suficiencia y voluntad; y que por eso, no más un negro habla como tal, en su propia individualidad, cae en catarsis y pierde la cabeza, sin recursos para mantener su entereza.

Como evidentemente, esa debilidad intrínseca a su privilegio la afecta en su inteligencia, añadiré un par de explicaciones; como la naturaleza antropológica de la percepción de la realidad, que hace que la proyección racial tenga más que ver con la cultura que con la genética. No obstante, y por encima de eso, el desarrollo de un sujeto poético requiere licencias lógicas; que lo asombroso es que asombren a esos irritables —a menos que reaccione y actúe a la defensiva—, después de tanto discurso sobre la fe poética, que parece otro privilegio racial.

Debido a todo ello y por mi propia potestad individual, estableceré un test privado de inteligencia especial para blancos cubanos; estará asociado a la sensibilidad, y todo aquel que no lo pase quedará automáticamente eliminado de mi radar, no hay tanto tiempo para la estupidez. En cuanto a las simplificaciones martianas, sean creativos e imaginen dónde pueden ponérselas.

Saturday, September 17, 2016

Balada de los amigos de mi padre

A todos ellos, que saben quiénes son

Para no ser menos poeta que otros
Me regodearé en mí mismo, iré
Tan hondo que mis propios fantasmas
Se asustarán de lo oscuro, y seré yo quien vea.
Yo nací entre grandiosos tíos negros
Con sonrisas maravillosas
Como de bailadores de tap de Harlem,
Esos que ni se dan cuenta de la tristeza
De tan común que es.
Todos eran bellos, profundos y muy negros,
Recortaban sus siluetas contra la puerta
Y eran como dioses que descendían
A besarte, porque tú eras la ofrenda.
Nicolás tocaba la trompeta, Abraham escribía
Y Pedro era una gran promesa;
Mi padre los adoraba a todos, me presentaba
(¿dije que yo era la ofrenda?)
Y ellos me alzaban en sus hombros
Como si yo fuera un héroe y ellos la multitud
Que enardecida me recibía victorioso.
Tenía tías maravillosas también, que bordaban
Esa vida de los héroes a los que yo me parecía;
Nancy recordaba la flauta de Richard
Y Maité narraba historias con mi madre.
Pero esa era otra vida, y no era oscura
Como el patio en que discurría
Sin que yo la viera por entre las tendederas.
Ya no hay dioses, los templos descascarados
Dicen que son otros tiempos
En que se ultraja a los sacerdotes, y los dioses
Se repliegan asustados en mi edad.
De vez en cuando, como un eco lejano, Nicolás se ríe
Y es como si sacara la trompeta, pero
Nadie quiere saber de Pedro (la promesa)
y Abraham no escribe, sino susurra misterios
En los hombros de Olofi
Porque él es el héroe, yo soy un sacerdote viejo.

Wednesday, September 7, 2016

De la universalidad del arte

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Postular una universalidad del arte es violar la condición misma de su puntualidad, aún si su alcance es más o menos extenso; ya que incluso esa extensión se limitará a los bordes mismos del período en que ocurre, no importa si este se extiende a su vez por sus propias determinaciones. Es decir, es absurdo pensar que la Modernidad comienza en la Modernidad misma y no en su determinación; por eso, sus productos tienen un sentido rastreable hasta en el período minoico, que es prearcaico. Su pertinencia sin embargo es otra cosa, como esa disfuncionalidad que la abandona en las manos de su propia corrupción; es como velar un cadáver, aferrados a la existencia que ya no tiene, no importa su exquisitez ni los inciensos que le disimulan el olor.

Por supuesto, es fácil además de repetido decretar la muerte del arte, vista la inefable potestad de lo humano; pero es absurdo negarse a aceptar leyes y principios que son propios de la dialéctica; es decir, no ya signos que siempre enmascaran un discurso interesado, sino principios naturales como el carácter histórico de la cultura... y el arte en que se realiza. Aceptado eso, ha de aceptarse también que el arte moderno ha de estar sujeto a los límites de la Modernidad; no importa lo difusos que estos sean, porque en algún momento eso moderno ha de convertirse en un período pasado, incluso si clásico y valioso. Ha de aceptarse que también incluso en su extensión convencional desde el siglo XV, ya la Modernidad estaría cumpliendo sus cinco siglos; y no sólo eso, que ya es importante, sino que teniendo su apoteosis en los siglos XVII-XVIII, no hay manera de que no se aboque hoy a su decadencia... y la del arte en que se expresa. Eso explicaría sólo su corruptibilidad, ante una pérdida cada vez mayor de relevancia en el mercado; ya que la función que la valorizó estaría siendo suplida por fuentes alternas, que la harían obsoleta.

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En este sentido, ha de convenirse que nadie conoce una función propia del arte, aunque sea susceptible de algunas atribuciones; pero tratando de ser objetivos, es mejor retraerse a su misma capacidad reflexiva, que habría resuelto una comprensión de la trascendencia de la realidad. Eso es importante, pues el inmanentismo moderno habría negado con sus parámetros racional-positivos ese aspecto de la realidad; que al no ser comprendido, se vuelve facultativo y compulsivo en su irracionalidad, explicando esa apoteosis del Romanticismo justo como reacción al reductivismo racional-positivista. Sin embargo, ya el pensamiento científico no es inmanentista, y se recrea en inefabilidades como la indeterminación cuántica; las matemáticas y la física recreativas pueden abstraer a cualquier constructor, como la inmensidad del desierto antes abstraía antes a los poetas.

No sólo eso, tres siglos de graduaciones masivas en humanidades hacen de la producción de arte un hecho banal, repetitivo y kitsch; que redundando en la híper saturación de los mercados pierde excepcionalidad, que es la condición para desarrollar poder reflexivo en el alcance. De ahí la apelación a soportes artificiales, que alarguen la vida del enfermo más allá de la muerte clínica; pero que en esa misma artificialidad se corrompe en el tráfico de influencias y el egocentrismo, como una enfermera que no llega nunca a tiempo o el suero que no es suficiente; esa es la contradicción recurrente, que convierte en desaguadero de mezquindades lo más sublimes proyectos. Disminuir el pensamiento ajeno antes de comprenderlo es fácil, basta con reducirlo a un atajo de equívocos; pero igual el tiempo redimensionará las cosas, con ese poder de los dioses al burlarse de los hombres.

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Tuesday, September 6, 2016

Eróstrato en Miami

Sunday, September 4, 2016

Eróstrato, por ArtSpoken

En una apuesta al seguro, el teatro ArtSpoken reestrenó el unipersonal Eróstrato, del pinareño Ulises Cala; lo hizo con el costarricense John Chávez, el actor original de la primera puesta, y el sello irreconocible por lo funcional y dramático de Yoshvani Medina. Cala afirma que prescinde de acotaciones en sus libretos, pues escribe para directores inteligentes; a los que prefiere dejar libertad creativa, con lo que pareciera estarse dirigiendo directamente a Medina. El drama de Eróstrato es muy conocido en el mundo, tanto que hasta denomina un síndrome; dícese de aquel que hace actos terribles en busca de fama, llegando a definir un desequilibrio psicológico. Lo de actos terribles no es menos simbólico que el drama mismo, pues consistió en incendiar el templo de la diosa Artemisa; y es tan importante, que se le menciona en no pocas obras literarias, aunque siempre en este sentido convencional.

La originalidad de la obra de Calas estriba en el sesgo que le da, como un cuestionamiento de esa convencionalidad a que se ha reducido el drama; cobrando con ello una actualidad inusitada, que puede arrojar luces incluso sobre muchas de las contradicciones contemporáneas. Con un movimiento atrevido sin dudas, Calas se desinteresa de los motivos del propio Eróstrato para ocuparse del fenómeno mismo; en definitiva, esos motivos fueron sacados bajo tortura, y ya se sabe que en esos casos se confiesa justo lo que el verdugo quiere oír. Desinteresado incluso de esta duda, el autor se adentra en la humanidad misma del acto salvaje con que destruye una de las maravillas del mundo antiguo; y con ello consigue un reordenamiento ontológico, con el que explica esos recovecos en los que se pierde el Ser.

La obra tiene pues alcances filosóficos profundos, a la vez que se ancla en la realidad más inmediata; se adentra en las mentes del terror y muestra qué ocurre allí, y por qué los santos son los culpables del infierno. Lo mejor, sin embargo, es que lo hace con una riqueza de recursos que se explaya en una escena compleja; en la que rellena el esqueleto del personaje clásico con las dificultades miserables que arrojamos a la vida de los otros en nuestra vida cotidiana. No hay que equivocarse, la eficacia de Cala reside en su falta de discurso, tiene pulso suficiente para limitarse a exponer el drama; eso es lo que lo hace tan impactante, porque no se le puede negar, no importa si se rehúye el contacto visual con nuestras víctimas de cada día.

Yoshvani Medina sigue haciendo gala de esa funcionalidad que le permite explotar el espacio, no importa lo grande o pequeño que sea; Eróstrato, como todas sus obras, se adapta con facilidad al teatro de arena o al lunetario clásico con facilidad. Su huella inconfundible sigue siendo la utilería, que le hace ser tan funcional y flexible como dramático; esta vez consistente en un juego de pallets de madera, que nadie sabe lo que pueden hacer hasta el momento justo. Junto a eso, un entrenamiento que debe ser agotador y asfixiante para los actores, pero que resulta en una expresión corporal sumamente plástica; integrando a los actores con sus estructuras móviles —que en este caso son los pallets— para conseguir esos efectos tan dramáticos sin reducirse al cliché.

Hay que hablar de la caracterización de Chávez, que por momentos no consigue muy bien sus transiciones, pero tiene una actuación digna y limpia; tampoco es que sea fácil, el unipersonal de Cala superpone dos personajes que deben cederse el espacio mutuamente; a lo que se suman otros personajes incidentales, también representados por el actor, y que es donde a veces se debilita un poco. Ahí hay que tener en cuenta esa complejidad estructural de Cala, que le da dimensiones de autor wagneriano; exigiendo unas capacidades que incluso para el exhaustivo entrenamiento de Medina deben ser difíciles de satisfacer, como ese pecho de la que vaya a hacer Brunilda.

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Eróstrato va a competir al circuito off Broadway de Nueva York, donde ArtSpoken y Medina son bien conocidos; llevan consigo un rostro de Miami que la misma ciudad desconoce, en esa vitalidad de su propio circuito teatral. Ganen o no ganen premios en Nueva York, tanto Chávez como Medina y el mismo ArtSpoken —y Ulises Cala con ellos— llevan ya el premio de su experiencia misma; una experiencia que desmiente el mito de la crisis del teatro en Miami, que no es incierto pero que es inconsistente; porque se debe sólo a la desidia y el desdén de sus teatreros, que no consienten en mirar a la realidad y dejar de una vez por todas esos clásicos del teatro cubano; tan extemporáneos que sólo se explican en la futilidad, y no merecen ni el respingo ni el dinero de los pueblerinos.

Friday, September 2, 2016

Non-sense

Uno de los lugares más comunes de la crítica literaria contemporánea, es el de encontrar sentidos ocultos en las obras literarias; que no es que no los tenga, sino que precisamente su carácter de ocultos hace que sea difícil reconocerlos como tales. A saber, una obra tiene siempre varios sentidos, eso se llama polisemia y es propio de la realidad; pero esta polisemia, como un alcance propio de las cosas, rebasa siempre la intención misma del autor. Atribuir un sentido a una obra es entonces un acto arbitrario, que la distorsionaría en su sentido propio; que sería aquel atribuido expresamente a la misma por el autor, a menos que deje señales también obvias de ese otro sentido.

Las palmas en esto se las lleva la Alicia de Lewis Carroll, tanto en el país de las maravillas como en el del espejo; puede que por la misma circunstancia de Carroll, que era matemático, y habría escondido signos en su obra. En realidad, más que en los libros de Alicia, el non-sense estaría en que Carroll escondiera en ellos lo que exponía en los tratados que escribió; lo que no niega que las historias de Alicia tengan ese alcance, si su autor es de hecho ese científico, pero sí que él los haya ocultado allí. Siguiendo ese mismo ejemplo, siendo Carroll un matemático escritor de libros, lo más seguro es que refleje en estos su trabajo; sin que eso implique que tengan otro significado que su presencia misma, sin que ni siquiera importe si esta es objetiva o casual.

No hay dudas que este secretismo es parte de la naturaleza snob que hoy corrompe a la literatura; con picos escandalosos en la pretensión de estirar la banalidad del surrealismo a nivel de densidad intelectual. De hecho, el surrealismo sería una especie de non-sense, sólo que francés y no inglés; que por lo tanto carece del dejo gentil de la lascivia de Carroll sobre Alice, para alimentarse con el amaneramiento de una falsa despreocupación formal. Extraer sentidos ocultos de ese infantilismo cínico sería lo verdaderamente infantil, demostrando que lo naif está en el mercado y no en el estilo; que es el sin sentido —más que non-sense— en que se pierde en Occidente el arte, por causa del snobismo.

Ojo de nuevo con los alcances y el carácter polisémico de la realidad, presente incluso de los fenómenos intelectuales; porque estos forman parte de ella misma, siquiera a través de ese carácter artificial de su intelectualidad, que es real en sí mismo. Es por esta polisemia que la realidad es comprensible en su representación, más allá de las pretensiones mismas de esa representación; pero no porque sea un sentido oculto, que aluda en ello a alguna trascendencia poética, sino porque los valores que presenta son propios de la realidad que describe; no importa si se trata de una ficción, porque esa ficción es una representación, que en ello reproduce esos valores de la realidad.

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