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Tuesday, July 15, 2025

Es Laviada de Cuba, no os asombréis de nada

El señor Ulysses Álvarez Laviada es a todas luces un caso típico de intelectual cubano, esa plaga todavía incomprensible; es decir, formado en la cortedad de las instituciones cubanas, se piensa suficiente para entender la realidad. Salido de la facultad de filosofía de la Universidad de la Habana, su formación se reduce obviamente al Marxismo; en el sentido de centro con que parametrizar todo otro conocimiento partiendo del mismo, sea a favor o en contra.

Es tan complejo que quizás lo sobrepase la sutileza, porque el Marxismo también puede —como aquí— ser negativo; en el sentido de que toda crítica está determinada por su objeto, de modo que participa de su misma apoteosis. Así, por ejemplo, el Cristianismo incorporó el Maniqueísmo, en la crítica de San Agustín, que era política; explicando esas paradojas que la cultura introduce en la historia, porque contrario a esta, ella sí es la realidad.

No es que eso no tenga valor, sino sólo que relativiza el alcance del criterio, como es siempre lógico y natural; pero no para esa especie singular que es el intelectual cubano, que exhibe su naturaleza como último argumento. Claro, debe recordarse aquí la otra sutileza, por la que como naturaleza el intelecto es un parámetro de mediocridad; en tanto sirve para establecer una media en la cultura, en ese afán de trascendencia que diluye al espíritu desde Hegel.

En este caso, también por ejemplo, la crítica al Marxismo no lleva a Laviada a superarlo en su obvia relatividad; sino a contraerse al Hegelianismo,  como si no hubiera sido este el que produjera al otro, en su interpretación; una derivación tan legítima en su argumento como cualquier otra, en tanto informada por el conocimiento. En esto sin embargo radicaría el problema de Laviada, dado que su crítica parece ser de todo menos informada; limitándose en más de un caso a alguna fuente secundaria, la mera lectura de índices o el apresuramiento crítico.

Obviamente, esta incapacidad de criterio es entendible como fundada en el prejuicio,  característico de su cultura; no importa si alega —como también es típico— antecedentes raciales, que no le evitan el respingo con que reduce genéricamente lo negro. Eso es comprensible, en tanto expresión natural del racismo subrepticio cubano, no virulento como el norteamericano pero más eficiente en ello; ya que desagua los argumentos con la burla procaz y reductiva, tenuemente justificada bajo la categoría de ficción paródica.

Ejemplo de esto, su intento de centrar una parodia política con un esfuerzo como la CogiNganga, reducida a Negrismo simbólico; y que nace de su evidente frustración, ante la densidad metafísica de Fundamentos del Realismo Trascendental. Aclárese que, aunque escrito con independencia, la CogiNganga es una suerte de suplemento al del Realismo Trascendental; pero tan denso como el otro, se presta más sin embargo a la reducción caricaturesca, que es la forma cubana de argumentar.

Téngase en cuenta que la CogiNganga es una sistematización, que concilia los conceptos del Cogito y la Nganga; que como opuestos complementarios, se relacionan efectivamente en la cultura popular, dada en la Mojiganga. Reducir todo eso al negro simbólico, como la acción que parodia políticamente Laviada, es por lo menos patético; tratando de reducirlo todo a su medida, como en el mito ilustrador de Procusto y su lecho, que es el signo de su ascendencia cultural.

Parece que radicado en Londres, Laviada resuda el afán de trascendencia en su subscripción al blog periodístico Medium; un espacio en el que los escritores sin suerte aspiran a consagrarse profesionalmente, sin el sambenito de la auto edición. Está claro que tendría futuro en Miami, donde la Generación del Mariel espejea al institucionalismo cubano; y donde podría encajar con esos afanes de trascendencia, en que trata de pasar su ego por la trascendencia de la patria. Esa es la característica principal con que unos reproducen a los otros, desde aquella frustración que los fundara a todos; y que al final los reúne a todos en esa inmanencia que rechazan, como esa envidiosa mezquindad que los lastra.

Sunday, November 21, 2021

Sobre Erótica en tres espejos

Leer
Es inmodesto, rayando el absurdo, pretender una reseña superior al objeto que reseña; pero no si ese objeto insiste en empequeñecerse tras la personalidad de su autor, sin trascenderlo. Ese es el caso de la novela Erótica, y esta reseña que la critica en tres espejos; perdida con la reducción de la primera, cuyos alcances en principio eran —o son— ontológicos, pero reducida a manual de auto ayuda. El valor de la novela, obviamente es independiente al de su autor, y por eso retiene su condición trascendente; que responde a una inmanencia propia como objeto, y no a la de ese autor al que pudo ayudar en esta trascendencia, pero que no.

El conflicto tras tanta contradicción es banal como todo accidente, y en este caso lo importante es su huella; esa reflexión sobre su trascendencia posible, incumplida pero todavía ahí, como el potencial no aprovechado. Es por eso que aquí se recupera esa reseña, con la esperanza incluso de que su propia actualidad rescate la de la novela; devolviéndonos al tiempo álgido que describe, antes de perderse en el salto a la nada que es toda pretensión.

Kindle
Erótica en tres espejos sigue siendo el elogio de una escritura rica, inocente de la pobreza de su autor; y más como reviviendo la beligerancia que como signo de reconciliación, muestra la grandeza de la literatura misma. Queda pues, como recuerdo de una generosidad devuelta con la misma decepción que media entre Virgilio Piñera y Lezama Lima; que al fin y al cabo, la diferencia de estaturas no lo es de alcances, porque este reside en el significado de aquellas y no en ellas mismas.

No es pues un acto de reconciliación, pues la cuerda entre los mundos es imaginaria incluso si real, y no resuelve sus diferencias; cada mundo tiene sus propias determinaciones y es un universo entero en sí, que sólo se debe a sí mismo. Es sólo un acto literario, pero nada menos que eso, con su propio alcance más allá de los implicados; en eso reside la serenidad del mundo como facultad de Dios, y es a esta a la que se hace reverencia con el recuerdo.

Kindle
Quizás, tan importante como esta sea la otra huella; la de esa otra literatura, que ahora flota en el espacio infinito de blogspot; es decir, las novelas virtuales, que como otro género giraron alrededor de esta. Es toda una literatura virtual, firmada por seudónimos fungiendo como heterónimos; inspirados incluso en esta novela, cuya disolución es así todavía más lamentable, por el desarrollo y futuro que impidió.

El devenir de Erótica no es distinto del de la literatura de la que participa, que es la del exilio cubano; una literatura que desconoce su propio valor, diluyéndose en el esfuerzo mezquino por la trascendencia individual. Es por eso que diluye su trascendencia, aún vigente en la posibilidad inhabilitada; porque desconoce su propio potencial, en tanto proyección de alcance reflexivo y en ello de conocimiento.

Eso es lo que se lamenta aquí, como describiendo los encajes del vestido de las bodas que no se celebraron; la novia pagó su precio, como toda naturaleza que se apresta; pero el novio —la voluntad— huyó despavorido ante el paisaje de esa vida por venir. Así dejó de ser experiencia, para reducirse a la vulgaridad del burlesque, diciendo que es todavía sexo; pero aunque no lo sea, sus referencias no dejan de ser la flecha que apunta al sol, siquiera en el remedo que recuerda lo que todavía puede ser.

 

Monday, September 13, 2010

¡Felicidades Armando Añel!

Reciprocar es bueno, es elegante y denota buen gusto, lo que es una garantía hacia el futuro; además, es también una ocasión de ser feliz, cuando uno puede devolver un regalo o equipararlo en la generosa espontaneidad. Por eso quiero felicitar a Armando Añel, el editor de Cuba Inglesa, el blog que siempre me abrió sus puertas; que hoy llega a la sublime edad de [censurado], y que deseamos que pase muy bien, en compañía de todos los que lo rodean, haciendo votos por la buena realización de sus anhelos y proyectos.


Wednesday, June 9, 2010

The Official Channel for Erótica

Tuesday, June 8, 2010

Erótica, la novela, y ya!

Friday, May 21, 2010

Erótica [anuncio]

Monday, May 3, 2010

¡Erotícima!

Monday, April 26, 2010

Cuba, la farsa electoral

Por Armando Añel

Según Ricardo Alarcón, presidente de la llamada “Asamblea Nacional del Poder Popular” cubana –órgano concebido para camuflar el ejercicio ilegítimo del poder por la oligarquía castrista, y que este domingo 25 de abril, a nivel de municipios, celebrara la farsa “electoral” que la justifica como institución—, la democracia real es sinónimo de utopía. Para el funcionario, en Cuba se ha elaborado una fórmula “más creadora, más autóctona” en comparación con las típicas fórmulas de participación ciudadana vigentes en Occidente.

“El sistema nuestro tiene una serie de virtudes, de ventajas. Su desafío es el de todo sistema político: la democracia es necesariamente representativa”, considera el ex ministro de Relaciones Exteriores. Alarcón entiende que sólo se puede enfrentar ese desafío desde una sociedad igualitaria, como supuestamente lo es la cubana, “en la que se establezca un nivel de control de los elegidos por los electores, un nivel de participación en el gobierno de aquellos que eligieron a sus representantes”.

Pero esa es, precisamente, una de las fallas originales del sistema seudo electoral implementado en Cuba a partir de 1976: los electores, e incluso aquellos elegidos que no pertenecen al primer anillo de poder, carecen de las prerrogativas necesarias para influir, controlar o rectificar las decisiones de la nomenclatura, sobre todo de los hermanos Castro.

Son incontables los errores de bulto cometidos por Fidel Castro y sus más cercanos colaboradores durante medio siglo de totalitarismo. Y de todas clases. Muchas de estas chapuzas podrían figurar, con destaque, en una antología del absurdo político. Sin embargo, los responsables directos de las mismas, que han costado decenas de miles de vidas y miles de millones de dólares, aquellos que dieron las órdenes, que concibieron el desastre, que implementaron el disparate, continúan cómodamente apoltronados en el sillón del poder. Ningún elegido, mucho menos elector, ha podido ni podrá, mientras el actual sistema persista, llevarlos ante la justicia o ejercer algún nivel de control sobre sus decisiones. Este domingo en Cuba no se votó por verdaderos representantes del pueblo, sino por futuros miembros de un “parlamento” circense que aprueba por unanimidad, invariablemente, todas y cada una de las directivas castristas.

En cualquier caso, ¿qué transparencia o legitimidad pueden tener unas “elecciones” en las que sólo participa un partido político, en las que quienes recuentan los votos son miembros y directivos de organismos oficialistas o afines al oficialismo, en las que a la disidencia se le impide hacer campaña abierta e incluso se le persigue y encarcela, en las que quienes osan apoyar en público a esa disidencia son marginados socialmente, en las que todas las herramientas de divulgación e información están únicamente en manos del único partido participante, en las que durante cincuenta años un mismo clan ha sido “elegido” regidor de los destinos nacionales?

Por otro lado, es simple refutar, recurriendo a ejemplos concretos, la afirmación de Alarcón de que el control de la ciudadanía sobre los gobernantes es una ficción en las democracias occidentales, particularmente en Estados Unidos. Basta con echarle un vistazo a la historia contemporánea de este último país. En 1974, tras desencadenarse el proceso de su destitución, Richard Nixon tuvo que renunciar a la presidencia a propósito de una investigación periodística. En 1998, Bill Clinton fue obligado a declarar ante la justicia luego de que emergieran detalles de su relación con la becaria Mónica Lewinsky. Imaginemos qué le hubiera sucedido en Cuba a la mujer que revelara las intimidades de Castro, o a los periodistas que osaran iniciar una investigación en su contra.

No hay democracia perfecta, ciertamente –tampoco lo es la estadounidense—, pero mucho menos representatividad real cuando quienes supuestamente votan a sus representantes carecen de los más elementales derechos. Si como dice Alarcón –Doctor en Filosofía y Letras— la democracia es necesariamente representativa, entonces en Cuba no hay democracia: no puede haberla cuando la sociedad no es capaz ya no sólo de controlar a sus gobernantes, sino siquiera de elegirlos.

Saturday, April 24, 2010

Erótica, el trailler

Tuesday, April 20, 2010

Una posición de fuerza


Por Armando Añel


Como casi todo el mundo sabe, la libre entrada y salida de la República de Cuba le está vedada a los ciudadanos cubanos: los ciudadanos cubanos necesitan un permiso expreso del gobierno de los hermanos Castro para entrar a y salir de su propio país. En el caso de los cubanos residentes en el exterior, deben obtener un permiso de entrada estampado en su pasaporte: esta especie de cuño los autoriza a permanecer treinta días en Cuba –prorrogables a otros treinta- y su tramitación puede demorar varios meses (el pasaporte cubano debe renovarse cada dos años). En el caso de los residentes en el interior de la Isla, necesitan un permiso de salida o “Carta Blanca” que habitualmente el castrismo niega a los profesionales, a los jóvenes en edad militar, a muchos disidentes y, en general, a quien se le ocurre.

Lo de la famosa Carta Blanca parece de otro mundo. Cuesta unos 150 dólares en moneda convertible, prácticamente el salario anual de un trabajador cubano promedio o, para establecer una analogía proporcional en Estados Unidos, más o menos lo que le costaría a un cubanoamericano un auto nuevo si estuviera dispuesto a pagarlo al contado. Por añadidura, dicho permiso sólo tiene vigencia por un mes, prorrogable durante otros once. Por cada mes adicional, el interesado debe abonar 150 dólares extras. Si al cabo de los once meses reglamentarios el ciudadano cubano no ha regresado a la Isla, las autoridades pueden confiscar sus pertenencias. Inclusive su propia vivienda. Inclusive los muebles y equipos electrodomésticos en uso en su propia vivienda.

Entre las reformas insinuadas por la dirigencia castrista durante los primeros tiempos del raulismo, o reclamadas por voces afines a la dirigencia castrista, figuraba precisamente la de restaurarle a la ciudadanía el derecho fundamental de circulación. Incluso el cantautor Silvio Rodríguez, cuya reciente polémica con Carlos Alberto Montaner levantara ronchas en el campo oficialista, miembro él mismo de la llamada “Asamblea Nacional del Poder Popular”, ha asegurado que “el permiso de salida y de entrada debería abolirse completamente. Es una cosa que se hizo con otro destino, por otras razones, y ha sobrevivido durante demasiados años en Cuba, y yo no creo que tenga razón de ser”.

Las razones de esa supervivencia son las tradicionales y la premisa fundamental, por supuesto, ha sido desconocer los derechos elementales de la ciudadanía. Históricamente, el castrismo se ha valido de estos permisos de entrada y salida para controlar y/o manipular a la población, como se ha valido de tantas otras disposiciones y violaciones. Dado que su destino está en manos del Estado totalitario –juez y parte en prácticamente todos los aspectos de la vida nacional-, el ciudadano cubano apela a su discreción y sometimiento a las autoridades para asegurarse la posibilidad de escapar del paraíso del proletariado (para asegurarse, en general, desde un empleo hasta un plato de comida). Adicionalmente, por concepto de recaudación, no es poca la moneda dura que estos trámites introducen en las arcas del gobierno.

De cualquier manera, a pesar de los lamentos de Rodríguez y de otros “reformistas” por el estilo, parece poco probable que el permiso de salida –tampoco el de entrada, y por razones similares— vaya a ser abolido por el régimen. Y no es que no pueda ser eliminada formalmente la figura de la Carta o Tarjeta Blanca: es que la última palabra en relación a la salida del país de un ciudadano cubano la seguirá teniendo, subrepticiamente o no, el castrismo. En ambos casos, a la entrada o a la salida, La Habana continuará fiscalizando el proceso. Ni entrarán los que a la policía política no le conviene que entren, ni saldrán los que la dirigencia no quiere que salgan. Tan sencillo como eso.

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