Nadie puede negar la importancia histórica
de la revolución haitiana, pero sí confundir su significado antropológico; que
en relación con el precedente de la francesa, marcaría el epitome de la
modernidad, con su modelo humanista e ilustrado. Así, esta revolución sería el
alcance último de la francesa, como resultado directo de la crisis que produce
aquella; y que sería de orden antropológico, no sólo histórico, siendo de este
que derive su propio carácter y alcance histórico.
En ese sentido, habría que entender la
naturaleza de la primera, y desde ahí tener una comprensión de la otra; y esta
incluye no sólo el derrumbe factual del orden monárquico, sino también las causas
que lo provocan. Eso es importante, porque cambia la naturaleza y función misma
del fenómeno original y su magnitud; al no deberse a una reacción popular por
el derroche de la aristocracia, como en la marcha de las pescaderas; sino a su
manipulación por la misma aristocracia, en su afán de romper el orden político,
en provecho propio.

De ahí que lo original de la revolución
francesa resida en la política populista, como recurso de una élite especial;
que centrada en la sublimación ética del humanismo, recurre a su propia hiper especialización
intelectual, como justificación trascendente. Esto no ocurre en el vacío, sino
producido por la división progresiva de la aristocracia francesa, específicamente
la normanda; en una crisis subrepticia, que viene de la que significara el
imperio angevino, como desarrollo alternativo para las coronas inglesa y
francesa.
Esto explica la confluencia de esa
aristocracia en el club de los jacobinos, radicado en el convento de San Jacobo;
implicando el ascendiente de la orden dominica en ese el humanismo moderno,
desde la Universidad de París. De ahí
que como crisis interna de la aristocracia, la revolución francesa tenga una
función conclusiva antes que inaugural; con su república como una emergencia de
la misma aristocracia como oligarquía, ahora en esta especialización intelectual.
Téngase en cuenta que lo ocurrido en la
modernidad es la sustitución de la aristocracia tradicional por la moderna; en
tanto aquella aportaba el ascendiente militar, como el capital que potenciaba
la estructura en su desarrollo; aportado ahora por la alta burguesía como financiera,
que deviene en aristocracia funcional, sustituyendo a la otra. Eso ni siquiera
ocurriría como contradicción, sino como desarrollo de la alta burguesía —específicamente
financiera— en su emergencia; que permite la transición de esta aristocracia en
élite intelectual, con la crisis provocada a su vez por la emergencia de esa
nueva aristocracia.
De ahí ese carácter conclusivo de esa
revolución, por la acumulación a nivel crítico de sus propias contradicciones; repercutiendo
en el debilitamiento de su estructura imperial, con la relación disfuncional de
sus clases y fuerza productiva. Esto sería lo que ocurre en Haití, como extensión
entonces de esa misma crisis estructural, que ya es propia de todo occidente; por
lo que a su vez tiene otros desarrollos, en la emergencia de la aristocracia
inglesa, dada la debilidad relativa de su monarquía.

Haití deviene así en el arquetipo cultural
del Nuevo Mundo, pero justo de la insuficiencia del humanismo moderno; que se
va a proyectar en el voluntarismo y todas las formas del idealismo político, sin
un ápice de pragmatismo o suficiencia económica. Esto incluso en países en que
la fundación corre por cuenta del colonialismo inglés, que responde a estas
mismas determinaciones; ralentizado por su base económica, pero igual dirigido
a la implosión estructural, basada en este humanismo, por la misma especialización
intelectual.