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Saturday, July 27, 2024

El Gabo Cárdenas o la esperanza del cancionero cubano

Los que crecimos en la sobriedad revolucionaria teníamos graves problemas con el sentido del espectáculo; nada podía sobrepasar el anquilosamiento escenográfico de los grandes concursos y su convencionalidad. No era extraño eso al horror a la individualidad pregonada por la revolución, condenándonos a la sobriedad; mientras todos perdíamos el pudor con lo que significaba la Fornés, aunque lo negáramos hipócritas y ambiguos.

Es esa misma hipocresía, obviamente institucional, la que nos encandiló con un sentido del producto; que es lo que es Cimafunk, cumpliendo las promesas de la tercera generación de la Nueva Trova, con sus negros fabulosos. Sólo que Cimafunk ya es de hecho demasiado elaborado en el snobismo, sobre producido para el exterior; dejando ese vacío de figuras internas, barridas por aquel culto a la sobriedad, que no contaba con la falta de divisas.

Ese vacío era imposible de llenar, porque era de figuras orgánicas, evolucionadas directamente desde el filín; no de la falta de divisas del país, apresurado a fabricar figuras según el gusto extranjero, sino salidas de la tierra. Eso es lo que es Juan Gabriel Cárdenas Urrutia, voz líder de Vitakará, con su estética que sintetiza el pasado; porque lo importante de esa organicidad suya es que se recupera aquella estética interrumpida de cultura zafia y refinada.

Si algo contradice a la cultura en Cuba, es la vulgaridad que se hace llamar hoy farándula y monopoliza su sentido; porque lo popular en Cuba no fue nunca vulgar sino refinadísimo, en una tradición que pudo alimentar al cine de oro en México. Cierto que nuestras vedettes podían destrozarle la cara a cualquiera, pero por lo general no tenían que hacerlo; bastaba la presencia imponente, y la veneración que provocaban en un pueblo que no era en modo alguno inculto.

Probablemente, lo mejor del Gabo Cárdenas sea esa disciplina con que es la voz de Vitakará y no un solo escénico; no porque eso sea malo, sino porque en estos momentos no hay forma de que sea auténtico, como se ve en su ligereza. Eso, la poca pretensión de una complejidad que parece simple pero porque oculta sus mecanismos; eso es lo que le da la mesura en el gesto, haciéndolo adecuado, aguantador de cámara pero no para la televisión.

De hecho, no hay dudas de que la mejor experiencia de Vitakará está en el concierto pequeño, de bar o restaurante; no la multitud de la que extraer apresurados dólares en un concierto gigantesco, ni el attrezzo televisivo. No porque no los soporte, y hasta que eventualmente los incorpore, modificándolos en su propia proyección; sino porque como aquella cultura de tríos y cuartetos entre telas y luces de ensueño del Cabaret, es una experiencia de cuerpo a cuerpo.

A cada movimiento del Gabo Cárdenas debe haber un respingo en el cielo, lo mismo de la Lupe que de Portillo; la multitud dispersa de las D’Aida deben aglomerarse asomando entre las nubes para verlo, empujando a la Mendoza; Pacho Alonso, Barbarito y el Bárbaro —perdonen las omisiones sacrílegas e inevitables—, todos deben estar exultantes. No es para menos, el Gabo Cárdenas viene a mostrar que hay recuperación, no sólo operaciones y estrategias de venta; que aunque legítimas —y que él hará bien en incorporar— carecen de esa frescura excelente suya en la cultura cubana.

Wednesday, April 17, 2024

De la serie Georgina Herrera II

Sobre la cuestión racial en Cuba, hay que recordar que no se la conoce directamente, sino a través de su gobierno; cuya proyección es necesariamente interesada, por su naturaleza ideológica desde su misma práctica política. Esto funciona así incluso internamente, con una población meticulosamente educada en función de un mito fundacional; que interpreta la historia —y organiza ese mito— como su propia justificación trascendente, desde la hermenéutica defectuosa del materialismo dialéctico[1].

El problema con esto es la reducción de los fenómenos en términos absolutos, como nada lo es en la realidad; lo que es grave, tratándose de conceptos porosos como el de racismo, en toda su variación de Cuba a Estados Unidos. En este sentido, la afirmación de Cuba como el país más racista del área antes de 1959, es tendenciosa[2]; obviando la excepcionalidad etnográfica estos países —en un Caribe genérico—, incluyendo el racismo mestizo en Haití y Jamaica.

Desde ahí, hay suficientes incongruencias en esa proyección gubernamental, como para dudar de estos parámetros; como la configuración racial de su clase dirigente, o la vigilancia de las las élites intelectuales extranjeras y la propia. Esto es especialmente importante respecto al problema racial, porque lo constriñe a esta proyección gubernamental; que siendo racialmente definida por esa abrumadora mayoría blanca de su dirigencia, repercute en esta inconsistencia suya.

Lo llamativo en este caso sería la voluntad que esas élites extranjeras, al asumir esa proyección como creíble; toda vez que nunca sobrepasa los límites marcados por el gobierno en su política cultural, como vigilancia de hecho policial. Esto puede ser comprensible en el caso afro norteamericano, por el beneficio del apoyo político de ese gobierno; que sin embargo, no excede el refugio territorial a sus combatientes extremos de la lucha por los derechos civiles; pero fuera de lo cual se reduce a una retórica sin frutos, propia de su mismo enfrentamiento con el gobierno norteamericano.

Esa solidaridad sin embargo, sí excede ese intercambio interesado y comprensible de los afro norteamericanos; y permea la política del Caribe negro, sin que siquiera pueda explicarse en un intercambio de ese tipo, más allá de la misma retórica. Así, la comprensión del problema racial cubano debe construirse desde la base, porque su tradición fue interrumpida; lo que de hecho le permitirá una mayor objetividad, a proyectarse incluso transnacionalmente, en una madurez del fenómeno; reconociendo el problema como cultural antes que político, en su proyección popular —no del décimo talentoso—.

Después de todo, lo que habría distorsionado esta comprensión del problema es este elitismo intelectual suyo; incluso como justificación de clase en ese elitismo, que es siempre de una clase media superior —como falsa burguesía[3]— y nunca popular. Esto por supuesto es una contradicción, como las muchas que pueblan todo desarrollo histórico, en su puntualidad; como un círculo vicioso, por su trascendentalismo histórico, que sólo se rompe en una circunstancia excepcional.

Este es el caso del arte —sobre todo la poesía— por la inconvencionalidad existencial de su reflexión de lo real; que le permite esa circunvalación de toda convencionalidad política o ideológica, en su existencialismo. Por supuesto también, eso sólo en tanto el arte no pierde su carácter popular, y rehúya esa convención especial de la ideología; que como falsa experiencia existencial, impone desde lo hermenéutico esa convencionalidad de lo político. Este es el valor del trascendentalismo en Georgina Herrera, reteniendo lo existencial en su subrepticia marginalidad; como el referente inmediato de su inmanencia, que así no hay que buscarla en la consistencia aparente de lo ideológico.

Esto permite a Georgina escándalos como la identidad con héroes dudosos como Nzinga Mbande, impensables en la ortodoxia teológica; o su compleja concepción de la maternidad, que incluye el desdén a la mujer estéril y la violencia de su propio poder. Corrigiendo entonces los excesos del materialismo histórico, la trascendencia es una condición de lo inmanente; con toda trascendencia como una experiencia existencial antes que política, como en este caso de Georgina Herrera.



[1] . Cf: Introducción a la trialéctica de lo real y la cuestión tricotómica, en Elenigma Morúa Delgado.

[2] . Se trata de una reducción clásica, contraponiendo al negro como popular a la burguesía blanca; partiendo del mimetismo de la alta y mediana burguesía, respecto al segregacionismo norteamericano; pero obviando los espacios marginales, en que negros y blancos trasegaban comportamientos, al punto del mestizaje general de la población. // Cf: Manuel Granados, Apuntes para unahistoria del negro en Cuba.

[3] . Se trata de la clase media superior como falsa burguesía, que es falsa en tanto no se establece como clase por su poder de producción sino de consumo. En este sentido, es especialmente chocante el desdén con que critican los trabajos manuales y de servicios a que se ve obligado el proletariado; cuando como identificación de clase —y desde la llamada moral socialista—, estos deberían ser los privilegiados, mostrando su inconsistencia.

Friday, April 1, 2022

Última historia de la infamia: El atroz manipulador Roberto Zurbano

Cuando se organicen los horrores de la revolución cubana, quizás se pase por alto al atroz manipulador Roberto Zurbano; cuya historia es ciertamente banal, pero no por ello menos expresiva de las inconsistencias políticas de esa cultura. De hecho, sería en esta puerilidad que la atroz manipulación del atroz manipulador sea tan exacta en su exposición; como es el gesto casual el que normalmente revela la verdadera personalidad de su gestor, que en este caso gira alrededor de la banalidad.

Dicen que Zurbano debe su carácter a un chantaje por una escondida sexualidad, lo que es probable pero no definitivo; aunque en un país de sexualidad tan desbordante como dogmatizada, no es extraña esa contradicción. Para el desastre de carácter basta, en todo caso, su leve rozamiento al monstruoso gobierno del que depende; y eso ocurrió en un oscuro año del 2016, en que Zurbano se atrevió al heroísmo de llamar al gobierno cubano como cosa de blancos.

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Sobre esa piedra, Zurbano pudo alzar la iglesia del caso negro cubano, aceptando el martirio de toda inauguración; pero se bajó de la cruz antes de tiempo, lo que es comprensible, pues todo el mundo no tiene materia de mártir. También es bueno que eso sucediera, porque la contradicción cubana depende demasiado de la guapería; que si bien pueril como toda pretensión humana, ha distorsionado en mucho la historia nacional. Pero igual es bueno quien no va a ser héroe uno no se postule como tal, de modo que no se exponga a esta desmoralización; que es más grave que la de cualquier sexualidad, porque compromete todo el carácter y no sólo su percepción por los otros.

En semejante compromiso, el atroz manipulador habría accedido al atroz acto de la manipulación pueril; que pierde la puerilidad en el objeto que manipulaba, al ser la relación de una mujer muerta con su hijo en el exilio. Algo que surge desde mucho antes que esa muerte, cuando se presta a la sustitución en el  juego institucional; cuya atrocidad se aumenta a lo indecible, si se sabe que el empuje viene de la misma institución que lo humilló.

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Quizás el asombro mayor llegue, más allá de la puerilidad, cuando se vea que el vicio no habría sido forzado; sino que respondiendo a la voluntad del eunuco, se trataba sólo de usar a la poeta muerta como escalón. Ni siquiera eso hubiera sido necesariamente peor que cualquier otra cosa, de no ser por el alcance de esa manipulación; que envolvió la dignidad de un muerto más o menos sublime, y el exilio de su deudor, en el manto de la cobardía personal.

También se dice que Roberto Zurbano es un hombre brillante, reducido por la atrocidad cultural que lo rodea; pero lo cierto es que nada lo obligaba a seguir el juego de esa humillación, fuera de la propia voluntad que lo expone. Las contradicciones se suceden jugando en esta secuencia, como los hexagramas en el libro de los libros; que originalmente es de los cambios, pero que aquí deviene en el de la continuidad en la putrefacción. Así, estos funcionarios con voluntad de eunucos se hacen llamar cimarrones, mientras pululan en sus barracones; vigilando en sus cabildos cómo conseguir la legitimación del amo, mientras denuncian a los rebeldes, proyectándoles su propia deslealtad.

El que Roma pague a sus traidores pero los desprecie, es tan exacto como un axioma matemático, sin excepciones; que sólo la operación logarítmica o la exponenciación conseguirá trastocar, en la belleza de un número trascendental único. Eso, sin embargo, es improbable, en una personalidad tan trivial, que mal responde a sus pretensiones con actos torpes y deslucidos; día llegará sin dudas en que reluzcan estas contradicciones, aunque más no sea que al margen de los horrores mayores de esa revolución.


Saturday, June 2, 2012

Panegírico por Lorenzo García Vega

No importa lo que se huya, el panegírico te alcanza y tienes que someterte a escribirlo; siquiera como reconocimiento de esa prepotente a quien en Las mil y una noches se referían siempre como la separadora de amigos y deshacedora de planes. Lo cierto es que desde la de Elena Tamargo no tenía noticia de una muerte relevante, aparte de la de algún más o menos conocido que guardar en la intimidad; pero la muerte de Lorenzo García Vega es otra cosa, porque es la desaparición de un ícono, y quizás la confirmación repetida de la de una época. Vega fue el benjamín de Orígenes, el primer beneficiario reconocible del tan traído y llevado Curso Délfico de Lezama Lima; cuyo acercamiento a Vega no careció de esa amorosa e imprudente rudeza propia de los grandes intelectuales cubanos, que dejaría un dejo de rencorosa admiración en que quien pronto tendría estatura propia.
Vega fue amigo de sus amigos y enemigo de sus enemigos, así como altanero en los que no le interesaban; muy intenso y auténtico en todo, incluso en su mejor virtud, una sensibilidad para el arte surrealista que le daría el nombre —no otros dividendos— que siempre buscó su vanidad con bastante poco tacto. Pero hay que reconocerlo, fue uno de los grandes surrealistas latinoamericanos, hasta el punto del clasicismo puro; porque si bien es verdad que el Surrealismo fue una vanguardia, ya en la plena madurez literaria de García Vega era un canon, y al que él se atuvo muy bien. No hay que culparlo por eso, en su época los desarrollos y la evolución eran más lentos; y Vega, la verdad, nunca llegó al I-Pad ni el e-Book fuera de sus bien ganados admiradores, su mundo era el del libro impreso.

Estéticamente, por tanto, Vega fue uno de los últimos y persistentes cultores de la locura como objeto reflexivo; pero al punto de encarnarla y alimentarla en una visión depresiva, que buscaba las cotas del cinismo en una espiral de estoico hedonismo, lo que no es contradictorio aunque sí paradojal. Vega fue su propio personaje, y en ello se padeció y sufrió a sí mismo, obligando al entorno a esa rara experiencia; que curiosamente no se le dio con quienes lo admiran, que con sentido común le reían la gracia epatante, haciendo que esta sólo tuviera efecto en quienes no eran sus adoradores.

En lo personal, a él debo uno de esos raros lujos que dicen que la vida propia es especial; fue su burla solapada, con el epíteto de El Abate por el exhibicionismo estético de la experiencia religiosa en conventos católicos, una espiritualidad que seguro detestaba siquiera por su propia fidelidad estética. El Abate no es ni con mucho tan atractivo y sugerente como El Manierista, debido a la mordacidad del Heriberto Hernández Medina con quien seguro se encuentra ahora; pero hay que mantener las distancias, que Heriberto no es García Vega ni en el recuerdo ni en las dimensiones, y ese dardo de Vega reluce en esta noche como el oro fino.

Saturday, May 1, 2010

MOCKUS, EL OBAMA VERDE Y COMO CAMBIAR PARA MAL [Parte I]

Por Antonio Ramos Zúñiga

No es como dicen: que Mockus es el símbolo de un cambio necesario. Los demás candidatos también pregonan lo mismo con matices, incluyendo a Santos que proclama seguirá lo logrado por Uribe pero pasando a una etapa de prosperidad social. Ahí está el ex-guerrillero Petro que no se anda por las ramas, proclive a una Colombia rojita. Así que el punto del cambio es un debate tan interesante como delicado, el futuro colombiano está en juego.

Es inobjetable que Uribe comenzó los cambios, por eso hoy Colombia atrae inversionistas, turismo, muchos colombianos regresan de la emigración, funciona la gobernabilidad y la guerrilla está a la defensiva, más del 50% de los colombianos quieren al presidente saliente y lo hubieran reelegido. Es la realidad que tratan de tapar los interesados en imponer por votos un nuevo tipo de cambio. ¿De qué cambio se trata? ¿Por qué el matemático y líder del partido verde Antanas Mockus ha sido aupado? ¿Qué le espera a Colombia?

Dos puntos candentes son: ¿por qué Mockus es un relámpago que se ha colocado al principio de las encuestas, superando a Juan Manuel Santos, favorito de Uribe, y qué hay de verdad sobre la imtromisión de Chávez?. Hay que recordar aquello de que “en política lo real es lo que no se ve”. De repente una espectacular publicidad y la sicosis de las encuestas han elevado a Mockus al cielo de la mítica, hacia donde todos miran con admiración u animadversión. Los clubes de una gigantesca red de internet bien articulada, con predominante presencia joven y de misteriosos “teóricos” pro-verde, se han ocupado de santificarlo y convertirlo en el mesías del cambio, la versión verde de Obama, la versión excéntrica de un sueño que se llama futuro.

Por qué Mockus en poco tiempo ha logrado el empuje de una de las operaciones de publicidad, sofística y proseletismo más grandes, caras y bien montadas que se recuerdan en América Latina, lo que supone invertir mucho dinero en imagen y en movilización, y desde luego entretejer y coaligar intereses, conexiones y cupos de poder. Dicen sus seguidores que ha bastado con la simpatía que provoca y porque hizo un buen trabajo como alcalde de Bogotá, aparte de que “el compañero Mockus quiere cambios sociales”.

La simpatía de repente se ha tornado irreflexiva y tsunámica, sin más. Los seguidores, mayormente de la clase media baja y los pobres desilusionados, son ciegos creyentes del discurso verde, lógicamente están hartos de vivir relegados y mal. Los intelectuales que lo apoyan buscan algo más que un cambio: la realización existencial e ideológica oportunista. En los jóvenes, como ocurre históricamente, hay un entusiasmo generacional que los lleva a creer que el camino más fácil para vivir mejor es un cambio. Ni siquiera piensan en las consecuencias, porque no quieren estar contra la corriente ni les preocupa las lecciones de la historia. No olvidar que las redes sociales de internet pagadas millonariamente y encabezadas por equipos de jóvenes fueron clave en la victoria obamista en Estados Unidos, pero ahora son anti-Obama.

Pero, ¿quién más apoya a Mockus? Es fácil comprobar que cuenta con la simpatía de la izquierda oficial y de la izquierda del closet (de doble moral), así como de los comunistas, pro-castristas, pro-chavistas y de otras fuerzas que no se acreditan como tales, pero que militan en las filas liberales tradicionales. Petro es su amigo, así que ya tiene su voto en segunda vuelta. También parece que recibirá el respaldo oportunista de Noemí Sanín y de los tontos útiles políticamente correctos. Las células populares de base auspicidas por Chávez en Colombia lo adoran y tal vez sean las más activas a su favor. Tiene de su parte a los subversivos de toda laya, desde narcos, paras hasta las FARC. Aunque Mockus ha dicho que será duro con la guerrilla, lo más probable es que no pueda eludir la presión de los intereses propensos al “diálogo de paz”, política que sería un segundo aire para la recuperación de sus mermadas fuerzas.

¿Y Chávez qué pinta en todo esto? Sus discursos cotidianos anti-uribistas, el inmiscuirse con falacias en la política interna colombiana y una innegable propensión favoritista hacia Mockus revelan su interés en “cambiar” a Colombia. Los venezolanos lo saben. Los analistas en el mundo lo destacan.

Tuesday, April 27, 2010

Boleros perdidos [otra vez Triff]

Sunday, April 25, 2010

Iboru Boya

Entrevista con un babalawo [Obara-Nlá]

Saturday, April 24, 2010

Alfredo Triff

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