Sunday, May 3, 2026

Otra vez vientos plataneros

Tanto Ulyses Álvarez Laviada como el llamado Ciclón invisible, asumen a Facebook como ágora de la cultura; sólo que en el ágora se discutía de política, no de ontología ni de tradiciones filosóficas y especializadas. Es más, es el ágora sin dudas el lugar en que se condena a Sócrates, no donde se le discute; lo que es natural, pues el ágora es el espacio público, donde se discuten cosas de interés público y no especializado.

Nada de eso importa, el objeto es la misma incontinencia y vulgaridad de siempre, la frustración que los guía; pues todo lo que le ocurre al Ciclonete yes que desea la atención que asume yo dedico a Lorente, y así la pide. El otro tiene tanta ansiedad y necesidad de participar, de alguna experiencia trascendente, que se deja arrastrar; incluso cuando ya sus relación no es tan armónica, pues también es simbiótica, y ambos se necesitan mucho.

Dice el Ciclonete (y Laviada repite) que mi elogio de Lorente es gratuito, pues no expone ni una sola idea suya; pero todo el artículo está escrito alrededor de su idea de la política y su uso de una falsa ontología. No la cito formalmente, menciono la idea y paso a explicarla, porque se trata de una pormenorización; no de una entrada en el diccionario de filosofía, sino de apenas un artículo en la red, imagino que superficial.

La idea abre el segundo párrafo, y voy directamente a ella porque ella es lo importante, no el autor; y no es porque es el punto en que reconozco la recurrencia y pertinencia del Realismo Trascendental, no otra cosa. Es decir, no es que uno ande de portero entregando membresías a un culto, sino de un desarrollo de conceptos; pues la imagen de uno seleccionando miembros de cofradía es espantosa por lo aburrido, no interesante.

El desarrollo de ideas y conceptos abstrusos tiene sus propios medios, fuera de la superficialidad del ágora pública; aunque estos en su ansiedad no se enteren, y anden atiborrando los algoritmos con sus parrafadas e incontinencias. Las mías están en libros, y algunos en ensayos de libre acceso debidamente exhibidos para quien les interese; no porque sea obligatorio leerlos, sino porque quien tenga interés puede hacerlo, y así sabe de qué habla cuando critica.

Las ideas de Lorente las he discutido en muchas partes y muchas veces, como ellos sabrían si de veras les importara; pero todos sabemos que la crítica de los dos es una reacción compulsiva y rabiosa, no un acto racional ni filosófico. Hay de hecho una serie de artículos dedicados a su libro con Antonio Correa Iglesias (aquí), y fuí yo quién lo invitó a dialogar sobre el capitalismo; experiencia frustrada por la interferencia de estos, que no ven trabajo ajeno sin que se les moje ni puedan hacerlo.

El Ciclonete debería aceptar ya que nunca va a tener un elogio mío, ni aunque lo mereciera, porque a mí no me importa; y él y el otro deben saber que la persona Humana tiene potestad para decir qué hace, qué le interesa. Ni yo ni nadie con dos dedos de frente discute con alguien sólo porque el otro lo quiera, si no le es interesante; y ninguno de los dos es ni remotamente atractivo para eso, con esa vulgaridad de escritores menores con ínfulas de pensador antiguo.

El Ciclonete que siga escribiendo reseñas de Daniel Fernández, para que se quede con su elogio como consuelo; porque de está preciosura monjil no va a tener nunca más que desdén, al menos mientras siga con ese infantilismo absurdo. El otro imberbe, que siga en la burbuja esa donde escribe, poniéndose en ridículo un día sí y el otro también; que yo sólo hago esto para que sepan que todos sabemos su superficialidad y tristeza, aunque hagan como que no.

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