Otra vez vientos plataneros
Nada de
eso importa, el objeto es la misma incontinencia y vulgaridad de siempre, la frustración
que los guía; pues todo lo que le ocurre al Ciclonete yes que desea la atención
que asume yo dedico a Lorente, y así la pide. El otro tiene tanta ansiedad y
necesidad de participar, de alguna experiencia trascendente, que se deja
arrastrar; incluso cuando ya sus relación no es tan armónica, pues también es
simbiótica, y ambos se necesitan mucho.
La idea
abre el segundo párrafo, y voy directamente a ella porque ella es lo
importante, no el autor; y no es porque es el punto en que reconozco la
recurrencia y pertinencia del Realismo Trascendental, no otra cosa. Es decir,
no es que uno ande de portero entregando membresías a un culto, sino de un
desarrollo de conceptos; pues la imagen de uno seleccionando miembros de
cofradía es espantosa por lo aburrido, no interesante.
Las
ideas de Lorente las he discutido en muchas partes y muchas veces, como ellos
sabrían si de veras les importara; pero todos sabemos que la crítica de los dos
es una reacción compulsiva y rabiosa, no un acto racional ni filosófico. Hay de
hecho una serie de artículos dedicados a su libro con Antonio Correa Iglesias
(aquí), y fuí yo quién lo invitó a dialogar sobre el capitalismo; experiencia frustrada
por la interferencia de estos, que no ven trabajo ajeno sin que se les moje ni
puedan hacerlo.
El Ciclonete que siga escribiendo reseñas de Daniel Fernández, para que se quede con su elogio como consuelo; porque de está preciosura monjil no va a tener nunca más que desdén, al menos mientras siga con ese infantilismo absurdo. El otro imberbe, que siga en la burbuja esa donde escribe, poniéndose en ridículo un día sí y el otro también; que yo sólo hago esto para que sepan que todos sabemos su superficialidad y tristeza, aunque hagan como que no.



