Cuando
la enemistad de Heriberto Hernández (EPD), irracional y absurda como toda otra,
él devino objeto de burla; pues en su prisa por restregarle a todos su éxito, no
aprendió a leer sus estadísticas y establecer prioridades. Incluso como
principio, un alto volumen que no se traduce en ventas es inútil, y uno bajo
que sí lo hace es mucho mejor; y aun así, hay personas que, por no están
dispuestas a pagar a 75 centavos el dólar, sino sólo a veinticinco.
Pra esas
personas eso es riqueza, prosperidad y poder suficiente para justificarles la
vida, que debe ser plena; y en esos términos, qué queda por agradecer de una
exposición amplia pero vacía e improductiva, un boost al ego. Ese es el
problema de esta gente, a la que es imposible tomar en serio, incluso si eventualmente
te elogia; primero, porque ese elogio es parcial, además de vacío, y sobre todo
condicionado por el irrespeto y la descalificación.
¡Y ese idiota pretendió alguna vez envolverme en un debate, sin antes hacérseme
interesante!
Como se
observa, mi índice de visitas no es bajo, y mejor aún, es fluido y constante,
produciendo ventas orgánicas; fluctuando entre 1 y cuatro libros mensuales, con
picos como este de 11, y alguno de hasta diecisiete. Y que
conste, de estos once sólo tres fueron de esas bestias ensañosas, que son como
buitres vueltos de pronto a la carne fresca. Como número, sobre todo
por la constancia, eso es mejor comportamiento que el de muchos que te
restriegan su éxito; teniendo en cuenta que la prioridad aquí son los libros y
no el amarillismo seudo intelectual, o la falsa espiritualidad de Sandor Vega.
No se
trata de predicar la pobreza, sino del poder de elección, incluso si parte de
alguna deformación temprana; pues uno no puede fajarse con uno mismo, sino
apenas hacerse la vida lo mejor posible, por sobre la estupidez ajena. La
diferencia estriba en que no todo el mundo vive de los complejos cubanos, con
sus ansiedades de período especial; sino que algunos se centran en su trabajo y
no el ajeno, como una comprensión paulatina del mundo.
Nada de
eso es necesariamente comprensible para todo el mundo, pero cada loco con su
tema, y tampoco es necesario; pero es divertido que a algunas personas no les
alcanza obviamente lo mucho que ganan, y tengan que andar baboseándote. Hacia
el 2006 o 2008, un próspero comerciante me tiró su auto encima en la avenida
37, porque no podía con mi mediocridad; así que si estos brutos piensan que son
lo peor que me haya encontrado, tienen zapatos muy grandes que calzar.
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