Bertold Brecht podía creer que estaba inventando una técnica teatral, porque
eso es irrelevante para la realidad; más importante que eso es la función que
cumplía, fijando el parámetro de objetividad en la reflexión de lo real. En
definitiva, lo supiera Brecht o no, de lo que se trataba era de la
desestructuración de la cultura occidental; contrayéndola a sus funciones
básicas como existenciales, que incluyen la comprensión del cosmos como
historia.
A esa exigencia responde este trabajo monumental de Víctor Fowler, en que
se adivina la impronta de su maestro; pues esa paciencia —confiada en la
suficiencia del documento— es la marca de Tomás Fernández Robaina, a quien está
dedicado. El trabajo es tan minucioso que atemoriza en el acercamiento, y es en
eso que resulta impresionante en sus alcances; porque no es posible comprender
una contradicción desde dentro de ella, excluyendo sus determinaciones.
Eso es importante, cuando el objeto que nos ocupa es aún actual y denso
como realidad, no meramente histórico; porque exige un acercamiento cuidadoso
para ser efectivo, sin compromisos que desvirtúen sus soluciones posibles. En
ese sentido, toda búsqueda sobre el racismo en Cuba es una forma de
cimarronaje, por las presiones que recibe; desde un entorno que se niega al
reconocimiento, y teme la consecuencia de toda concesión en ese sentido.
Robaina, desde su magisterio en la Biblioteca Nacional, supo que el
cimarronaje no es un enfrentamiento directo; porque el heroísmo no es sobre la
dignidad —propia de lo real en tanto real— sino supervivencia, de puro persistir.
Es ahí que se hace instrumental el extrañamiento, impidiendo toda distorsión en
las manipulaciones del sentido; exigiendo esta mano amplia de la tensión
epistemológica, en que el sentido puede brotar en su propia suficiencia.
Por supuesto, como el propósito es monumental e impresionante, suscita
temores sobre excesos y riesgos de alcance; por eso el autor lo presenta —con
falsa modestia en la metáfora— como glosario, y el prologuista como
enciclopedia mínima. En realidad se trata de un trabajo enciclopédico por lo
exhaustivo, sólo que sobre único objeto en su exhaustividad; logrando un de los
equilibrios más difíciles en el ensayo contemporáneo, que es la moderación en
sus propuestas.
Todo esto es necesario, porque el racismo en Cuba es subrepticio, y se
enmascara en falsas categorías históricas; como la del mestizaje, cuya
insuficiencia resalta en la reducción birracial, dejando claro que es política
y no cultural. Eso también es importante, porque es lo que exige una tensión
que organice una nueva comprensión de lo real; no dialéctica —como de lo
histórico— sino trialéctica, de la determinación trascendente de ese objeto
histórico; que es la expresión en que se realiza como político, pero no la
naturaleza en que se determina, como cultural.

Por supuesto, eso no es comprensible en un análisis marxista de la
historia, que es idealista en el materialismo; sino en otra postulación de lo
histórico como reflejo de las funciones estructurales de la cultura, como
ontológicas. De ahí la importancia del distanciamiento tomasino, sólo
perceptible si se bebe del padre del Realismo Trascendental; y que es el Lezama
Lima de aquellos asombros alrededor de Naranja Dulce, la más convidante y
oscura de las praderas.
Si de algo sirvió aquel furor del último cuarto de siglo XX, fue para esta
reorganización epistemológica de Fowler; el más improbable —en su piel— de
todos los discípulos, pero también por ello el más promisorio en el alcance. En
definitiva, como Brecht sobre el teatro, se trata aquí de la cultura como
objeto, y su reflexividad como comprensión; que es donde se deposita el
heroísmo necesario para sobrevivir a la subrepticiedad del racismo, con
destreza.
El índice de este libro basta para explicar esos alcances terribles suyos,
como una falda de diosas que bailan enfebrecidas; porque lo hacen ante un hijo
que toma notas apresurado, sin saber siquiera el tamaño del mundo entre sus
manos. Esa es la importancia de este libro, como base para una nueva
hermenéutica de la cultura y su racialidad en Cuba; un pequeño paso para Fowler
como hombre, un gran salto para la cubanidad como apertura para lo negro.
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