El liberalismo demócrata reclama ascendente tradicional sobre
la identidad política del negro, pero es falso; se ancla en un supuesto cambio
ideológico de 1960, cuando Kennedy capitaliza el voto negro, alrededor de
Martin Luther King. Esa es sin embargo una narrativa falsa, sobre un episodio
circunstancial, que ni siquiera comprometió activamente a King; quien hasta el
último momento mantuvo su reticencia proverbial, en el pragmatismo de la
cultura del negro norteamericano, naturalmente conservadora.
Primero debe aclararse ese conservadurismo, que no es
exclusivo de la cultura negra sino de la cultura en general; en tanto
estructura que organiza la existencia en cuanto humana, de valor por tanto
existencial antes que político. Por esto, reproduce incluso el principio termodinámico,
como morfodinámica, en la conservación de recursos; ya desde esa función
existencial, pero llegando incluso a la expresión política en que se resuelve
como realidad histórica.

El conflicto ideológico es entonces artificial y no
orgánico, surgido con el determinismo político de la Modernidad; y que por
tanto responde a la reducción racional positiva de la política, no a la
realidad de la cultura en sí. De ahí el carácter intrínsecamente conservador de
esta cultura negra norteamericana, por su marginalidad política; en la
conservación de sus recursos como existenciales, en la familia, la tradición, la
responsabilidad individual, etc.; frente a lo cual, la organización ideológica
resulta una dilapidación de esos recursos, sin resultado práctico alguno.

Es por eso que toda inversión política, desde el New Deal
de Roosevelt, tropieza con este escepticismo negro; que sólo cederá
momentáneamente, cuando es atrapado por la encrucijada político existencial,
como la del Dr. King. Esto entrelaza la llamada del candidato presidencial
Kennedy a su esposa Coreta, con el compromiso abierto de su padre; como una
presión concreta, ante la que cede el pragmatismo de King, pero no un cambio ideológico
del partido.
Por supuesto, eso es aprovechado por el intelectualismo del
Boule Movement, que sí es tradicionalmente liberal; hasta el punto de haber
sacrificado la autonomía del Niagara Movement con Du Bois, para fundar la
NAACP. Esta es la tradición que ancla entonces la identidad política del negro
norteamericano a ese patrocinio manipulador; como se ve en la abierta operación
de campo del Black Lives Mater, en función siempre electoralista y demócrata; sin
que sin embargo logre trascender a un ascendente realmente popular, en sus
pretensiones de clase media.
Por sobre eso, lo cierto es que la tradición liberal pierde
su consistencia de proyección intelectual, ya insostenible; a un tercio de
milenio desde su postulación triunfal, cuando a probado todas sus
posibilidades y sólo falla. Desde entonces occidente asiste impotente a su
desincronización estructural, en esta inconsistencia creciente; por la que se han
perdido las referencias, que hacían posible la existencia en la cultura.
El fenómeno es por tanto más profundo y complejo que esta
crispación, y compromete la existencia misma del negro; porque, incluso en una
paradoja increíble, apela a un desarrollo emergente y apoteósico del
conservadurismo; no sólo en la confrontación política, sino en esta como
expresión de ese fenómeno más profundo, en sus determinaciones. Este
conservadurismo deviene entonces la espina de la cultura política, como lo creyó
incluso en más liberal de los negros; porque fue el mismo W.E.B. Du Bois el que
postuló la conservación de esta singularidad cultural, en favor de la cultura
toda.
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