Friday, May 21, 2021

White privilege (El problema del resentimiento)

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Uno de los conceptos más álgidos y esgrimidos en las últimas controversias políticas es el de privilegio racial; que no siempre tiene el sentido positivo de la acusación, aunque este sea el más común, sino también otro negativo, más efectivo. Según este último una raza no estaría mayormente expuesta a determinado problema, careciendo por ello de la posibilidad de comprenderlo o hasta percibirlo; que sería la base en que se legitima el resentimiento, y este a su vez como muestra de la lucha de clases en que se organiza la sociedad.

El resentimiento es obviamente un elemento político, y ha de ser entendido en la dinámica estructural de la sociedad; sobre todo desde que fuera impuesto —no sólo reconocido— por la hermenéutica marxista, con su concepto de dialéctica y lucha de clases. Primero, el concepto marxista se basa en la falacia de la contradicción como principio dialéctico, que es reductivo; ya que dado que el objeto final es la estructura misma de la sociedad, las relaciones en que se concreta han de ser complementarias antes que contradictorias.

En tanto sistema hermenéutico, el marxismo tiene tantos problemas como el cristianismo, y es igual de contradictorio; más allá de eso, esta función del resentimiento como expresión de la lucha de clases es errónea y reductivo. Parte del principio de que la burguesía, como clase privilegiada, no tiene los mismos problemas que la clase proletaria; lo cual es sólo relativamente cierto, pero no en el sentido de que como clase no tenga problemas propios, tan graves como esos del proletariado, sólo que distintos.

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De hecho, la burguesía y el proletariado comparten un abanico de problemas comunes, de suyo existenciales; dado por el interés común en el desarrollo existencial, que ambos desarrollarán con sus propios recursos. Es esta diferencia la que ciega a uno respecto a los problemas del otro, haciéndolo incapaz de comprenderlos; no sólo a la burguesía respecto al proletariado, sino también a la inversa, así como al complejo abanico en que se relacionan.

En efecto, la misma abstracción de la sociedad entre una clase burguesa y otra proletaria es reductiva por principio; desconociendo que en tanto absolutos, esos conceptos sólo tienen valor referencial y consistencia lógica; pero no una consistencia propia, que los defina fuera de la relación que mantienen entre sí, y que los hace complementarios. Esta inconsistencia introducirá el elemento corruptivo, que crea bucles hermenéuticos a todo lo largo de la estructura; con la derivación de una falsa burguesía desde las élites profesionales, que así terminan por perder su identidad de clase; no ya con la penetración natural e la burguesía, como su propio desarrollo, sino su estancamiento en el clientelismo.

El resentimiento no es la explicación de este proceso de corrupción, que es dialéctico, sino su función política; ya que el resentimiento tiene una existencia propia, pero como subproducto natural de esas contradicciones estructurales. Es pues este uso del mismo lo que produce la distorsión, al atribuirle esa función de redeterminación política; que siendo propia de la fuerza se hace inconsistente y compulsiva, como disrupción de toda la organización social.

 

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