Obnubilado por la profesionalidad del título, el público
cubano desdeña los problemas reales de la filosofía; permanece así en la
espiral idealista, entre Hegel y Marx, y cita a Heidegger para confirmar su supremacía
sapiencial. No parece ser este el caso de Julio Lorente, formado más en el
conservadurismo funcional de la cultura católica; como un nicho de resistencia
efectiva, rescatando esa función conservadora de la cultura de su reducción
ideológica.
Se trata de que el conservadurismo no es una ideología,
sino una función cultural, en su propia función ontológica; por la que lo real
se especializa a sí mismo como humano —no a la inversa—, en su realización,
morfodinámica. Es la floración artificial del liberalismo, entre las contradicciones
del absolutismo francés, lo que lo reduce a lo ideológico; determinándolo desde
su naturaleza política y no cultural, invirtiendo el objeto de la estructura,
como político.
De ahí la singularidad del catolicismo cubano, ante la
hiper ideologización postmoderna de la religión en lo político; como entorno en
que se realiza Lorente, de intuición en intuición, para sobreponerse a la
fatalidad idealista. Nada de esto es consciente de modo necesario, y aún se
restringe a un interés en lo nacional y la filosofía política; las dos
fatalidades en que se escurre la tradición idealista desde Kant —ese
imperativo—, produciendo contradicciones.
No obstante eso es mucho para un entorno como el cubano,
que carece de referentes suficientes, incluso postmodernos; y esta singularidad
suya le permite incursiones atrevidas, más allá del idealismo, que permea
incluso al realismo tomista. Como la fatalidad del determinismo político, esto aflora
desde la defensa de Maritain con el neotomismo; porque se determina en las críticas del materialismo, que así lo determina en su misma y propia naturaleza
idealista.
Esto se debe a que el problema es epistemológico, crítico
en Marx, pero introducido por el formalismo pitagórico; como la primera determinación
de ese formalismo ideológico, apoteósico en Descartes, pero organizado en
Platón. Lorente mismo descubre que el problema es epistemológico, porque surge
de esa reducción desde la cosmología; pero falta explicar el proceso en que eso
ocurre, y que no es detectable en la contradicción política cubana.
Entre los hallazgos interesantes de Lorente, está el
concepto casi imperceptible de falsa ontología, por ejemplo; que el Realismo
Trascendental resuelve en el determinismo político, con su desplazamiento del original
en la religión. La clave estaría en la función axial de la morfodinámica,
ejercida por la praxis religiosa como política; que resulta apropiada por ese
alcance político, cuando cobra consistencia suficiente para independizarse.
Eso es algo que requiere también explicación
pormenorizada, como por qué esa ontología que provee es falsa; algo que no
queda claro en su postulación, aunque algún privilegiado —Realismo
Trascendental— pueda entenderlo. El problema trasciende de ese modo a lo
nacional, como propio de Occidente, algo que Lorente reconoce siempre; pero que
como su interés es político antes que antropológico, lo dirige al problema
concreto de lo nacional.
Eso no significa que ignore la antropología, si de hecho
reconoce la misma naturaleza ontológica del problema; pero sí que este no es su
objeto, inmerso entonces en esa turbulencia post-postmoderna de la fricción
política. Quizás el problema —epistemológico al fin— resida en el entorno que
lo interpela, con ese lenguaje del idealismo; al que él tendría que sobreponerse,
como a la nacional en lo humano, y en esto como trascendental, en su
inmanencia.
No obstante, es —como se dijo— muchísimo para un entorno
como el cubano, dado a la esterilidad del exhibicionismo; y su incursión
lateral en un realismo no tomista —escandalosa para un católico—, es al menos
esperanzadora. Será este sin dudas un caso interesante en su evolución
posterior, que rescate a la filosofía cubana del sopor ético; al que la condena
el matiz varelista, como a la nación su perversión martiana, y a todos el
exhibicionismo.
Post a Comment