Wednesday, April 27, 2022

Twitter, la píldora envenenada

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El cambio de posición del board de Twitter, sobre la opción de compra por Musk, es por lo menos llamativo; tanto por lo abrupto del cambio como por sus implicaciones, en cuanto a las políticas y la cultura política de la compañía. En realidad, todo el proceso no ha hecho sino evidenciar el verdadero sentido de esa red social —y de las redes en general— como instrumento político; nacido en una transferencia de tecnología, desde las esferas gubernamentales a las privadas, que empezaba con la misma internet.

Los periódicos no lo mencionan, pero toda la tecnología actual surgió y se desarrolló de investigaciones militares; que luego fueron sistemáticamente transferidas al sector privado, incluso con subsidios para el desarrollo continuo. La última generación creció en esta nueva cultura tecnológica, que ya era privada pero retenía su origen en esos subsidios del gobierno; dando lugar a la nueva clase, nacida directamente de la clase media —no del lumpen aunque sí popular—, amasando cantidades ingentes de dinero.

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La crisis electoral del 2020 —que continuaba la del 2016— puso en claro su utilidad, con el manejo de la opinión pública; una operación desembozada, que tras el suprematismo de la tradición liberal, dio al traste con el ejercicio de la libre expresión. El golpe de manos fue estrambótico incluso, en su defensa de la censura como de los principios democráticos  republicanos; sobre la base de una crisis política provocada por la arrogancia elitista liberal, con la imposición de la candidatura de Hillary Clinton.

La reacción de Twitter a la oferta hostil de Elon Musk era de esperar, y por eso llama la atención el cambio; porque eso significa que ya hay una alternativa en marcha, para contrarrestar la apertura de la red como espacio para el debate. Combinadas entre sí, las alternativas deben ser insuperables, repercutiendo en una inoperatividad de la red; que mientras trata de estabilizarse ante los embates, sería incapaz de contrarrestar el efecto disuasorio de la embestida.

Lo interesante aquí es la pausa impuesta por Elon Musk en el proceso, no su —todavía por ver— efectividad; porque es cierto que Twitter y las redes en general evitaron una derivación dictatorial, con una reelección de Donald Trump; que con un manto de legitimidad, por su cruzada contra la dictadura seudo proletaria del liberalismo institucional, habría resultado imbatible. Pero como en el triunfo del dogmatismo católico, no fue con una contracción a los principios de la república; sino una aceleración al carácter neo imperial del modelo cristiano, en su apelación a las convenciones institucionales del imperio.

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En ese esquema, Trump puede recordarnos la figura arquetípica del emperador loco, de Nerón a Calígula; pero era más bien la del gobernador fuerte, como un Octavio Augusto con menos glamour en su vulgaridad. Es en ese sentido que la cruzada liberal recuerda la toma de poder por el Cristianismo, en su función ideológica; con la corrección de las redes sociales como los concilios del problema arriano, de San Atanasio a San Agustín; y sobre todo con el celo fanático de los monjes de San Basilio —que mataron a Hipatia— en los moderadores de Twitter.

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Pero la intervención de Elon Musk es interesante, porque vuelve a mostrar el músculo del capitalismo industrial; como un principio que perdiendo ya —bien que relativamente— lo industrial, atraviesa aún la excepcionalidad del individuo. Elon Musk es un individuo, y como tal puede ser un capitalista perverso o benevolente en su altruismo; pero lo que nunca va a ser benevolente, es la élite tras los políticos, que se cree tan inteligente como para saber qué es lo mejor para el mundo.

Esa es la que está tras la crisis del 2016, y que sin dudas ha envenenado esta píldora tan importante para la próxima; porque una era moderna —que vio las manipulaciones que dieron al traste con la corona francesa— nunca es paranoica en su desconfianza. Esas son, después de todo, las mismas fuerzas que se enfrentaron a un lado y otro de la independencia norteamericana; donde no consiguen imponerse, porque tienen que hacerlo sobre el individualismo industrialista inglés, con su sentido corporativo.

Ese forcejeo no ha hecho más que comenzar, porque se trata también de su momento definitivo y definitorio; dirigiéndose al agotamiento ya de las pretensiones humanistas, con la corrupción idealista del cristianismo. La virtud del industrialismo —incluso si atraviesa la apoteosis del capitalismo postmoderno— radica en su sentido pragmático y existencial; que como potestad exclusiva del individuo, apela justo a esa inefable excepcionalidad del ente libre y potestativo.


Monday, April 25, 2022

Georgina en el cielo, con diamantes

La cátedra Nelson Mandela celebró el cumpleaños de mi madre, Georgina Herrera, con una actividad popular; y el solo hecho de que dejaran fuera de esto al gran manipulador, es motivo alegría y purifica el recuerdo. Por supuesto, no se van a disculpar nunca, porque no tienen la capacidad para eso, pero ese es el problema de ellos; el hecho de que Roberto Zurbano no participara de estos festejos, más o menos oficial a la vez que popular, es suficiente.

Después de todo, la única razón a la que reaccioné con virulencia fue a esa intervención soez y arrogante; así que superado el obstáculo, no debería haber más problemas, aunque se mantenga la expectativa. En todo caso, conmueve la modestia de la presentación, a pesar de los clichés de su populismo; pues todo el mundo sabe que no es posible ser popular y oficial, en una tensión zanjada por el sentido común.

Por supuesto, el problema radica en que todo el mundo excluye a Cuba, como una categoría especial de la tontería; en su creencia de que sus manejos ideológicos sean lo que parecen y no meros símbolos, carentes de significado propio. Pero es sin dudas hermoso ver esa precariedad, con que gente joven —que no tuvo el lujo de ver a Asennenth Rodríguez y Alden Knight— hicieron su presentación. Es algo a agradecer, porque lo importante aquí es que se consiga la permanencia y no la perfección; esa vendrá después, conseguida esta permanencia, incluso a base de corrupción del alma, cuando pueda reorganizarse el pensamiento.

Lo cierto es que sin permanencia no hay pensamiento que corregir, ni siquiera corrupto, y es hora de acabar con ese falso heroísmo que exige sacrificios como un dios bárbaro. Con toda la modestia y humildad, y desde la otra punta del espectro político, muchas gracias a la Cátedra Nelson Mandela y a su interesante líder.


Sunday, April 24, 2022

Larga y compleja introducción a la función hermenéutica de la poesía de Georgina Herrera en el espectro cubano de Occidente.

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En su discurso sobre el arte negro, W.E.B. Dubois postula una instrumentalidad del arte, por su valor discursivo; también la irrelevancia de esta creencia suya, porque en definitiva lo importante era la presencia misma del artista. Esta presencia garantizaría una ampliación progresiva de las posibilidades mercantiles del arte negro, que era lo importante; pero cuya importancia no se reduciría a esa obviedad, sino a su alcance, en tanto el mercado es también el que reorganiza el espectro epistemológico del arte.

En efecto, la crisis de la cultura de Occidente no sería más que su contracción lógica, en un desarrollo de quinientos años; de los cuales, un siglo entero correspondería a su apoteosis, en el período ilustrado (ss. XVII-XVIII) y otros dos a su decadencia. Contrastado con el horror vacui que es propio de la realidad como naturaleza, eso sólo significa un desarrollo alternativo; que semejando a la lenta superposición gótica sobre la cultura romana, culminaría en otra revitalización de Occidente.

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Lo que no queda tan explícito es de dónde provendría ese desarrollo y por qué, o cómo lograría esta superposición; que sin embargo es comprensible, si se observa que la crisis se debería siempre a la disfuncionalidad práctica de sus convenciones. Eso es lo que explica la lenta derivación de las fuerzas centrífugas de la sociedad en centrípetas, con la obsolencia funcional de estas últimas; que dejaría un espacio para el desarrollo de un nuevo liberalismo, en la crítica del antiguo, ahora funcionalmente conservador.

No se trataría de una contradicción directa y proporcional, entre fuerzas puras de liberalismo y el conservadurismo; porque entonces no habría desarrollo, sino sólo la misma tensión, que impida toda forma de progreso. Se trataría entonces de un nuevo convencionalismo necesario, dado el vacío creado con la disfuncionalidad del anterior; y que provendría de sus estratos marginales, progresivamente incorporados, con el hecho mismo de su presencia en el mercado; que al proveer las determinaciones del espectro hermenéutico al uso, incorpora estos nuevos recursos, justo en su valor existencial.

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Eso tampoco es gratuito, se debería a esa función del mercado, en la determinación del espectro hermenéutico; y que habría tomado de la religión, justo con la transición del teocentrismo al androcentrismo, con la apoteosis humanista. Esto parece contradictorio, pero se habría dado como un fenómeno paralelo a ese del humanismo, con el industrialismo moderno; como un desarrollo en contradicción con aquel, creando la falsa tensión política moderna, culminada con la de socialismo vs capitalismo.

Esa habría sido entonces la función de la poética de Georgina Herrera, introduciendo su propio universo epistemológico; no como un acto consciente, que reproduciría los vicios y convenciones al uso, desnaturalizándolos y haciéndolos así disfuncionales. Eso es lo que habría ocurrido con sus contemporáneos, respondiendo siempre a una formación más convencional; por la que reptan las viejas convenciones epistemológicas, hasta el muro de la marginalidad política de esta mujer.

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De hecho, ellos no habrían hecho sino reproducir la misma incapacidad inmovilizadora del movimiento de la Negritud; cuando en vez de insistir en esta marginalidad suya, la corrompen al subordinarla a esas mismas convenciones. La triste parábola va desde Sedar Senghor a los ilustrados pies de Sartre, a Du Bois inclinado al liberalismo blanco de la NAACP; siempre para terminar en la misma disolución, tras el espejismo del elitismo, como el espejo místico que los corrompe en su humanidad.

Es así que ahora se concreta este salto, hasta culminar en una nueva propuesta, de índole primeramente existencial; pero como base para toda otra proyección, incluso política, al proveer esos recursos —sin viciar— de su hermenéutica. De este modo, la transición consistiría en un ajuste de la proyección política, desde la pretensión humanista al pragmatismo económico; que es de la tradición idealista a la realista como referente político existencial, por sobre los vicios provenientes de la del humanismo.


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