Wednesday, January 21, 2026

Yadira Alvarez Betancourt, al oeste del sol y otros cuentos

Las historias de Yadira Álvarez Betancourt se mueven en el ámbito de la ciencia ficción, pero sin limitarse a las cuestiones del desarrollo tecnológico; antes bien se interesan en temas recurrentes de la fantasía heroica, a través de los cuales se observa la más inmediata realidad. En este libro se encuentran sintetizadas todas las texturas de esa tradición de la literatura fantástica, pero con más madurez incluso; ya que se trata siempre de una representación de la realidad y no de su figuración gratuita, llegando al planteamiento de verdaderos dramas existenciales. En ese sentido, estos cuentos de Yadira son sin dudas una superación de la madurez que ya significó un ícono como Daína Chaviano en la ciencia ficción cubana; recogiendo el guante de la imaginería crítica con que Ray Bradbury se enfrentó a la decadencia de Occidente, sin caer en la alegría recurrente de Tolkien.   

Estos dramas que plantea Yadira son duros y recuerdan en ello los valores reflexivos —no discursivos— de la literatura; que justo por su desgaste ceden ante nuevos soportes como las ciencias, sin haber explotado todo su potencial en la comprensión del universo. Quizás por su formación al margen de los círculos habituales, lo cierto es que Betancourt nos ofrece un aire extrañamente nuevo; como si de pronto volviéramos a estar ante aquellos esplendores, que comenzaron a extinguirse con la segunda mitad del siglo XX pero que aquí nos gritan su pertinencia.

Monday, December 22, 2025

Elogio de Bookish & Co.

Un absurdo mítico de la cultura postmoderna en Cuba, sería la unidad estética y no afectiva de los grupos literarios; que explica sin embargo la hipocresía y fanatismo ideológico que la permea, ocultando el simple afán de protagonismo. Por eso, la exportación de su colonia disidente a Miami no podría desarrollarse, reproduciendo a la revolucionaria; sólo que más patéticamente, por el déficit institucional, que la rebaja al calco envidioso de su nemesis política

Está es la gracia de Bookish & Co., superando en el esnobisno la desgracia de tanta mediocridad; primero, al descentrar de Miami la literatura disidente, permitiéndole superar esta determinación política. Hasta Bookish, y justo por su centro miamense, la cultura cubana se limitaba a esa seudo institucionalidad; que era fácil de disrumpir, con un par de manipulaciones, justo por ese patetismo en que languidecía; gracias a su naturaleza común con la revolución que criticaba, con el cambio introducido por la generación del Mariel.

Obsérvese cómo esa generación reprodujo los vicios de esa institucionalidad, derrochando el capital que heredó; hasta el punto de barrer con la emergencia original de su cultura, dependiendo de subvenciones y patrocinios. Hasta el arribo de esa generación, Miami pudo desarrollar su red económica, expresada en el arte con sus teatros y editoras; pero en franca declinación desde entonces, junto al resto de esa misma red, ya debilitada como la cubana misma.

Cuba culpa al embargo norteamericano de su subdesarrollo, y su exilio literario culpa al bloqueo liberal del suyo; y esa es la maldición superada por la relativa juventud de Bookish & Co., sobreponiéndose a toda manipulación. Por supuesto, eso hace a ese grupo incomprensible en su impenetrabilidad, pero para eso sirve el esnobisno; que lo libera de esa presión hipócrita con que se la trata de manipular, dejando al lobo que salive con sus dientes rotos.

Ejemplo de está suficiencia es su celebración del culto lezamista, con una festividad desigual y en ello inconvencional; que los reune entre ellos como lo que son, la floración más auténtica de la cultura cubana en su disidencia y exilio verdaderos. Sería una pena que tanta suficiencia se dejará presionar por la envidia vigilante, que no le perdona la gracia; pues eso la sometería a la determinación del revolucionarismo, subrepticio y mediocre, sin resplandecer en su fabulosa individualidad.

Sunday, December 21, 2025

El caso de Lot como figura morfodinámica de la post-postmodernidad

El caso de Lot y su esposa, fuera de su moralización tradicional, ofrecería una imagen precisa de ruptura estructural; como interregno, en el que una forma histórica deja de ser habitable, sin que otra haya emergido aún. En este sentido, el relato no funcionaría como advertencia ética, sino como alegoría de la morfodinámica de lo real; en tanto transición, que no indica un estado al que ir, como teleología, sino sólo un estado que ya carece de sentido.

El mandato que recibe Lot es revelador, pero precisamente por la indeterminación en que no anticipa futuro; el mensaje es tan negativo y vectorial como terminante, no se trata de dirigirse hacia algo, sino de dejar algo atrás. La inteligibilidad del relato no está en el destino, sino en la imposibilidad de permanencia, cualquiera que sean las razones; pues el estado actual ha alcanzado un punto de disfuncionalidad estructural, perdiendo la sincronía que lo sostenía.

Desde una perspectiva morfodinámica, esto sólo describiría la transición de una fase condensada a una disipada; mientras la estructura mantenga su coherencia interna, incluso sus contradicciones son metabolizables. Sin embargo, cuando esa coherencia se pierde, la forma deja de circular funcionalmente, y la estructura es inviable; el mandato de salida no inaugura un nuevo estado, simplemente reconoce el agotamiento irreversible del anterior.

La figura de la esposa de Lot suele interpretarse como ejemplo de desobediencia moral o nostalgia pecaminosa; sin embargo, su gesto no expresa un error ético, sino una persistencia de sincronía con una forma ya colapsada. Mirar atrás es sentimentalismo, pero el sentimiento es una función simpática, que entrelaza a los fenómenos, sino seguir orientado por un régimen formal que ya no opera. El castigo de hecho no es castigo, sino sólo consecuencia de esa fijación residual de la nostalgia, con la petrificación; la mujer queda en esa residualidad, como toda estructura que persiste cuando ya ha gastado su energía histórica.

Esta imagen resulta reflejaría particularmente la condición de la cultura contemporánea, en su post-postmodernidad; un término que no nombra etapa, superación o continuidad del estadio moderno, sino sólo su residualidad. Señala el punto en el que la postmodernidad, como fase disipada de la modernidad, ha agotado su capacidad de disolución; la apertura, la ironía, la deconstrucción y la estetización generalizada fueron operadores eficaces, pero temporalmente; funcionaron mientras existía una estructura moderna que desmantelar, pero no una vez consumido ese capital simbólico.

A partir de ahí, dichas estrategias se convierten en inercia, y ese es el contexto, la estetización post-postmoderna; no es ya signo de vitalidad, sino crítico y político, de una clase hiper especializada que ha perdido su función estructural. Incapaz de producir nuevas formas de mediación, entre energía social y sentido, se aferra a la repetición de gestos epatantes; como la esposa de Lot, no peca por mirar atrás, pero se fija a una forma agotada, como monumento a su propia obsolescencia.

La fuerza de la metáfora reside en su falta de promesa positiva, Lot no sabe adónde va, no encarna una emergencia; simplemente conserva la posibilidad de reorganización, al aceptar la pérdida de la forma anterior. Así mismo, la post-postmodernidad no es un horizonte cultural identificable, sino sólo una zona de turbulencia; y cualquier intento de nombrar o definir una emergencia, responde más a ansia de continuidad que a emergencia real.

En esta perspectiva, la exégesis de Lot no es conservadora ni reaccionaria, no idealiza ni prescribe valores teleológicos; describe una condición estructural límite, el momento en que la permanencia se vuelve peor que la incertidumbre. En términos morfodinámicos, no se trata de elegir entre progreso o decadencia, sino entre desacople o fijación; salir no garantiza sentido, pero quedarse lo clausura, y eso no es lo propio de la realidad, ni siquiera en tanto humana.

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