Tuesday, November 11, 2014

Gaspar de la noche en español

Afirmar que Aloysius Bertrand y su Gaspar de la noche reinauguran o inauguran la poesía moderna —tan tarde como el segundo cuarto del siglo XIX— es o puede parecer excesivo; pero no tanto si se tiene en cuenta que aún no había ocurrido el simbolismo francés, y que ese libro inspiraría a Charles Baudelaire su concepto de la poesía en prosa. “¿Quién no ha soñado el milagro de una prosa poética (…) tan flexible que pudiera adaptarse a los movimientos del alma, a las ondulaciones de la ensoñación y a los sobresaltos de la conciencia?”. Así se explica la importancia y fuerza de Baudelaire en la renovación de la literatura moderna, y por ende la influencia de Bertrand —en quien se inspira—en la misma; pero no porque el mismo Bertrand se lo propusiera sino porque Baudelaire puede extraer de la tremenda originalidad de esa prosa un sentido propio para la encrucijada de los modernos. De hecho, Baudelaire es junto a Mallarmé la bisagra entre los simbolistas y la extraña derivación del romanticismo francés que es Bertrand; un italiano asentado en la Borgoña, pero que puede conciliar el extremo formalismo del Sturm und Drang de los alemanes con las preocupaciones originales del naturalismo inglés, en una reacción más moderada al racionalismo intelectualista que se desarrolla en Francia.

Bertrand, por tanto, no inaugura la poesía en prosa pero da pie y sienta las bases formales de esa propuesta; con la que luego los simbolistas tratarían de recuperar la capacidad reflexiva innata al arte, y que permanecería en ella aunque sea de modo residual. Eso es comprensible, el racionalismo moderno ya constreñía de modo definitivo esa capacidad reflexiva del arte; afectándolo sobre todo en la prosa, por su carácter más convencional y dado al sentido recto; mientras que la poesía tiende a perder esa misma capacidad, por la excesiva sublimación idílica a que la constriñe ese mismo racionalismo en su soberbia intelectualista. No será hasta la segunda mitad del siglo XX que las necesidades económicas de la clase media en desarrollo reconciliarán el intelectualismo racional y el formalismo poético; pero igual lo hará en detrimento de esa capacidad reflexiva propia del arte, como una facultad emocional y no propiamente reflexiva, vital para la neurosis socio-política el individualismo postmoderno.

Es en ese contexto que el Gaspar de la noche cobró nueva e inusitada importancia, no para las ínfulas profesorales de las instituciones modernas; a las que poco puede aportar y ni siquiera contradecir, dada la creciente irrelevancia que va adquiriendo el arte justo en ese institucionalismo; pero sí para la consistencia misma del arte como una facultad reflexiva propia de la cultura, no importa su relevancia eventual. Igual queda la grandeza del libro en sí, lo mismo por su belleza que por ese alcance filológico suyo, o incluso por su propio alcance reflexivo; esto es, no el elogio de un Dijon difícilmente medieval (s. XV), dado el terror mismo con que ese medioevo diera pie a la racionalización institucionalista moderna, sino su recurrencia a un imaginario con un efectivo poder simbólico; al que no por gusto se dirigieron los que así se hicieron llamar simbolistas, no importa si al final resulta dilapidado en las inconsecuencias de la vanguardia posterior. Para esta traducción del Gaspar de la noche, además, se respetó esa textura que hace espeso al romanticismo; porque se supone que es en ella que las imágenes provistas poseen ese valor simbólico como contexto hermenéutico que las explica, y para lo que no se dudó incluso ni ante el neologismo con que superar la dificultad sintáctica.

Nota:
Usted puede adquirir un ejemplar gratis de los Complementos del Gaspar de la noche escribiendo a iggranados@hotmail.com, con el asunto (subject) “Gaspar de la noche”. También escribiendo a la página de Ediciones Itinerantes Paradiso en facebook.

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