Monday, November 24, 2014

La construcción de una imagen

Fotograma de Mario García Joya
En las artes plásticas, la pintura tiene un valor narrativo casi literal, mientras la escultura acude al volumen para el mismo resultado; la fotografía en cambio, típica y propiamente moderna y más tecnológica, tiene que acudir al drama. No por gusto es como quien dice un arte derivada, que en sus inicios se redujo al simple sucedáneo de la pintura; hasta que explorando sus propias posibilidades formales logra proponer una realidad propia, en el contraste de la luz y las sombras; con el que conseguía la impresión de volumen, pero además la expresividad tan elusiva y cara a la pintura, en un efecto dramático. No obstante, este valor técnico suyo la haría también más susceptible ante la irrelevancia del arte contemporáneo; ya que sus propuestas formales tienden a ser recurrentes, 
al depender exactamente de ese dramatismo que cada vez va siendo menos intenso en la experiencia humana. Aún así, una foto es una construcción, cuya excepcionalidad no la consigue en la armonía de las formas ni en la deconstrucción; sino que, siendo todo esto posible, sigue reduciéndose al dramatismo con que se hace resaltar al objeto en un alcance reflexivo. Es por eso que la fotografía alcanza protagonismo interdisciplinario en el otro arte con temporáneo que es el cine y su sucedáneo en el video documental; por esa capacidad para sensibilizar de modo especial al sujeto ante el objeto que se le propone… con su dramatismo.

Obviamente, la fotografía participa también de esta decadencia de las artes que es la postmodernidad; primero, al reducir sus alcances reflexivos al discurso de falsa sublimación ética con que el idealismo logra usurpar las facultades de la reflexión estética; pero también, y por esta misma vía, al convertirse en objeto de interés para la superficialidad de un arte populista —falsamente popular en su falta de especialidad—; que con sus intereses banales, no duda en reducir este aspecto formal suyo a la armonía más o menos atractiva que eventualmente puede producir en algún encuadre. Es ahí cuando el advenedizo se apropia de las búsquedas del interesado, y puede hacerlo pues cuenta con la vanidad de un mundo
afanado en la falsa trascendencia; y aunque sólo quede encogerse de hombros por la impotencia, de todos modos queda el poder del signature picture, aún si ninguneado por el silencio cómplice y oportunista. Obviamente, el poder propio de esa signature picture se perderá por la incontinencia del epígono irresponsable y mezquino; pero toca entonces al magister apelar a su superioridad y desechar esa signature picture que tanto le complació, y que después de todo ya no será la misma dada la vulgaridad que se la apropió.

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