Friday, April 1, 2022

Última historia de la infamia: El atroz manipulador Roberto Zurbano

Cuando se organicen los horrores de la revolución cubana, quizás se pase por alto al atroz manipulador Roberto Zurbano; cuya historia es ciertamente banal, pero no por ello menos expresiva de las inconsistencias políticas de esa cultura. De hecho, sería en esta puerilidad que la atroz manipulación del atroz manipulador sea tan exacta en su exposición; como es el gesto casual el que normalmente revela la verdadera personalidad de su gestor, que en este caso gira alrededor de la banalidad.

Dicen que Zurbano debe su carácter a un chantaje por una escondida sexualidad, lo que es probable pero no definitivo; aunque en un país de sexualidad tan desbordante como dogmatizada, no es extraña esa contradicción. Para el desastre de carácter basta, en todo caso, su leve rozamiento al monstruoso gobierno del que depende; y eso ocurrió en un oscuro año del 2016, en que Zurbano se atrevió al heroísmo de llamar al gobierno cubano como cosa de blancos.

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Sobre esa piedra, Zurbano pudo alzar la iglesia del caso negro cubano, aceptando el martirio de toda inauguración; pero se bajó de la cruz antes de tiempo, lo que es comprensible, pues todo el mundo no tiene materia de mártir. También es bueno que eso sucediera, porque la contradicción cubana depende demasiado de la guapería; que si bien pueril como toda pretensión humana, ha distorsionado en mucho la historia nacional. Pero igual es bueno quien no va a ser héroe uno no se postule como tal, de modo que no se exponga a esta desmoralización; que es más grave que la de cualquier sexualidad, porque compromete todo el carácter y no sólo su percepción por los otros.

En semejante compromiso, el atroz manipulador habría accedido al atroz acto de la manipulación pueril; que pierde la puerilidad en el objeto que manipulaba, al ser la relación de una mujer muerta con su hijo en el exilio. Algo que surge desde mucho antes que esa muerte, cuando se presta a la sustitución en el  juego institucional; cuya atrocidad se aumenta a lo indecible, si se sabe que el empuje viene de la misma institución que lo humilló.

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Quizás el asombro mayor llegue, más allá de la puerilidad, cuando se vea que el vicio no habría sido forzado; sino que respondiendo a la voluntad del eunuco, se trataba sólo de usar a la poeta muerta como escalón. Ni siquiera eso hubiera sido necesariamente peor que cualquier otra cosa, de no ser por el alcance de esa manipulación; que envolvió la dignidad de un muerto más o menos sublime, y el exilio de su deudor, en el manto de la cobardía personal.

También se dice que Roberto Zurbano es un hombre brillante, reducido por la atrocidad cultural que lo rodea; pero lo cierto es que nada lo obligaba a seguir el juego de esa humillación, fuera de la propia voluntad que lo expone. Las contradicciones se suceden jugando en esta secuencia, como los hexagramas en el libro de los libros; que originalmente es de los cambios, pero que aquí deviene en el de la continuidad en la putrefacción. Así, estos funcionarios con voluntad de eunucos se hacen llamar cimarrones, mientras pululan en sus barracones; vigilando en sus cabildos cómo conseguir la legitimación del amo, mientras denuncian a los rebeldes, proyectándoles su propia deslealtad.

El que Roma pague a sus traidores pero los desprecie, es tan exacto como un axioma matemático, sin excepciones; que sólo la operación logarítmica o la exponenciación conseguirá trastocar, en la belleza de un número trascendental único. Eso, sin embargo, es improbable, en una personalidad tan trivial, que mal responde a sus pretensiones con actos torpes y deslucidos; día llegará sin dudas en que reluzcan estas contradicciones, aunque más no sea que al margen de los horrores mayores de esa revolución.


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