Tuesday, February 3, 2015

Humans of New York

Un meme ocurrente preguntaba con desespero qué es el arte contemporáneo, y gente que cree en eso habla de funcionalidad y acción política; es decir, básicamente se estaría hablando de un happening, pero eso todavía es difícilmente funcional, desde que rara vez sobrepasa las cotas del ego del autor. No obstante, hay por ahí un fenómeno llamado Humans of New York que quizás consiga lanzar alguna luz sobre el concepto; porque detrás de ese proyecto no hay una posición esteticista incomprensible, sino un tipo común, que se realiza en la banalidad de la foto contemporánea y las rescata y la pone a la altura de arte funcional y la performance de valor político. Siendo honestos, habrá de reconocerse que al menos la fotografía es un arte que se agota en su contemporaneidad; no que se trate ya de la vieja historia de la decadencia del arte, sino de esas recurrencias tópicas suyas, en que lo que hace es repetir el mismo objeto sin ninguna novedad. 

Desde la belleza del cuerpo humano en posiciones imposibles o al detalle minimalista del último músculo, y hasta la vastedad imponente de cualquier paisaje; la popularización de la tecnología y la omnipresencia de las redes sociales han conseguido banalizar el arte hasta el punto de eliminarle toda excepcionalidad. En eso residiría la decadencia, no en la leyenda negra que como en el caso del imperio romano no explica las graves contradicciones económicas; dejando claro que en el arte, tecnología al fin, se trata de alguna destreza o talento, pero no de aquel hálito de trascendencia con que algunos se quieren realizar. Es justo en esa liviandad que se realiza Humans of New York, cuando un tipo pierde el trabajo y decide retratar su ciudad; es decir, retratar la vida de sus ciudadanos, reteniendo sus rostros casuales, alguna peculiaridad también casual, y la otra casualidad de la historia específica de esos rostros. 

Haga clik aquí/ clik here
Del mosaico prescindible en que resulta el proyecto, se desprende la acción que le insufla la vida con la funcionalidad; cuando el proyecto logra canalizar fondos que cubren las necesidades detectadas en el proceso de creación del álbum, como para explicar en qué consiste la humanidad de Nueva York. El proyecto puede decirse que ha sido de un éxito aplastante, no refrendado por los medios sino por su propia vida; su premio ha sido ese éxito de su humanidad sensible, y por tanto no está comprometido en chanchullos ni tejemanejes habituales al arte de todos los tiempos. Humans of New York no es ni siquiera hípster, sino sólo la humanidad de su autor, que así transparenta la de la ciudad que habita; y uno comprende esa extraña evolución en que el arte contemporáneo se explica por su funcionalidad, y que no tiene nada que ver con algún hipsterismo como histeria.

Sunday, February 1, 2015

Acerca de la propuesta neomarxista

Haga click aquí
El neo marxismo existe desde el instante mismo en que se creó una versión oficial, con el llamado marxismo científico; que lo habría rebajado a una simple elaboración ideológica desde su propia estructuralidad como filosofía, a partir de la interpretación leninista. En este sentido, el neo Marxismo habría sido el marxismo no ortodoxo, propio de la izquierda occidental; contrapuesto al marxismo científico, elaborado por las universidades como escolástica, encargada de conciliar todas las tendencias en función del estado soviético. Es decir, el Marxismo no se distinguiría en su comportamiento del de las doctrinas religiosas; de las que reproduciría no sólo la elaboración ideológica, dirigida a la legitimación del estado y proveerle sus determinaciones formales; sino incluso, como en el caso del cristianismo católico, una liturgia y una hagiografía o historia sagrada. No es extraño que no poseyera misterios, si ya a estas alturas las religiones no necesitaban misterios para su establecimiento en la órbita occidental; como lo demostraría el Islán en primera instancia, pero también las derivaciones disidentes del Cristianismo en las prácticas budistas, así como las formas más primitivas del mismo evangelismo cristiano.

No obstante, tanto ese neo marxismo —que más que neo era heterodoxo— como la doctrina oficial soviética se mueven en torno el marxismo primitivo; es decir, una intuición filosófica novedosa, al basarse en la interpretación de la historia a partir de sus relaciones económicas, pero que todavía reproducirá los vicios de la filosofía moderna. En efecto, el Marxismo es en este sentido una filosofía moderna, filo positivista y tendiente a la reducción formal del racionalismo que caracteriza a la Modernidad; todo ello originado en la misma raíz filoplatónica del agustinismo católico, en contraposición al realismo aristotélico tomista. Eso no es gratuito, se deberá a que la derivación de la filosofía como una especialidad fuera de la subestructura religiosa respondía aún a la sujeción dogmática del catolicismo; que a partir de su escolástica condicionó todo el desarrollo filosófico del Realismo aristotélico-tomista al dogmatismo teológico agustiniano-platónico.

Es en ese sentido que un Neomarxismo real debería corregir esos vicios del absolutismo idealista, todavía visibles en el origen objetivista del Materialismo; que aún como dialéctico o histórico, dependerá del concepto absoluto de Materia y no de la estructuralidad metafísica de lo real, aún si consiente en alguna metafísica. De hecho, el libro supremo del Marxismo, el Capital, abunda en una profusa metafísica que introduce a su teoría económica como base de la historia; no importa si esa elaboración es suprimida en el cientificismo escolástico del Marxismo científico u ortodoxo, que lo rebaja a doctrina ideológica; pero que aún, de todas formas, no se organiza en torno a la realidad sino que se acerca a la misma en una comprensión primitiva, sin concederle una objetualidad propia. Ese es el sentido de este nuevo acercamiento al Marxismo, en tanto corrección de aquellos vicios del idealismo incluso si objetivo; su postulación como una forma propia del realismo que lo concilie con sus propias expectativas históricas, incongruentes con esa naturaleza seudo realista que tiene su elaboración objetivista en el concepto de Materia; que es absoluto sin que lo pueda evitar en ese idealismo que lo caracteriza en un valor conceptual, no como mera referencia cognitiva sino de valor propio como realidad.

El viajero inmóvil, Tomás Piard/ 2008

Lezama Lima es, con mucho, una de las figuras más intrigantes del panteón literario cubano; no por cierto la más grande o abarcadora, pero sí la que más atención draga, por lo extraño. Nada más lógico, entonces, que un filme dedicado a recrearlo en el centenario de su nacimiento, como esta película de Tomás Piard; sólo que como parte de su culto, el filme inevitablemente reproducirá los vicios y reducciones que lo rodean y sostienen; y sí, El viajero inmóvil peca de varios énfasis gratuitos, resaltados por sus pocas virtudes, y unas omisiones escandalosas a su propósito. 

Entre las virtudes se encuentra la fotografía de lujo, y una pretensión de amaneramiento que nos aleja del basto realismo habitual; pero ese mismo amaneramiento se hace controversial y dudoso, excediendo lo estético para caer en la franca loquería. Como joya, la fotografía cuenta con el perfil de Eslinda Núñez (Rialta) en su edad de mayor belleza plástica, la que buscó Humberto Solá en Amada; pero la dádiva se pierde en un interés documental poco dramático, que a menudo se hace hierático como una cantata rusa, algo así como el fantasma de Soy Cuba. Ese quizás sea el mayor vicio del filme, que a su vez lo incorpora del culto ya exacerbado al Maestro; y que a la recreación de escenas de sus novelas, une la inserción absurda de sus teóricos vernáculos en pleno discurso. 


La película tiene la intención obvia de hacerse de culto ella misma, y con tanta presión y exigencia se hace insufrible; y no sólo eso sino hasta risible y lastimosa, con unas caracterizaciones que identifican al panteón griego con un attrezzo de puesta escolar. El vicio del amaneramiento, que no manierismo, llega a postular al filme como una reivindicación gay para ese estamento que es la intelectualidad cubana; apoyándose en un énfasis de lo sexual que, si bien es importante en la novela, es más cerebral en esta que el mero exhibicionismo de la película. 

Lo cubano en el arte nunca le ha temido al desnudo, pero tampoco se caracteriza por la franca impudicia; de donde que sea más chocante la proliferación de frontales gratuitos, puestos para epatar con pura mariconería. Lo estético es una sensibilidad especial, con la que el artista intelectualiza su percepción, y eso es siempre individual; pero signar una obra ajena y ya clásica por una preferencia personal es por lo menos burdo, y muy poco inteligente.

Haga click aquí
A ese desacierto se suma el de la egolatría, por la que no se entiende bien qué hace tanto crítico departiendo con la familia Lezama, como no sea pegar la gorra dando perro muerto; porque de otro modo es más incomprensible aún la omisión, ya de por sí escandalosa, de tangentes más especiosas del mundo lezamiano, incluyendo la derivación orientalista de sus últimos momentos. Tan grave como eso, un oscuro y claramente instrumental exergo de Octavio Paz, sirve para omnipresentar a una monja; que cuesta creer que sea la pobre Sor Juana Inés de la Cruz presa de ese desparpajo caribeño, por más que se presente como intelectual. 

La imagen se presta al irrespeto por todas partes, viendo a esa pobre monja titubear en el paso por entre tanta lascivia; que uno imagina entonces el espíritu del Maestro revisando este estropicio, en la más retorcida pero eficiente entonces de las imágenes de Piard (la piardada). El cine cubano contemporáneo sentó una aristocracia estética con su primera generación, de eso no hay dudas; pero como en toda aristocracia, ya la segunda y de ahí en adelante está completamente degenerada; y parafraseando a la pobre Sor Juana, podría decirse de esa película deseada que es “Esta, la peor de todas”.

  ©Template by Dicas Blogger.

TOPO