El destino manifiesto como necesidad ontológica de lo real, o vieja rapsodia para el mulo
Primero, el mismo establecimiento de Qin como reino, en el contexto histórico
de los estados combatientes; en el que la decadencia de Zhou no era sólo la de
una estructura imperial, sino de un orden cosmológico completo. Aquí, la
dinastía Zhou no era de hecho un imperio en el sentido militar, sino un orden
político, sostenido en el rito; con más de confederación administrativa, cuya
precariedad se acrecienta con la complejidad de su estructura social.
Se trata entonces de un proceso de desestabilización de lo real en su
expresión, en que los estados buscan la hegemonía; no por vocación, sino como necesidad
de estabilización, que como propia de lo real excede la puntualidad de los
estados. En ese sentido, se trataría de una turbulencia permanente,
funcionalmente equivalente a la del capitalismo post-postmoderno; en la que
sólo puede emerger y desarrollarse un sistema en su capacidad de aportar y
resolver esa estabilización.
Aquí habría que aclarar esa desestabilización, en la que el rito deviene
disfuncional en su capacidad regulación; es decir, no se trata de que colapse
por contradicciones políticas, sino por su incapacidad para gestionar esas contradicciones.
De donde que la hegemonía no sea un objetivo político, sino una respuesta
emergente a la inestabilidad sistémica; de modo que no se trata de que los
estados quieran dominar, sino que la realidad busca su propia estabilización; y
lo hace desde la función ontológica de la cultura misma, como realidad de valor
específicamente humano.
En ese sentido, el legalismo no se impone por una mayor consistencia
teórica, sino por su mayor eficacia relativa; en el contexto específico de la guerra
total entre los estados, en el que aporta una restructuración de todo lo real. La
prueba estaría en su accidentado derrotero político, semejante al de la misma
ilustración europea en la modernidad; que costando la vida de su mismo fundador
—como un incorruptible—, sólo logra imponerse en su tercera generación; con la
apoteosis de Qin Shi Huang, en la eficacia capitalista de Lu Buwei como micro catalizador
morfodinámico.























