Hay cierta ambigüedad deslumbrante en la proyección de la primera reina
viuda, justo en la fundación de Qin; tomada como concubina por el rey Hueiwen,
hijo del duque Xiao, el protector de Shang Yang, reformador del estado. Ninguno
de estos datos es excesivo, porque todos contribuyen a la extrema singularidad
de esta mujer; proyectada luego sobre toda la historia de China, hasta su
encarnación arquetípica por sus sucesoras.
Lady Mi llega a Qin como una concubina menor (Bazi), como parte de la dote
de Chu a la reina consorte Huiwen; ahí capta el favor sostenido del rey
—fortaleciendo su posición en el harén—, al que da tres hijos, entre ellos el
príncipe Ying Ji. Su importancia está ligada obviamente al ascenso de su hijo
al trono, a la muerte del heredero legítimo, el príncipe Wu; pero este ascenso es
el que resulta controversial, introduciendo esa singularidad insólita de la
reina madre.

El rey Hueiwen tenía muchos hijos, con sus respectivas madres, y a la
muerte de Wu todos aspiraban al trono; todos eran legitimados por el harén,
pero es la facción de Chu la que se impone, al contar con el impulso del reino
de Zhou; a donde el príncipe había sido desplazado, por el sistema de rehenes
que sostenía el equilibrio de los estados combatientes. Lo primero que resalta
aquí es la precariedad de ese equilibrio, sostenido en la negociación y el
intercambio permanente; que movía las alianzas en su insostenibilidad, como un
sistema de crédito político, con dinero inexistente.
Eso es importante, porque la axialidad de la cultura es absorbida en China directamente
de la religión, por la política; no por la economía, como en el Occidente
temprano en el que se expanden los fenicios por el cataclismo del Egeo. Eso
significa que la política va a resolver lo que el emergente capitalismo
occidental, negando la potenciación del individuo; porque, como el absolutismo
del crédito en el capitalismo tardío —no el temprano—, su naturaleza es
corporativa.
De ahí que la cultura china se resuelva en ese estructuralismo
supranacional de todo imperialismo, incluso el capitalista; prefigurando toda
la evolución del Occidente moderno, ya desde su era preimperial, con la misma
emergencia de Zhou. Sobre la reina madre, este es el punto ciego que pierde las
perspectivas, dada su irrelevancia relativa en el harén; pues ella carece de influencia
suficiente para convocar esas alianzas, y son estas las convergen en su
legitimación.
Sin dudas, la prevalencia del príncipe Ying Ji como el rey Zhaoxiang de Qin
es eventual, no una fatalidad histórica; pero esto no hace de ella un mero
vector, idóneo para un golpe de estado con más o menos suerte. Eso
necesariamente la habría relegado en la debilidad el príncipe, diluyendo las
reformas legalistas de Shang Yang; en las que el rey Hueiwen tenía obviamente
mucho interés, pero no así las aristocracias tradicionales de Chu y Zhao.
Atribuir a una concubina de rango medio (Bazi) poder de convocar ejércitos
y alianzas internacionales, es anacrónico; pero tampoco hay dudas de que esta
convergencia, sí le otorga capacidad de maniobra suficiente en la estructura de
Qin. En este sentido, Lady Mi significaba la continuidad de la influencia de la
casa de Chu, tras la muerte de la línea principal; y eso es poder efectivo, no
sólo emanado de la legitimidad del harén, sino del apoyo en ese precario
equilibrio de los estados combatientes.
Es aquí donde el rey Wuling de Zhao pacta con el general Wei Ran, hermano
de Lady Mi y parte de la facción de Chu; colocando al joven príncipe en el
trono, en lo que se proyecta como un gobierno títere, a manos de un tío
militar. Pero al ascender a la regencia, lo primero que hace Lady Mi es la
purga implacable típica de esos cambios en China; eliminando con ello el
peligro potencial de la viuda principal —la reina Huiwen—, que legitimaba a la
facción nativa de Qin.
Lady Mi se presenta aquí como un micro desarrollo morfodinámico en sí mismo,
por el que emerge en una singularidad; de otro modo, no habría podido dirigir
desde la mera regencia —que solo legitima a las facciones tras ella— las
reformas de Shang Yang. Aún, como convergencia de los intereses de Chu y Zhao, con
sus fuertes tradiciones aristocráticas, tendría que distanciarse ostensible
aunque cuidadosamente de esas facciones.
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