Wednesday, January 18, 2012

¡La rica SOPA!

Lo de menos es que se trate de una SOPA de letras o de PIPas de girasol, lo cierto es que al ser humano le es más fácil escandalizarse con los problemas que resolverlos; y hace mucho que el mundo está clamando por otra época de oscurantismo que lo discipline un poco, que parece que la Democracia y la Libertad nos molestaran por el uso que hacemos de ellas. Históricamente, ningún régimen ha logrado imponerse si no cuenta con el consenso suficiente para ello; insistir en la sublimación idealista sólo agrava las cosas, alimentando más el caos, y por consiguiente la reacción conservadora.




Las leyes que tratan de gravar las transacciones electrónicas hacen muy poco por los Derechos de autor, su interés es económico; pero la economía ha sido siempre la base de los cambios en la constitución política de las sociedades, a menos que se crea que el abolicionismo inglés no estaba respaldado por el desarrollo industrial y los problemas de liberación de mercado. No obstante esta trapalería sí es un avance del autoritarismo regulador en la red de redes, y eso es algo que va siendo necesario desde hace tiempo; que la anarquía no es democrática, sino que manipula a la sagrada Democracia para imponer las mezquindades de los de abajo. Es como si la justicia consistiera en permitirle a todos ser sinvergüenzas por igual, en vez de ir reduciendo el círculo cínico; y toda dictadura, desde las indígenas de la América prehispánica a romana y las últimas han sido precedidas por un período donde el exceso ha rebasado los límites de tolerancia, tanto individuales como colectivos.


Si la Democracia pierde esta partida, es buena hora para preguntarse por qué la perdió; y siguiendo en la misma cuerda, si no sería porque los democráticos la debilitaron, que al fin y al cabo ella es una abstracción y sólo existe en aquellos que la realizan en forma concreta. Lo primero que esto puede traer es una contracción del mercado, que no lo matará pero sí excluirá a los torpes que lo saturan con su arrogancia; y ya eso es tremenda ganancia, porque despejará el ambiente para los pioneros, que deberán recurrir a su interés más profundo para mantenerse a flote. Si Dios quiere, el encarecimiento del mercado impondrá una aristocracia del dichoso uno por ciento; a la que sólo removerá el otro noventa y nueve cuando se reorganice en una nueva clase media, que nunca hasta hoy ha sido formada por las dádivas de ningún gobierno cuando ha sido consistente. Hasta el sol de hoy, la dadivosidad económica y tecnológica sólo ha servido para la creación de feudos determinados por la corrupción; sólo la necesidad puede obligar al movimiento, mientras que la expansión incontrolada suele estancarse en su dinámica de burbujas.


Es poco probable que los mentecatos que hoy abundan estén dispuestos a gastarse su dinero haciéndose los sublimes; normalmente fingen el altruismo para sacar los dividendos que ello conlleva, y que sólo secundaria aunque seguramente redundan en beneficio económico, en la corrupción del clima de negocios por la dichosa mentecatez. Es en esto que cree un Anarquismo Conservador, sin las truculencias retóricas del Libertarismo falso; y que suelen esconder esas malévolas dictaduras de la mayoría, que suelen ser peor que las de la minoría porque ni espacio dejan para la autoexclusión.

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