Wednesday, January 25, 2012

Ventajas nutritivas de la SOPA-II

Si se impusiera el derecho de propiedad en el mundo virtual, como en el otro, no se podrían usar contenidos libérrimamente; es decir, el mercado se desaturaría, sacando a los que no están dispuestos a invertir por cualquier razón. Los creadores serían así más respetados y tendrían armas reales para negociar sus productos sin competencia desleal; porque no se podrían usar contenidos ajenos sin un acuerdo [legal] previo, que respondiendo al interés tendría un valor transaccional concreto. En un mundo donde la lealtad y la honestidad no pueden garantizar las transacciones en justicia, algún valor habrá que convenir en este sentido; y este es el dinero, siquiera como esa ilusión que en verdad nadie rechaza, y que da consistencia al mercado como garantía sobre el interés real.

El libre acceso derriba este valor y por ende la justicia necesaria, que está basada en el derecho de propiedad sobre bienes y productos; como en las economías socialistas, que son en verdad capitalismos de estado en una receta para la depreciasión incluso moral, no sólo económica; de lo que se aprovechan agentes de dudosa probidad [¿Google, Facebook, Wikipedia?] en ese macro capitalismo de las economías microsocialistas. También curiosamente, de esta caterva sólo se distingue el altruismo de Wikipedia, por ser el más consistente; pero que aún así responde al ilustracionismo moderno, con su falsa premisa de igualitarismo e indiscriminación, que nos fuerzan a todos al colectivismo con su dictadura de los de abajo y la falsa modestia.
Los últimos acontecimientos del entorno de la antigua Cuba Inglesa, en la bologosfera cubana, demuestran esto último; primero, el nivel de hipocresía de la llama derecha de la cultura cubana del exilio, que ya es conocido pero otra vez queda patente, como lo más patético que ha dado el mercado en Think Tank. Basten de ejemplos, aunque innecesarios, los oportunistas llamados al inclusivismo, que son por naturaleza igualitarios; pero donde lo más interesante no es eso, sino su incapacidad para invertir responsablemente, en una cuasi disposición constante el fraude.

Si algo merece revaluación en esas legislaciones propuestas, es la adjudicación de la responsabilidad legal a los proveedores de soporte y no a los usuarios, que son los verdaderos proveedores; porque el esquema de mercado está invertido por la demagogia populista, trasladada a la realidad virtual desde la cultura, y de procedencia estrictamente moderna con su falso hedonismo, que no es más que inconsecuencia ética. La responsabilidad ciertamente debería recaer en los gobiernos, por más que esa posibilidad resulte terrorífica; no por justicia sino por problemas de factibilidad, que, en definitiva, a mediano plazo vuelca sobre los productores reales la responsabilidad legal por el ejercicio de la justicia, en su denuncia legal.

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