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Sunday, October 20, 2024

Así habla el tío, reseña introductoria

Este catauro mayor de Jean Prince-Mars fue publicado por el Memorias del tintero, explicando su función sintetizadora; por la que aún con valor político, es en verdad una comprensión de la política en su valor antropológico, no ideológico. Eso la establece ya como la actualización y adecuación de todas las referencias en este sentido, desde Antenor Firmín; que las establece como principios mismos del humanismo, pero que Mars aplica a la singularidad haitiana.

En ambos extremos está el desarrollo de esa comprensión de lo negro como naturaleza, en la Negritud como posibilidad; que propia de Occidente, es adecuada en sus excesos idealistas, por la practicidad realista de la cosmología africana. Hay que tener cuidado con esto, pues hay muchas acepciones de Realismo, la mayoría de corte fiolo materialista; pero aquí la noción de realismo se refiere a la realidad —o lo real— como último de toda reflexión, distinta de su determinación trascendente. Es de ahí que se entiende a esa cosmología negra como un nuevo pragmatismo, pero ya práctico en el realismo; no idealista, como esa falta de Dasein de la tradición que opone en su incorporación, como occidental.

Mars comienza su tratado con preguntándose si el cuerpo de las tradiciones haitianas son propias o asimiladas; esto le permitiría establecer qué tan consistente es esa singularidad de su cultura, y por tanto du valor, si alguno. El libro se propone entonces una indagación, que permite este desarrollo probabilista del realismo, en su acercamiento pragmático; evitando los errores del positivismo extremo, que no diferencia entre apariencia y realidad, o de hecho disuelve a la una en la otra.

Por supuesto, nada de eso es posible si se ignora esa densa extensión de la ilustración haitiana coronada por Mars; sobre todo si se parte de un acercamiento condicionado como el de René Depestre, que precisamente despide a la Negritud. Pero eso tampoco tiene la fatalidad insuperable del oráculo, pues Depestre es sólo un muro ideológico y no filosófico; más allá de él, el arcoíris del comunismo disuelve su ilusión óptica en la realidad haitiana, y esta es narrada por Mars, no por él.

El análisis de Mars es agudo, usa un principio de discriminación en vez de suma infinita para organizar este cuerpo; partiendo de una exigencia de racionalidad idealista (Leibniz), que le garantice la de su comprensión de lo real. Es este el tipo de sutilezas que resuelve el culturalismo como realismo práctico, en su pragmatismo reflexivo; el aporte de Mars es así de corte filosófico, con la adecuación del pragmatismo trascendental (Peirce) en Du Bois; que ya aquí es inmanencialista, y con ello más eficiente en su probabilismo, como base realista del pensamiento negro.

Al racionalizar este cuerpo de tradiciones como folklore, Mars distingue el análisis de las masas del de las élites; optando obviamente por el popular, que en su pragmatismo extrae el desiderátum de toda tradición, incluso las ajenas; apropiadas en su practicidad y no por su necesidad aparente, en una función entonces existencial antes que política. La negritud es importante aquí, porque es esa cosmología africana —no el idealismo— lo que permite este realismo; esta es lo que pervive en la tradición, y no —aclara Mars— como vestigio del pasado, sino en la actualización de los principios funcionales de la estructura social, como cultura.

El defecto occidental es desconocer esta naturaleza cultural, resolviendo dicha estructura en su expresión política como determinación; con lo que provoca la crisis del humanismo moderno, desde su origen en el cristianismo medieval, que invierte ese orden. La ilustración haitiana —como de la negritud— es el esfuerzo por revertir este desorden, que es la entropía de Occidente; con una renovación de su estructura, con esa contracción a los principios funcionales en que se organiza.

Tuesday, July 23, 2024

¿Harris para presidente?

Quien piense que conoce a Kamala Harrys está equivocado, porque ella no ha tenido la oportunidad de proyectarse; su período como vicepresidente no era esa oportunidad, sino sólo de cimentarse y trazar alianzas. Esa de hecho puede ser su fortaleza, ante un candidato republicano que es temible por esta incapacidad; ya que la política, por concernir a toda la sociedad, es el arte de la negociación, no de la iluminación personal. 

Lo cierto es que Harrys sobrevivió a la espesa vigilancia del partido demócrata, haciéndose el candidato viable; una destreza que incluye la fuerza, y sobre todo saberla manejar en la medida adecuada, con control de daños. Añádase a eso la habilidad con que vapuleó a Biden en los debates presidenciales, haciéndose tener en cuenta; cuando este era un político experto, sólo ninguneado en su mediocridad por el carácter corporativo de su partido. 

Eso es importante, Biden sólo ganó la presidencia por el apoyo en Kamala Harrys, con la abierta Operación Floyd; sólo por eso pudo superar a Trump, por estrecho margen y sin mandato real, mostrando su debilidad. La presencia de Harrys en la vice presidencia fue silenciosa, pero eso puede indicar más astucia que torpeza; sobre todo en una estructura tan férrea como la del Partido Demócrata, que desconoce la individualidad política.  

De hecho, nadie o pocos conocían a Obama antes de postularse a la nominación por el partido, y así se impuso; y si fue decepcionante es por las concesiones que tuvo que hacer para penetrar la estructura, demostrando su genialidad. El problema de Obama era sin embargo su piel, convirtiéndolo en el precedente necesario; que así preparaba el terreno —más allá de sus propias pretensiones— para otros desarrollos en el esquema general. Uno de estos desarrollos puede ser Harrys, con el otro precedente de ser la primera mujer presidente; de conseguirlo, habrá desplazado definitivamente a la Clinton, la heredera desheredada, mostrando su habilidad y resiliencia. 

No debería esperarse mucho de un período presidencial de Harrys, ya es bastante duro que siente un precedente; pero aun así puede dar sorpresas, con esa astucia con que ha podido negociar su ascenso a la cumbre del partido. Ella capitalizó el apoyo sobre humano de un sector específico, no deslumbró a la humanidad como el carismático Obama; eso le da el margen para trabajar en equipo, que definitivamente sabe manejar; una dificultad que Obama no pudo superar, exponiéndose al pulso de la Pelosi, en el resentimiento que creara con Hillary. 

Eso es importante, el estado del Partido Demócrata es tan crítico como el del Republicano, pero ella puede renovarlo; mientras el otro sólo puede continuar su decadencia, en manos de un dictador menor, que sólo tiene su indiscutible genio personal. La misma maniobra de asegurarse la permanencia con un vicepresidente inelegible —como Vance— hace más temible a Trump; que repitiendo la estrategia de su período anterior —con Pence—, muestra su incapacidad para la negociación.  

Hay que ver qué puede hacer ella efectivamente, pero definitivamente puede hacer algo, si ha llegado hasta ahí; ese crédito lo tiene en el sólo hecho de haber atravesado estoicamente la presidencia de Biden, con todo su desdén de hombre blanco. También habrá que ver cómo navega el mar de la política internacional, con la presión armamentista detrás; entre las pruebas pendientes, tiene al ala izquierda —con la que Biden pudo pulsear— vociferando contra Israel; también la guerra en Ucrania, el conflicto de Taiwán y la centralidad del liderazgo de Estados Unidos en la OTAN. Pero es probable que el Partido la exima de este esfuerzo, con una asesoría valiosa, efectiva y siempre necesaria; después de todo, es una broma pensar que la política exterior no corre por cuenta del Consejo de Relaciones Internacionales.  

Harrys en todo caso es un activo valioso para todas las partes en conflicto, y merece la atención que requiere; sobre todo por el respeto que impone para los que la apoyaron, dejando claro que no aceptarían su desplazamiento. Es ese juego de intereses ciertos, y no de abstracciones y mezquindades, lo que hace real a una política de estado; y esta es la primera vez que se da, siquiera potencialmente, desde que Reagan y Clinton nos precipitaron al neoliberalismo. 
Como prudencia, yo recomendaría gastar el voto en un movimiento lateral como Cornel West, el Trump liberal; que no va a ninguna parte, pero es una referencia, recordando al sector tras Harrys que el país es más grande que el partido. También es una buena maniobra, que da a Harrys el tiempo de manifestarse, pero también la exige que lo haga; pues el voto no es un acto de fe sino una negociación con poder propio, y no hay que dar mandato hasta que este muestre su valor. 


Wednesday, April 17, 2024

De la serie Georgina Herrera II

Sobre la cuestión racial en Cuba, hay que recordar que no se la conoce directamente, sino a través de su gobierno; cuya proyección es necesariamente interesada, por su naturaleza ideológica desde su misma práctica política. Esto funciona así incluso internamente, con una población meticulosamente educada en función de un mito fundacional; que interpreta la historia —y organiza ese mito— como su propia justificación trascendente, desde la hermenéutica defectuosa del materialismo dialéctico[1].

El problema con esto es la reducción de los fenómenos en términos absolutos, como nada lo es en la realidad; lo que es grave, tratándose de conceptos porosos como el de racismo, en toda su variación de Cuba a Estados Unidos. En este sentido, la afirmación de Cuba como el país más racista del área antes de 1959, es tendenciosa[2]; obviando la excepcionalidad etnográfica estos países —en un Caribe genérico—, incluyendo el racismo mestizo en Haití y Jamaica.

Desde ahí, hay suficientes incongruencias en esa proyección gubernamental, como para dudar de estos parámetros; como la configuración racial de su clase dirigente, o la vigilancia de las las élites intelectuales extranjeras y la propia. Esto es especialmente importante respecto al problema racial, porque lo constriñe a esta proyección gubernamental; que siendo racialmente definida por esa abrumadora mayoría blanca de su dirigencia, repercute en esta inconsistencia suya.

Lo llamativo en este caso sería la voluntad que esas élites extranjeras, al asumir esa proyección como creíble; toda vez que nunca sobrepasa los límites marcados por el gobierno en su política cultural, como vigilancia de hecho policial. Esto puede ser comprensible en el caso afro norteamericano, por el beneficio del apoyo político de ese gobierno; que sin embargo, no excede el refugio territorial a sus combatientes extremos de la lucha por los derechos civiles; pero fuera de lo cual se reduce a una retórica sin frutos, propia de su mismo enfrentamiento con el gobierno norteamericano.

Esa solidaridad sin embargo, sí excede ese intercambio interesado y comprensible de los afro norteamericanos; y permea la política del Caribe negro, sin que siquiera pueda explicarse en un intercambio de ese tipo, más allá de la misma retórica. Así, la comprensión del problema racial cubano debe construirse desde la base, porque su tradición fue interrumpida; lo que de hecho le permitirá una mayor objetividad, a proyectarse incluso transnacionalmente, en una madurez del fenómeno; reconociendo el problema como cultural antes que político, en su proyección popular —no del décimo talentoso—.

Después de todo, lo que habría distorsionado esta comprensión del problema es este elitismo intelectual suyo; incluso como justificación de clase en ese elitismo, que es siempre de una clase media superior —como falsa burguesía[3]— y nunca popular. Esto por supuesto es una contradicción, como las muchas que pueblan todo desarrollo histórico, en su puntualidad; como un círculo vicioso, por su trascendentalismo histórico, que sólo se rompe en una circunstancia excepcional.

Este es el caso del arte —sobre todo la poesía— por la inconvencionalidad existencial de su reflexión de lo real; que le permite esa circunvalación de toda convencionalidad política o ideológica, en su existencialismo. Por supuesto también, eso sólo en tanto el arte no pierde su carácter popular, y rehúya esa convención especial de la ideología; que como falsa experiencia existencial, impone desde lo hermenéutico esa convencionalidad de lo político. Este es el valor del trascendentalismo en Georgina Herrera, reteniendo lo existencial en su subrepticia marginalidad; como el referente inmediato de su inmanencia, que así no hay que buscarla en la consistencia aparente de lo ideológico.

Esto permite a Georgina escándalos como la identidad con héroes dudosos como Nzinga Mbande, impensables en la ortodoxia teológica; o su compleja concepción de la maternidad, que incluye el desdén a la mujer estéril y la violencia de su propio poder. Corrigiendo entonces los excesos del materialismo histórico, la trascendencia es una condición de lo inmanente; con toda trascendencia como una experiencia existencial antes que política, como en este caso de Georgina Herrera.



[1] . Cf: Introducción a la trialéctica de lo real y la cuestión tricotómica, en Elenigma Morúa Delgado.

[2] . Se trata de una reducción clásica, contraponiendo al negro como popular a la burguesía blanca; partiendo del mimetismo de la alta y mediana burguesía, respecto al segregacionismo norteamericano; pero obviando los espacios marginales, en que negros y blancos trasegaban comportamientos, al punto del mestizaje general de la población. // Cf: Manuel Granados, Apuntes para unahistoria del negro en Cuba.

[3] . Se trata de la clase media superior como falsa burguesía, que es falsa en tanto no se establece como clase por su poder de producción sino de consumo. En este sentido, es especialmente chocante el desdén con que critican los trabajos manuales y de servicios a que se ve obligado el proletariado; cuando como identificación de clase —y desde la llamada moral socialista—, estos deberían ser los privilegiados, mostrando su inconsistencia.

Thursday, June 16, 2022

El problema hermenéutico en la filosofía moderna

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El problema con el racionalismo, sería su recurrencia a la lógica lineal del recto sentido y su positividad posible; en vez de acudir a la circularidad de la representación analógica —que es de hecho la natural— en que se basan incluso los conceptos primarios de Bien y Mal. No hay que olvidar que, en definitiva, el dualismo es una reflexión sobre problemas concretos, pero elevados a nivel de absoluto; cuyo rigor era sólo reflexivo, pero descendidos a nivel práctico por el reduccionismo —originado en el monoteísmo egipcio— de la diáspora judía en Babilonia.

A su vez, el problema con esta lógica lineal no sería siquiera que sea errónea, pues no hay nada de suyo incorregible; y de hecho, en tanto valor artificial, la razón —como el recto sentido— también cumpliría una función referencial. El problema es la distorsión que introduce en el pensamiento político, como determinación desde su espectro hermenéutico; y el problema es así no sólo profundamente filosófico, sino también práctico, afectando la noción del Ser en su realidad existencial.

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Eso, aunque inevitable en principio, conduciría a una crisis de sentido, que es en lo que se introduce la distorsión; porque el problema nace con la relación directa entre acto y potencia, en el determinismo del bien y el mal. En este sentido, habría que tener en cuenta que se trata de arquetipos de valor convencional en su función reflexiva; y eso querría decir que tanto el bien como el mal, en tanto valores  de referencia, son absolutos no relacionables; que sería de donde provenga la primera contradicción de la dogmática cristiana —por ejemplo—, sobre la eternidad y naturaleza del mal.

Esta hermenéutica surge con la edad del hierro, que recién culmina en la tercera revolución científico técnica; por eso es comprensible, tanto como difícil de superar en las dificultades que plantea con esta naturaleza suya. El problema real entonces, como dialéctico, sería de esta naturaleza no lineal sino helicoidal del desarrollo; y que se traduce en una relación no determinista sino probabilística, entre las nociones mismas de Acto y Potencia.

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En su sentido práctico, estas nociones de Acto y Potencia, serían además más consistentes que las de Bien y Mal; planteando una relación más funcional y práctica entre sí, en tanto carecerían del valor absoluto e irrelacionable de las otras. La potencia, contrario a lo establecido, no puede ser “lo que debe ser”, dado a su vez por la determinación moral; porque eso permanece en el ámbito del conceptualismo y la especulación, sin traducirse nunca en una realidad concreta.

La potencia sería aquello “que puede ser” o que “es probable que sea”, con independencia incluso de la moral; que a su vez tiene una función propia, en la censura o estímulo de eso que es probable que sea, pero no su determinación. Esto permitiría el desarrollo de un pragmatismo, haciendo más eficientes las proyecciones políticas y en ello las prácticas existenciales; de modo que la cultura no estaría constreñida en el determinismo ideológico de la tradición idealista, como ocurre desde San Agustín.

Ateniéndonos a una función hermenéutica de la religión, este habría sido el problema planteado por el arrianismo; al no comprender el carácter superpuesto de la realidad (creación) como estado, en sus determinaciones. Eso incluso estaba planteado en el Órganon aristotélico, como el esquema de la determinación de la substancia; que es además la base de la lógica en la gramática y no en la matemática, justo como corrección del determinismo con que Platón inaugura la tradición idealista.

Los árabes que asombraron en la matemática, se esforzaron inútilmente en ordenar este esquema aristotélico; porque como antes con Arrio y los matemáticos modernos, no alcanzaron a comprender este origen. Después de todo, este es el período que comienza con la edad de hierro y va hasta las revoluciones científico técnicas; con la organización del pensamiento filosófico en su propia suficiencia, lo que es ya una apoteosis sublime.


Thursday, March 31, 2022

kontoria kuako! ¡kunankuako! ¡kumanguako! -III

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Lo malo con los gobiernos autoritarios, es que no necesitan dar órdenes explícitas para caer en los excesos; son entidades más o menos abstractas, a las que basta la voluntad de ascenso del eunuco en el sistema de representación. El fallo entonces proviene de que se trata de una supuesta supremacía moral, que legitima todos sus actos y los hace incontestables; y desde ahí, es probable que fuera el intento de un gambito espectacular lo que empujara la deslealtad de Roberto Zurbano, tratando de desplazar al hijo de Georgina Herrera.

La ganancia es (era) obvia, tratando de legitimar tras la poética el valor político práctico un ascendiente moral; asentado sobre el sector social más depauperado del país, con la representación de la poeta negra en el iconostasio nacional. En definitiva, es cierto que ese iconostasio está resentido desde la pérdida de Nicolás Guillén y su himnario revolucionario; perdiendo la influencia sobre ese sector, que se haría de nuevo accesible en este acto de prestidigitación.

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Esa fue la estrategia de apropiación del apóstol nacional, engarzando las luchas independentistas con el fraude revolucionario; pues no otra cosa fue el discurso de los cien años de lucha, tapando la discontinuidad de una tradición fratricida y gansteril. Otra vez después de todo, esa fue también la función de Walterio Carbonell, deslucido con el paso del tiempo; pero renovable con una figura que atraviesa toda la interseccionalidad de esa cultura nacional, y que como poeta supuestamente aguantaría toda exégesis.

Sólo que —como siempre— no contaron con la estrambótica realidad, en el hermetismo de una cultura singular y compleja; porque a diferencia de la occidentalidad eurocéntrica del apóstol, la de Georgina Herrera es Gino afro céntrica; y eso es más complicado, perteneciendo al margen, que rebasa con sus aguas toda limitación y convencionalidad. No será casual que Georgina se identifique con Yemallá, cuyas aguas se levantaron contra toda convención; pero sin que sea toda la UNEAC ni el MINCULT autoridad que emule le de Obatalá, para reducirla al orden.

Por encima de todos, Yemallá —y Georgina en ella— es la naturaleza como realidad, incontenible, incluso si encausable; como un río —pero es el mar—, al que hay que tener cuidado en cómo se le tuerce, porque se lleva el canal por delante. La mano terca del mal puede incluso forzar ese gambito de reina, manipulando el favor de la academias norteamericanas; pero eso sería una victoria pírrica, y tarde pero seguro se verá la desproporción de los costes, arrastrando a esa academia en su propio descrédito.

Ese es el problema de base tras el problema cubano, de naturaleza epistemológica incluso antes que moral; siendo por ello un problema práctico, aún si tiene una naturaleza abstracta, en tanto proyección política. El secreto aquí es que tras la naturaleza humana, es la misma realidad la que se continua a sí misma; por eso, obedece a leyes propias y no exactamente humana, como ha podido probar la historia hasta el día de hoy.

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Lo que impide esa comprensión —de sentido común—, sería la mayor precariedad política de los negros; que mal representados en su élite intelectual, se ven forzados a una negociación difícil, con un enemigo que no negocia. Es aquí sin embargo donde la poeta les brinda arquetipos referenciales, más bellos y dignos que su burla manipulación; como la Doña Ana de Souza de su canto de amor y respeto —nunca prisionera—, o la Fermina Lucumí de —para la que todos los bocabajo fueron pocos—, o ella misma, elogio de su elogio más grande.

Sólo la arrogancia obtusa, que emana de la abstracción institucional en forma de dogma moral, puede no verlo; incluso si esa obstinación se manifiesta en negros prestos al servicio, infiltrados en el cabildo para denunciar el palenque. Sólo esa arrogancia pudo subestimar la voluntad, tras la apertura flexible y la capacidad de negociación; como sólo esa arrogancia verá los estropicios que causa en su propia torpeza, arrastrando consigo sus propios vicios y sirvientes.


Saturday, March 19, 2022

En el aniversario de Georgina Herrera

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El 23 de Abril será el un aniversario de Georgina Herrera, y es probable que dejen a Roberto Zurbano a cargo de alguna celebración; después de todo, ya tuvieron esa insensibilidad con la presentación de su documental, después del desplante de su maternidad con su muerte. No obstante, igual que esa arrogancia e insensibilidad institucional, la obstinación del ofendido va a reclamar por el atropello; y día llegará en que —desechados ya otra vez por esas mismas instituciones— los negros cubanos tengan que enfrentar su poca dignidad y desvergüenza.

Lo que Zurbano mostró a la muerte de Herrera, es la falencia con que el problema negro cubano desagua su legitimidad; cambiándose por los espejismos de una visibilidad, precaria en tanto condicionada por una obediencia que ni se preocupa por la fidelidad. Pensar que esas instituciones no saben de esa vaciedad tan moral como política, es subestimar a las dos partes de esa pugna; como ilustración de la torcedura que todos infligen a la cultura cubana en general, y a sí mismos como parte de ella.

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Ya esas instituciones probaron al mismo Zurbano su propia precariedad, cuando se atrevió a un tímido “con permiso”; y es absurdo no ver que esa amenaza se mantiene sobre su cabeza, aunque eso signifique que pase su humillación sobre otros negros, con ínfulas de contra mayoral. No obstante, aunque protegido por ahora en esa aparente invulnerabilidad de su gobierno, día llegará —como para todo— en que su abuso salga a la luz; terminando por perder la poca legitimidad que aún pueda aparentar, y que —como el aché— sólo yace falta tenerla para perderla.

Claro que todo eso se puede evitar, con el buen tino de un bajo perfil, que diluya su manipulación y prepotencia; aunque eso es poco probable, no sólo por su propia soberbia, sino también por el empuje de esa cultura política e institucional que lo empujan. Eso, de todas formas, es lo que un día va a caer, como todo en esta vida, sujeto a la esclerosis con el tiempo; dejándolo expuesto y desvalido, con todas sus vergüenzas y desvergüenzas al aire, que es por lo que mejor optaría por un bajo perfil.

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Después de todo, no hay universidad en todos los Estados Unidos con muros que no pueda cruzar la prensa; sobre todo si el origen de una historia está fuera de ellas, como en este caso que hasta lastra el caso negro cubano. Este daño no es únicamente político, sino también onto y antropológicamente, haciéndolos irrecuperables; porque más allá de ese interés está la viabilidad práctica y existencial, con que todos ellos deben verse la cara en sus propios espejos.

Incluso cuando, dañado por el peso ideológico, toda esa prostitución logre imponerse y salirse con la suya; aún ahí sólo estaría evidenciando su debilidad, que por ser estructural sería lo que los hace irrecuperables. No por gusto, en refrán religioso, una de las más temibles diosas advierte que a veces el que gana pierde; aunque sólo sea porque pierde la dignidad personal, que es la única falta que no perdona un dios.

Monday, March 14, 2022

Oppiano

 


Friday, December 31, 2021

Georgina y el tigre, durmiendo juntos: Balada de Roberto Zurbano

 

Wednesday, December 22, 2021

Elogio grande por mí mismo

Sobre un poema de Georgina Herrera


Yo soy el ofendido, el ultrajado, el vendido

Por sus hermanos celosos y mezquinos;

el que lo ha perdido todo, al que todo

se lo han quitado con esa fiereza cruel

de la debilidad y el miedo ante la grandeza.

Mi madre ha ascendido como el incienso,

pero todos sabemos que la misa es vana;

ella permanece en la misma oración que le eleva

aferrada al fiel, que sabe su amor.

Oh, yo, el que creció entre hombres

maravillosos y negros, brillantes y bellos,

anunciados por fanfarrias de oro

—que desplegaban sus porvenires púrpura

como la sangre de los antepasados—

pero que luego mostraron la espalda hueca

de santos de madera del templo.

¡Ay, nada duele tanto como la traición

de negros que roban a los negros

el tesoro preciado que acariciaban;

pero yo soy también el más fuerte,

el que persiste atravesando ese dolor

del vacío, perenne más aterrado

de tanta luz.


Friday, July 12, 2013

El placer prohibido de Andahazi

Por razones de semiología, la literatura hasta la épica clásica [griega] y la tragedia tuvo alcances de reflexión ontológica; una característica que desaparecería al momento de la gran literatura latina con sus novelas pastoriles y su poesía sentimental, aunque no con sus residuos épicos. A esa tradición pertenecen colecciones ya clásicas, como Las mil y una noches y el Decamerón; incluso la Divina Comedia había renunciado a esa comprensión trascendente de la realidad, aun si lo que interesaba de esa realidad era justo su trascendencia. 

A esta tradición pertenece también la literatura de Federico Andahazi, que hasta rehúye el monumentalismo y se dirige a una relación más inmediata con el conocimiento; un arte de contar historias que lo hace diáfano y directo, completamente funcional y muy entretenido, que es de lo que se trata con contar historias. Es así que ahora Andahazi trae un Libro de los placeres prohibidos, publicado por el poder editorial que es Planeta; y en el que juega con más de una sorpresa para el despreocupado lector al que se dirige, y que es el circulo amplio de los oidores de historias. 

Primero, y consciente o no, El libro de los placeres prohibidos es una parodia —incluso puntual— de El nombre de la rosa de Umberto Eco; en el paralelismo yace gran parte de su efecto dramático, aun —hay que repetirlo— si no hubiera sido intencional. El contraste es además divertido y perverso, recreando la religiosidad del ambiente original en los paganos cultos del sexo en un lupanar exquisito; e igual se trata de una pesquisa, desatada por los sucesivos asesinatos de las privilegiadas que logran acceder —en el mismo orden sucesivo— al escondido libro de los arcanos del placer; que en el platonismo intelectualista moderno rechaza la aridez del conocimiento, pero que en la tradición bíblica equivale al mismo justo en su sentido explícito de sexo.

Ese contraste es, encima de todo eso, brillante, si al antagonismo de un monje cascarrabias que esconde el libro, se opone la matrona feliz que lo prodiga; igual que en el primero [Eco] los que accedían al libro lo hacían ilegalmente, mientras que ahora este acceso es iniciático y apoteósico, y tiene que ver con la realización profesional. Los paralelismos incluyen la desmitificación prolija de aquel mundo de los copistas, que debían ser ágrafos; despojándolos del falso romanticismo modernista que los hacia depositarios y transmisores de todo el saber posible en el mundo, y que realmente desconocían. 

Quizás lo más esplendoroso de todo eso sea el aire de sacralidad que se insufla al sexo en este libro de Andahazi; como una vindicación plausible, aun si algo forzada, de aquella religiosidad natural de los antiguos. Contrario a Andahazi, Eco [Umberto] gustaba de la literatura monumental y ontologista; pero de otro modo este contraste tan simétrico no habría sido posible, y es como una finta que devuelve el atrevimiento original con Borges, el patrio de Andahazi y maestro de todo monumentalismo.





Tuesday, December 25, 2012

De los tipos de escritor [frag.]

... Mas, cómo sobrevive el poeta a su mediocridad ambiente, cuando es su sacerdocio la presa anhelada por esa terrible mediocridad, que tanto glamour y statu concede; es ahí donde se reclama el rigor ético a niveles obnubilantes, como los del monje del desierto; porque la batalla es final, no se presta a negociaciones que sólo le diluirían la grandeza. El problema, como de Ser o noSer al fin y al cabo, es ético, porque exige el valor de proclamar la desnudez del rey; en un mundo que, democrático, consiente en derribar parámetros para que todos quepan. Este elitismo visceral que se reclama no sería un imperio político, que en eso recuerda el reclamo del Cristo, cuando dijo que su reino no era de este mundo; y en esa naturaleza convencional sería mediocre como todo el que le antecedió y trajo estos lodos, como todo polvo; pues, como dijo algún poeta, la gran frustración del Cristo es que no pudo salvar a nadie de su mediocridad. La diferencia, sutil, se insinúa en la comprensión del trascendentalista para con el inmanentista; que éste sólo devuelve con la grosería de su propia pequeñez y mezquindad. Es decir, puede el monje preocuparse por el Bien, la Verdad o la Belleza; eso poco importa, mientras se mantenga en su trascendencia y en ella se obnubile a sí mismo; pero en cuanto su preocupación sea la armónica mediocridad con que venda su glamour como mística; en cuanto obtenga a cambio las monedas del éxito y el poder; entonces ya sabe que la lucha la ganó su más absoluta inmanencia, su tan grosera bestialidad.

Tomado del libro Maudits!, próximamente en Kindle

Monday, December 24, 2012

Prometheus

Si algo tuvo de encantador el filme Alien, fue el horror inexplicable y gratuito; como Los pájaros del inestimable Alfred, al que bastaba su dramaturgia del espanto. La extensión de Alien en una secuela le restó ese brillo singular de la primera, en favor de una tesis intelectualista; pero a cambio se asentó en esa justificación que cohesionaba la saga como una metáfora [recurrente] de la lucha entre el Bien y el Mal. Nada más emblemático que el final de la tercera película de la serie, en que la protagonista descubre que ni ella ha escapado; nada más patético que el heroísmo con que se inmola aferrándose al Mal, que quiere salvarse [sobrevivirla], pero al que obliga a irse con ella.

Prometheus se desentiende de todo eso, incluso como precuela de toda la saga; el drama inicial es otro, con otra tesis en discusión. Para Prometheus, Alien es una derivación accidental en todos los sentidos; aquí la tesis es el origen de la humanidad, con todo y su justificación en los antiguos mitos. ¿Por qué tirar por la borda la saga terrible de Alien y mantenerse como su base argumental?, imposible y probablemente inútil saberlo; esta otra historia tiene sus propios y [muy] desiguales méritos, desde la estética y la truca espectaculares a las inconsistencias más horribles en su dramaturgia. Un libreto lleno de referencias intertextuales que aluden a todo sin discriminación, permite y necesita las acciones más arbitrarias en un impensable equipo espacial; mientras el maquillaje es tan burdo en uno de los personajes, que en algún momento puede confundirse con un extraterrestre. También los extraterrestres, con movimientos tan pesados como escenarios e indumentaria que los hace extrañamente primitivos; cuentan entre las inconsistencias con un sistema de oportunos e inexplicables hologramas que guían involuntariamente a los humanos. También el androide, que parece esforzarse por distanciarse de aquella sutil objetividad y funcionalismo del de Alien con su ironía, tan amarga y extraña como constante.
El quid quizás sea el carácter predatorio de esa especie extraterrestre, sólo que a extremos absurdos por lo irracional; pero recordando a todos, un poco forzadamente, que el avance tecnológico no es signo de evolución espiritual, como demostramos los humanos de continuo. Por otra parte, la idea de la implantación genética es interesante, y probablemente el único acierto; no contradice ni por un punto los conceptos darwinistas ni los creacionistas, y alcanza a unificar todos los mitos terrícolas con su adecuación antropológica.

Saturday, December 15, 2012

Mucho eco y pocas nueces

Arte y belleza en la estética medieval es un libro intermedio para el nivel de Umberto Eco; muy bien escrito, pero con una prosa funcional y sin sorpresas [español]. El libro es original, porque en principio no es un tratado de semiótica al uso, sino que se trata de una sistematización muy completa de las corrientes y teorías medievales en el área del conocimiento. Ofrece mucha información y sobre todo la contextualiza muy bien, mostrando el rico repertorio de las referencias culturales del Medioevo.

No obstante, hacia la segunda mitad y definitivamente en el último tercio, el libro deja de ser una investigación sistemática para convertirse en uno de esos tratados muy especializados y áridos. En este punto se hace extremadamente denso y pierde atractivo para aquellos que no sean estudiantes de semiótica. Es como pasar de El nombre de la rosa y Baudolino a una manual de epistemología. Aunque la primera parte es muy interesante, hay muchos libros que lo hacen desde hace mucho y sin los defectos de la segunda parte; que quizás después de todo no sea exactamente un defecto, sino un interés expreso de su autor, profesor devenido en autor de casi culto pero en otros tiempos.

Wednesday, December 12, 2012

Lectores / e-readers

Dada su relación con el desarrollo de las tecnologías, la imposición de la lectura electrónica es sin dudas un fenómeno generacional marcado por este crecimiento de su mercado; y por tanto quedaría un margen obviamente también generacional, en el que desarrollar aún libros tradicionales. No obstante, hay algo de fascinante en la aventura de los nuevos medios de publicación; como por ejemplo, la sorpresiva posibilidad de saltarse incluso el e-reader o lector electrónico, y leer en soportes comunes como el teléfono. Lo sorprendente en este caso no sería la poca duración del mercado de lectores, sino la corrección cultural que implicaría; pues superada la dificultad [postmoderna] del libro como fetiche, la cultura del libro retornaría a su función inicial. A eso se añadiría que dicha funcionalidad sí sería efectiva esta vez y no tanto en aquellos inicios, dados los costos en ambos casos; que no sólo se refieren a los recios del aparato sino también a su valor [ampliado] de uso y funcionalidad no especializada.

Aún, quizás el aporte más significativo y su mejor promesa no sea esa sino la desvandalización del mercado literario; desplazando al mequetrefe con su cultura de tertulias y manierismos a donde no estorbe el crecimiento necesario de una naturaleza realmente intelectiva de la cultura. El libro tradicional sin dudas tendría futuro en este mercado, y justo por su valor objetual; pero que no tiene nada que ver con el uso cotidiano y funcional, sino como extrañeza artística de la artesanía.

Monday, December 10, 2012

De la Belleza

Independiente de lo que depare y signifique el calendario maya, es obvio que la cultura moderna se aboca a un cambio de paradigma; no ya en ese sentido apodíctico e la decadencia, aunque este es válido en tanto relativo y funcional; pero sí en lo que concierne a las relaciones con que se organiza la cultura, como naturaleza propia y específica de lo humano. En este sentido, la caída del Ilustracionismo como paradigma es probablemente lo más llamativo; aunque más por servir al arribismo y la charlatanería de una clase pseudo intelectual y populista, que se gloria de su ignorancia. Tal es el caso de la literatura y —¿cómo no?— la estética en general, con su centro en el concepto de belleza y su [posible] función; descreído por tirios y troyanos, aferrados sin embargo al canon tradicional del libro como fuente de prestigio. La paradoja revela la estafa, pero la mentira y la mediocridad no son enfrentables sin daño para el héroe; al margen queda, como consuelo, el retiro voluntario de los brujos, que saben que ya nada será lo mismo ni razón tiene de ser.

En los mitos clásicos, Zeus esquiva ser destronado por un hijo suyo, pero no su propia disolución paulatina; así se repite como una determinación dialéctica, y poco sentido tendrá esquivar el golpe si es la vida —la cultura— quien lo asesta. No obstante, la belleza como valor retendrá su función objetiva, incluso si aún incomprensible para el bardo basto; pero justo por esos modos sutiles que escapan al ignorante, reduciéndolos a una inutilidad lingüística de la filosofía. El error, típicamente racionalista y moderno, se debería a la reducción de lo bello a una cualidad determinada por la percepción; en lo que obviamente sería muy relativa, y sujeta a condicionantes ajenas, como el tiempo y la circunstancia. Sin embargo, desde el origen mismo del tema, con los presocráticos, está claro que la belleza se refiere a la armonía interna de las cosas; y por tanto, como relativo a su estructuralidad, propio de la función relacional de sus partes.

El extremo positivismo moderno sería el que afecte a este tipo de comprensión, por su propio énfasis en lo histórico sobre lo metafísico; teniendo en cuenta que en cuestiones de reflexión, de lo que se trata es del marco referencial como imaginario en que se resuelve; y en lo que sería otra reducción, también típica, que ignora la complementariedad de las naturalezas. Así, desde el realismo crítico en la literatura moderna, paralelo al racionalismo filosófico y entroncado a él por el ilustracionismo; ahí mismo el énfasis habría pasado gradualmente a ponerse en lo que se expresa y no en cómo se expresa, como si fuera posible decir algo distinto cada vez y no repetir historias. La corrección tendría que venir de la antropología, recordando que el arte es una capacidad residual del acto de conocimiento; en tanto es este el que refleja [reflexiona] el mundo circundante, para una comprensión que esquive la gran tautología gnoseológica [H. Maturana]; esto es, la contradicción fundamental, por la que el sujeto cognoscente forma parte de su objeto de conocimiento.

En principio, esta contradicción habría sido superada naturalmente, por el desarrollo apoteósico de la memoria; que posibilitaría por acumulación la consciencia [abstracta] del Ser [concreto] sobre sí, dando paso con ello a la figuración. También naturalmente, la figuración y su consiguiente proliferación de imágenes, habría permitido la disociación y sustitución de significados; algo inevitable ya para la codificación de los primeros sistemas lingüísticos y de representación, que exigen la convención de signos con sentido propio; ero cuando estos sentidos son más prolíficos que las formas disponibles, imponiendo su reorganización constante en sucesivas combinaciones. DE ahí que el sentido primero de los conceptos fuera figurado y etimológico, y que eso sea un fenómeno premoderno [arcaico]; explicando esta recurrencia el análisis antropológico para cualquier comprensión del acto de conocimiento, incluyendo el tan inefable de la belleza…
…pero Dios es más grande!

Sunday, December 9, 2012

Cambio!

Tuesday, April 10, 2012

De profundis

Hay quien canta loas a un poeta muerto, lo que es habitual, sólo lo aprovecha para su propio éxtasis; hay también quien canta victoria apresurado, creyendo que sabe lo que ocurre en el fondo oscuro de un corazón, al que supone bueno o malo. Pocos acogen al muerto como a un accidente en sus vidas y no una determinación, piedra de tropiezo para algunos y sostén de otros; que a su vez, sólo ellos mismos —y sólo a veces— saben lo que significó, y que por eso lo magnifican o empequeñecen. Porque la justicia la administra Dios —cualquiera sea la cosa que eso signifique— y nunca un pobre tipo, sobre todo si piensa que sabe algo; y ante el gesto dramático de la muerte, quizás lo más prudente sea el estupor y el recogimiento, lo mismo si amigo que enemigo o meor rumor; saber, como el árabe, que nunca lo conoció, y que ese misterio es bello en su perennidad, y quizás sea bueno si acucia su curiosidad. Quien apura un juicio no hace sino recorrer su propio equívoco, y quien se piensa pagado vale lo que recibió; la muerte es engañosa, los hombres que fueron no están en las tumbas que pudren sus huesos; están en el recuerdo que dejaron, sea bueno o peor, y eso tampoco importa, si es accidental.

Saturday, April 7, 2012

¿Bohemia, sabía usted que...?

Ya
sabemos que el concepto de bohemia alude a la vida despreocupada que los escritores se empeñan en copiar; es así que el falso romanticismo ha reducido la autenticidad —ingenua pero autenticidad al fin— intelectual a unos cuantos símbolos, como iglesia a su doctrina. Pero el decursar del término es más curioso que el concepto, y también más simple; porque refiriéndose a la región de la relativamente antigua Checoslovaquia, era un término genérico que designaba a los gitanos. Es sabido que, en su mayoría, los gitanos provienen de Europa central; no que sea su origen, sino que es la región en que más se habían concentrado demográficamente, y desde la que se esparcieron al resto del continente. 

Fueron los primeros románticos franceses los que incorporaron el término en su valor genérico, que no el estilo de vida; eso ocurrió después, cuando los románticos posteriores, ya puramente germánicos y sturndrágicos lo asumieron en ese sentido que los marcaría como un sello. De ahí a la majomía tertuliana de hoy día, que en realidad copia a los polvosos cenáculos de que descreyeron aquellos romáticos; pero que para poder autenticarse recurre a ese imaginario a que quedó reducida la autenticidad romántica, que se basaba precisamente en las fuertes y rudas individualidades más que en la cortesanía.

Descubrimientos curiosos y banales como estos, que hacen deliciosa a la trivia, son los que trae la experiencia de traducir clásicos; como el Gaspar de la noche de Don Aloysus Bertrand, que será la próxima entrega en formato electrónico de Ediciones Itinerantes Paradiso; en traducción original y atrevida, que no dudó ante la exigencia del neologismo con tal de salvar la textura.





Thursday, April 5, 2012

El banquete

Recién subido al bookstore de Kindle en Amazon, y ya El banquete superó en apenas dos días la venta de tres títulos; apenas un relato pretencioso, que en su estilo de palimpsesto trata de resumir y sistematizar la estética lezamiana. El experimento fue divertido, con todo y lo problemático de declararse lezamista a estas alturas; pero quizás por ello mismo es el mejor momento, cuando la falta de atractivo temático alejará a los que realmente no les interese ese tipo de literatura, lo que es ganancia. Demasiado tardío para ser homenaje, El banquete es más bien un cumplimiento, una conclusión a ese estilo que surge con los primeros albores renacentistas; para lo que superpone los distintos argumentos con que otros autores ya clásicos aportaron sus propias sistematizaciones de este corte a la literatura. Es por eso que es un palimpsesto, al superponer en un simposio a lo mejor y más granado del criterio literario; pero sobre todo, en un drama existencial, vivido por los protagonistas por cuyas bocas hablaron esos autores.

El banquete es un relato completamente extemporáneo y poco amigable, que trata de resumir una sistematización estética siendo literatura en sentido estricto; para lo que se acomoda en un estilo de palimpsesto, como el que caracterizara a la cultura de los autores de que se vale y que venera. Es en este mismo sentido que resulta extemporáneo, y por ende extraño e inamistoso; en tanto responde a una sensibilidad cultural distinta de la contemporánea, y de marcado carácter libresco, en apogeo hasta mediados del siglo XX. Este estilo de palimpsesto como modelo cultural, es un fenómeno a su vez que surge con la cultura renacentista; pero no en el más conocido renacimiento italiano sino en el merovingio, con el surgimiento del estudio de las humanidades en las Universitas. Se refiere al pensamiento secular, en tanto descomprometido con las doctrinas religiosas, y de corte heterodoxo y ecléctico; en que las referencias se entrecruzan y superponen en modo aparentemente caótico, pero en un intento de sistematización universal.

Tuesday, April 3, 2012

Lezamiano

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