Sunday, March 15, 2015

Bernal Díaz del Castillo y la literatura de su relación

Famoso hasta el punto de la convencionalidad, el inventario de las naves de la Ilíada es sin dudas un pasaje bello y poderoso; menos famoso y por ello menos convencional, la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España por Bernal Díaz del Castillo posee un minucioso inventario de caballos hacia el final del capítulo XXIII. El del español es tan bello y poderoso como el del griego, pero con una categoría de cuasi clásico pasa desapercibido este pasaje suyo; lo que hace dudar de la verdadera consistencia de los que pregonan la belleza del griego desconociendo esta, que la reproduce. Más interesante que eso, si la historicidad de la figura de Homero es dudosa, no lo es su identidad literaria; prueba al canto, la Odisea, que siendo otro libro con personalidad propia y madurez, le es también atribuido, logrando sentar con ello el canon literario de Occidente. Menudo valor, que se agranda ante la nimiedad de los intereses del Bernal, que no son literarios; de hecho, estos intereses del Bernal son estrictamente históricos, corrigiendo constante las licencias y tropelías que comete un tal historiador Gómara que lo antecede en el esfuerzo. 

Es probable que el del Castillo conociera la Ilíada, pero no mucho, dado que no peca de ilustrado ni especialmente interesado en esos menesteres; y aquellos tiempos, bien se sabe, eran previos al snobismo exhibicionista de la postilustración. Bernal, pareciera un hombre basto cuyas luces alcanzan a la escritura y la lectura pero no más; aunque ha de reconocerse que el inventario tiene algo de gracioso exceso sin mayor sentido, con el que el autor se regodea… literariamente; sobre todo si se tiene en cuenta que toda la relación apela a la memoria en un esfuerzo titánico, cincuenta años después de lo que narra y provocado por el escándalo de los errores del Gómara. Que Bernal conociera la Ilíada es poco probable —aunque aún así posible— entonces, pero su gracioso ditirambo resulta en todo caso asombroso; si bien es cierto que el inventario de caballos es menos extenso que el de los barcos del griego, lo que es lógico pensando que no se trata de un ejército numeroso sino de un bando de aventureros. Conocer el relato homérico y emularlo también significaría reconocerlo como un canon, en un nivel de especialización que debería mostrar otros frutos paralelos; pero el Bernal Díaz del Castillo nos deja con esa incógnita de su extraña personalidad, como un aventurero con insólitos devaneos literarios.

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