Las confrontaciones políticas suelen ser reductivas, y por tanto no
aprovechan la ductilidad filosófica de las ideologías; que si bien se sostienen
siempre en una base dogmática, inevitablemente crecen en la reflexión
individual de los adoctrinados. Este es el caso de la contradicción, para los
negros cubanos, del movimiento estadounidense Black Lives Mater (BLM); que
subordinado a la proyección política externa del gobierno cubano —como el
nacionalismo puertorriqueño—, va en contra de los intereses del pueblo cubano.
Eso sería incluso más grave, si se tiene en cuenta el nivel de mestizaje y
la proporción de población negra en Cuba; que contrario a los Estados Unidos, aunque
todavía racista en su estructura cultural, era integracionista, no
segregacionista. Sin embargo, es una contradicción aparente y superficial, que
se atiene al juego marcado por el gobierno cubano en esa proyección internacional;
en la que los negros vuelven a ser las víctimas, esta vez de una ideología que
se ha caracterizado por usarlos siempre como pieza de cambio.
Así, desde tan temprano como el liderazgo de Lenin, el comunismo se planteó
esta manipulación de los negros; en principio, puede que hasta con un interés
genuino en su base humanística, pero ya ladino a la altura de Stalin; cuando la
Internacional Comunista dedicó incluso un presupuesto, para la creación de una
nación negra en los Estados Unidos. Nada de esto, no obstante, niega la
legitimidad del movimiento BLM, incluso si desde su inicio mismo tiene esta
proyección desestabilizadora; porque la necesidad política que plantea está
ahí, a despecho de cualquier otro interés humanista, como el de los Derechos
Civiles en Cuba.
Que la confrontación sea contradictoria de inicio a fin no significa que no
tenga explicación, ni culpa los cubanos; porque si el gobierno cubano ha podido
desarrollar esta influencia sobre los negros estadounidenses, es por negligencia
de su exilio y oposición. Lo más inefectivo en política es apuntar a las culpas
del enemigo, que tiene su propio sistema moral alterno y es inmune al de quien
lo acusa; y lo más efectivo, contrario a eso, es la empatía que entiende sus
razones y muestra la comunidad de intereses, por encima de cualquier manipulación.
Tanto el exilio como la oposición medio organizada en Cuba son culpables de
este desdén, que los sólo les devuelven; porque hasta ahora han sido cómplices,
callando ante la incapacidad de los Estados Unidos para resolver sus problemas
raciales. Más escandalosamente aún, han secundado la negación viciosa de todo
problema de este tipo, a pesar de la evidencia en este sentido; incapaces de
reconocer incluso el ascendiente racista en su propia tradición, que no por
menos virulento es menos cierto y doloroso.
Toda confrontación política tiene excesos terribles y costosos, siempre de
parte y parte, no de una sola parte; entre los negros estadounidenses se trata
de esta alianza, que no es criminal sino torpe e improductiva, y ya pesa sobre
todo su futuro. Tarde comprenderán que nunca han obtenido de ella más que la
misma retórica vacía que el pueblo cubano, sin otro beneficio concreto; y
entonces enfrentarán el desdén del pueblo cubano, al que traicionaron a nombre
de una mera manipulación.
Pero por parte de ese exilio cubano y la oposición medio organizada en
Cuba, está el enfrentamiento constante; que antes que la empatía ante estos
reclamos, ha optado también por la solución de los tres monos, incluidos o
especialmente sus negros. Es apenas natural que los negros norteamericanos se
identifiquen con la retórica falsa del comunismo cubano, porque ellos mismos
son presa de esa retórica; los cubanos, tanto del exilio como de la oposición
medio organizada, hemos perdido en la misma estupidez la misma oportunidad para
el desarrollo político.
De eso, desgraciadamente, ninguno podrá culpar al gobierno cubano, que en
su cinismo sólo se ha aprovechado; y en eso ha sido más consistente que toda su
oposición —medio organizada— y exilio, que sólo le siguen el juego. Antes que
utilizar las partidas estadounidenses para la democracia en este tipo de
proyecto útil e inteligente, los cubanos han preferido usarlas para alimentarse
el ego; no que no sea legítimo, sino que sigue siendo el juego sucio del mismo régimen
al que dicen oponerse, pero del que parecen sus mejores soldados.