Showing posts with label El Sucio. Show all posts
Showing posts with label El Sucio. Show all posts

Thursday, July 23, 2026

San Isidro, o el fin de los duendes de Bohemia

Si algo llama la atención del Movimiento San Isidro, fue su espectacular singularidad, y la belleza de su juventud; sobre todo porque se organizó alrededor de dos personalidades, no de relación improbable pero sí con poco en común. La dupla de Alcántara y Osorbo se formó en los mismos acontecimientos, casi por inercia, como el acontecimiento mismo; y esa espontaneidad y frescura le dio los alcances que nunca pretendieron, pero que asumieron con el valor de su juventud.

Sería por eso que fueran tan efectivos, sacando de paso a una represión acostumbrada a la estrategia y el ladinismo; porque si algo habría hecho ineficaz a la disidencia clásica en Cuba, sería precisamente su falta de espontaneidad. No es extraño que San Isidro llamara la atención de esa disidencia dispersa y estratégica, ya no tan clásica; que aferrándose a ese insólito carácter popular del arte en San Isidro, trató de legitimar su intelectualismo.

No es un imposible juego de mentes perversas, sino de la ingenuidad de todas las partes, incluido San Isidro; porque aún en su naturaleza popular, dirigieron su barco a los cantos de sirena de ese intelectualismo disidente. Puede que fuera por la visibilidad inmediata que recibían, a la que nadie es inmune, y que alimentó su frescura; pero fue a cambio de un compromiso subrepticio e ineluctable, alrededor de los cultos absurdos de la inteligencia personal.

No es broma, no se trata del carisma innegable y la nobleza de sus protagonistas, sino de la mediocridad que los rodeó; pasando por la precariedad de San Isidro, como celebrities por las alfombras rojas del artivismo, porque todo era performance. Eso subordina la función estructural de la ideología —ya excesiva— a la caducidad de la catarsis inmediata; con lo que sin embargo no se recupera la función original de la cultura, sino se la diluye en la meta estabilidad del mercado.

De ahí la necesidad perenne de heroísmos, con que alimentar esa voracidad institucional, con becas y premios; y si no que lo diga Wey Wey —hechos y no justificaciones—, cuya legitimidad se ha disuelto en la irrelevancia. Por eso, los invisibles de siempre, se tomaban su tiempo para darse su bañito de pueblo y legitimarse a sí mismos; no mucho, no con los negros de verdad de San Isidro, que no se vienen porque pongan m antes de b y p, sino el Luisma.

Es el caso de Carlos Manuel, que ahora se desgreña en la invisibilidad de su elitismo, con el mérito de su brillantez; que no pasa de un pajeo colectivo y furibundo, dándose champú unos a otros como si no hubiera un mañana. Igual que el caso de Carlos Manuel es el del Cocho, que ha desperdigado por Estados Unidos el prestigio que ganó; y que vislumbra esta posibilidad de ahora, sin darse cuenta de que el paisaje no es el mismo, y no vive de catarsis.

A Luis Manuel la seguridad no tuvo que acabarlo, sino sólo aislarlo como a un virus, hasta soltárselo a estas alimañas; que se amontonan en el bote de la performance libertaria, no importa que se hunda, porque es con ellos o con ellos. Todos rasgándose las vestiduras porque si a Luisma le dicen esto y aquello, como si no le hubieran hecho cosas peores; cosas que él siempre aguantó con dignidad y gracia, como el hombre que es, alimentando esperanzas a pura personalidad.

Desgraciadamente, San Isidro está en la Habana y no en Miami, y el estado cubano consiguió rebajarlo a performance; Luis Manuel deberá reconocer la diferencia, y saber que la alegre ambigüedad del arte ya no es suficiente. Es una pena, pero eso es el artivismo, y tontos los que crean que alimentan otra cosa que el ego de una élite intelectual; incluso el Luisma, como el carnero de este sacrificio pagano que es la política post-postmoderna, con sus becas y sus premios.


Saturday, April 12, 2025

¿Escatología cubana? Occan navajea sanguinario ángeles sobre la Habana III/III

Aquí nacería entonces la ficción del problema, que impide la concreción política del mestizaje cultural en Cuba; desde el teorema del miedo al negro, que no es tan económico como teórico, comunicado a la clase popular por su intelectualidad. Muy probablemente, estos errores de sistematización histórico-teórica se deban a la presión del prejuicio político; que con su objeto en el mito fundacional de la revolución cubana, no entiende que este responde al de la nación misma.

Otro error sería lo que los autores llaman ausencia de autoctonía, al reconocer la presencia inevitable del negro; que sin embargo persiste en desdibujarlo como sujeto antropológico, portador de una cosmo-ontología singular. Es el desconocimiento de esa peculiaridad cosmológica lo que desdibuja los perfiles de lo nacional, como un ente abstracto; así desconectado en esa abstracción de lo real, en lo que desconoce la amplitud de sus recursos existenciales.

Ejemplo de esa suficiencia cosmo-ontológica del negro, sería la reorganización del panteón africano original; en una modificación del cristianismo, que convierte su soteriología en el valor inmediato de su praxis existencial. Nada de eso responde a los entramados artificiales del comercialismo moderno, que sostiene a esa ilustración; más incluso que a la burguesía —en función de aristocracia— que la produce, en su relación directa con la clase popular.

Desde esa organización cosmológica como hermenéutica, calificar lo negro como accidental es escandaloso; no importa si —o precisamente por— asociado a ese miedo al negro, tan intelectual como el Saco que lo postula. La importancia del negro en Cuba es antropológica y no política, porque la cultura política cubana —no su antropología— es ficticia; su inmadurez se debe a este desconocimiento de su artificialidad, en la especialización intelectual de su clase media.

Observando el alcance etnogámico con que se estructura Cuba, es obvio que el de raza es un concepto insuficiente; que debe esa incapacidad funcional precisamente a su origen ilustrado, en ese exceso del Barroco que es el pensamiento neoclasicista. En ese sentido, resaltarían los abusos referenciales a la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo, que ya era abusiva; afirmando el tópico de la resistencia como cultura con lo que se salva la perversión revolucionaria como ideología.

Tampoco el concepto de transculturación de Fernando Ortiz tiene esa connotación negativa del exterminio; sino que —contra el mismo Ortiz— responde a la reorganización de la cultura como realidad, que diluye pero no extermina lo indio; probablemente desapercibido por su escasa densidad demográfica, respecto a casos como el de Borinquen y Quisqueya. La presencia taína en Cuba no sobrepasaba al Camagüey, una extensión ya mayor que las de Quisqueya y Borinquen; haciendo que su impacto cultural —lejos del metropolitanismo comercial borinqueño— sea más débil incluso que relativo.

Así, en general y también como principio hermenéutico, el libro es demasiado inmerso en una subjetividad cubana; falla en sobreponerse a la grandilocuencia de su intelectualidad, sobre el artificio de su metropolitanismo. Falta entonces la modestia con que percibir la realidad, en vez de desplazarla con la excelencia de su racionalización; que en la naturaleza excesiva del neoclasicismo que lo determina, no puede sino multiplicar los ángeles en ese alfiler.

Hay por último un pequeño error, que identifica a Bartolomé de las Casas como franciscano en vez de dominico; pero que es revelador en esa superficialidad, porque en la misma línea reconoce la dominica de Antonio de Montesinos. Esto se debería claramente a la naturaleza secundaria —o terciaria— de las fuentes, que pone en duda todo el análisis; haciendo de este un libro de currículo más que para la lectura, bajo ese lema universitario —el anti Occan— de publica o perece. Con 175 páginas, este libro ha producido cinco de crítica contra los principios hermenéuticos de sus primeras treinta; es hora de que el espíritu Occan guarde fatigado su navaja, no importa la ilusoria proliferación de ángeles en su irrelevancia.

FIN

Friday, March 21, 2025

En la muerte de Gloria Leal

Esto es una nota personal, como no acostumbro a hacer, pero que debo por todo lo que significó Gloria Leal; un mártir y símbolo de la cultura miamense, en esa amalgama extraña de las páginas de El Nuevo Herald. En el 2004 colaboraba yo con Carlos A. Díaz Barrios, haciendo su colección de clásicos El anillo de Proserpina; unos libros entre lo artesanal e industrial, con tiradas pequeñas, en que publicábamos clásicos de la literatura occidental.

Los libros eran hermosos y extraños, por lo artesanal, que los hacía casi únicos aunque seriados en el diseño; en el que superponíamos toda la imaginería poética de Occidente y extremo oriental, con énfasis en el grabado. Lo que hacíamos entonces era una suerte de Libro de las maravillas de Boloña, con ese nivel de exaltación casi mística; como experiencia a la que no dudó en aferrarse Gloria Leal, en esa forma práctica del patrocinio que fue Artes y Letras.

Por supuesto, aquello no resistió el embate de la envidia y la mediocridad, embozados en ridículas conspiraciones; y ni ella, temida por su carácter, experiencia y autoridad, pudo evitar el alud que nos arrollaría de vuelta a lo normal. No obstante, leal a su nombre, ella mantuvo su apuesta en todas las formas que pudo, y por todo el tiempo que pudo; por encima incluso de la inexperiencia, por la que yo le demostraba el daño que hacía el periodismo al arte y la literatura.

Fruto de esa fructífera admiración, surgió Cartas para Gloria, un triduo ensayístico en que yo organizaba mis teorías; un tomillo farragoso, por los párrafos enormes y encabalgados con que yo ignoraba terco sus avisos sobre periodismo. Por sobre todas las cosas, lo recibió con la gracia con que los grandes reconocen los homenajes, aún si torpes; señalándome con el dedo las erratas que yo juraba haber purgado para darle en la cabeza, con aquella sonrisa de superioridad.

Sin duda alguna, su estoicismo tenía algo de esa esperanza en que la clase media ignora su decadencia inevitable; pero ese gesto suyo era noble en el patetismo, no de falso trascendentalismo sino natural en su magnificencia. Ella creía en ese modelo de intelectualidad moderna, y era consistente en sus esfuerzos, que no escatimaba; incluso en la displicencia en que aceptaba los premios hipócritas con que la trataban de sobornar, sabiendo más que eso.

En una ocasión, hastiado de la hostilidad ambiente, renuncié a aquellas páginas que generosamente me había abierto; pero ella danzó el minué más estilizado —demostrando en qué consiste el poder—, atrapándome en mi propia arrogancia. Ahora ha muerto, y esta ausencia suya sólo se compara a la de Juan Manuel Salvat y Lesbia Orta de Varona; gente incomprendida en su convencionalidad aparente, cuya escondida excepcionalidad marca a la cultura local.

Sunday, February 2, 2025

Hip Hop

Kendrik Lamar es la última declaración sobre el Hip Hop en Estados Unidos, puede que más que Childish Gambino; pero antes que ellos dos, era una manera despreocupada —y en ello existencial— de expresar la cultura norteamericana; que es siempre la de los peligrosos guetos negros, porque el aburguesamiento ha desnaturalizado ya todo otro. En este sentido, es comprensible el silencio culpable ante el escándalo con que triunfa Eminen, sobre estrados negros; recordando la leyenda del rey, que se dice robó el espíritu (soul) a los negros, para comercializarlo, blanco al fin.

Nadie parece detenerse ante esa facultad impertérrita de lo real, que se realiza sobre los artificiosos prejuicios; porque Eminen como Elvis serían la prueba de un proceso tan subrepticio como público, de negrización de la cultura. El fenómeno es menos escandaloso —aunque negado igual— entre los cubanos, por la convivencia en los conventillos; que forzada por la precariedad económica, no ofrece los escapes laterales del estado de bien estar, y obliga al mutualismo.

En todo caso, la sensualidad vulgar de Elvis Presley como la violencia de white trash de Eminen, muestran lo mismo; y es la naturaleza existencial de toda trascendencia, como condición propia de lo inmanente, y no un valor paralelo. Esta es la peculiaridad escamoteada por los encendidos discursos políticos de Lamar y Gambino, que son negros; porque reside en esa precariedad que protesta, no en la protesta, que se deslegitima con el éxito de los protestantes.

Obviamente, como peculiaridad es también sutil, y por eso puede pasar desapercibido al interés de esos protestantes; a los que obviamente no les interesa la efectividad de su protesta —haciéndola banal—, sino el éxito que reporta. Esto, de hecho, es comprensible y legítimo también, si en definitiva la precariedad tiene valor estético y en ello comercial; incluso si pierde consistencia en el trasiego, como otra trampa de Dios, cuando promueve nuestro suprematismo ético.

Lo cierto es que el Hip Hop es poético, porque es la expresión pura y legítima de una experiencia existencial; visible incluso en aquella violencia sublimada de Destiny Child en I want a soldier, ya disuelta en la divinidad de Beyonce. El hip Hop hoy, como el Blues ayer —y la rumba en Cuba—, es el aporte de la experiencia negra al ajuste cultural de Occidente; y no es casual que todos se resuelvan en un juego de pies, con el que el baile expresa su naturalidad rítmica.

En cambio, los grandes discursos de Lamar y Gambino no están hechos para el baile, ni siquiera para la reflexión; exigen el asentimiento —no el consentimiento—, buscando desafiantes a ver quién se atreve a otro gesto que su obviedad. Son hipócritas en la inutilidad, como el Realismo crítico de los franceses con la falsedad de su humanismo antiheróico; mientras que, en contraste, la simpleza con que el violento condesciende al gesto gentil, es más realista y efectivo.

De ahí la eficacia poética del Hip Hop, de tan poca elaboración que sonroja al esnobismo de malditos y perdidos; y por el que a los cubanos deberían replantearse la simplicidad del regaetón, cuyo reparterismo replica al neigborhood. Con sutilezas semejantes, la timba surge en Cuba imitando los arreglos de la música negra en estados Unidos, por ejemplo;  y hasta un mítico Rob Parissi no tiene embargo en reconocer que el Funky lo rescató, justo por su singularidad de blanco.

No hay que olvidarlo, la dinámica responde a la función reflexiva del acto poético, que nunca desciende a discursivo; es por eso que la televisión norteamericana se puebla de horror, hablando a la emoción y no a la inteligencia; porque si hablara a la inteligencia de verdad, tendría entonces que ser honesto, y eso sólo lo garantiza el horror. No es un juego retórico, sino el valor dramático de la experiencia existencial, que es siempre amarga; porque como sensible, el conocimiento efectivo se asienta en el dolor, dando sentido en ello al placer y la alegría.


Saturday, May 19, 2012

The God!

Lo dicho, no hay manera de que una imagen no refleje la realidad, si es apenas una representación formal de sus dialécticas... o determinaciones.

Sunday, October 2, 2011

Derechos reservados [Updated]

Cansado de recibir coces y groserías a cambio de colaboración, y dado que la gentileza que te endilgan sólo sirve para que te tomen por débil; además de que la democracia se use como tapadera, y que esas mismas colaboraciones sean de una sola vía y etc; en fin, cansado del igualitarismo falaz, pido que al menos se respete mi propiedad y que ningún antiguo colaborador de Cuba Inglesa use ningún artículo mío bajo ninguna circunstancia

...excepto el Cronista de Nuevo Songo, Bien Sûr!

Wednesday, September 21, 2011

¡Ay, Saavedra, mira esto!

Tuesday, September 6, 2011

Lo último de Silvio y Pablo, exclusivismo!

De la bitácora personal

Ciertamente, el patetismo es maravilloso en arte como fatal en política; porque como en el teatro y la literatura, es cosa del hipócrita, el actor que es incluso malo si no consigue un rol original. Al tedio inevitable de las reacciones personales por el concierto de un cantante, ha habido que añadir el atestado de los buzones y toda dirección de internet con esas opiniones de los que piensan que sus opiniones son importantes; ignorando, bestiales, que un derecho no otorga relevancia, y menos aun cuando los actos son comunes y predecibles.

Pues bien, en venganza, aquí les va esta también irrelevante opinión, a ver si así se cansan; porque el problema es esa estupidez de pensar que se es importante porque se tiene algo que decir, aunque mas no sea que otra estupidez. A lo peor no son ni hipócritas, y se creen tan bastos argumentos esgrimidos sin ni siquiera la gota de gracia que los haga geniales; como si la opinión y la posición personales dejaran de ser personales, solo porque los proveedores de internet ofrecen la oportunidad de darles contenidos —que importa si banales— de forma gratuita.

Afortunadamente alguna contracción racionalizadora esta ocurriendo en este sentido; Youtube impide los downloads, Microsoft limita o invalida algunas aplicaciones, etc. A medida que los usuarios dejen de interesarse en los pocos centavos que rasguñan a google money [hope] los blogs entraran también en lo de las restricciones; de ese modo el capitalismo se ajustara a sus principios de extrema racionalidad, y la discriminación de prioridades económicas nos librara de tanto imberbe presuntuoso que hoy se refugia en la democracia. ¿A quién —puestos a ver— le importa Silvio ni Pablo ni el pobre de Saavedra, como no sea a la aburrida ama de casa o el desempleado?

Saturday, August 28, 2010

El problema de la fuerza

La vida quizás no sea tan compleja, pero es definitivamente sutil e inmune a la bastedad, es refinada en tanta sutileza; por eso me gustan ciertas personas que no son necesaria o tan siquiera lejanamente buenas, pero tienen ese don de la elegancia y la altura. Nada peor que un igualado, que condiciona sus sentimientos a la seguridad de tu obediencia; pero nada mejor que quien ama el peligro de la libertad ajena, y que por eso respeta la independencia. Es ahí donde veo —particularmente— el carácter y la integridad, en la persona definida e íntegra, que no aspira a que no le veas las fealdades; sino que al contrario las exhibe y te dice "So what", para arrobarte con esa fuerza del carácter verdadero.

Quien ha leído a los clásicos —lo que no es muy recomendable, suele ser fatal— sabe que los héroes no son buenos, sino que sobreviven a sus circunstancias; porque un héroe es eso, un gran espermatozoide que ha sobrevivido y se ha impuesto, sin trampas ni mezquindades, nadando y nadando. Hay muchas personas controversiales que me gustan por eso, y no porque yo suscriba algo de ellos sino porque no puedo dejar de arrobarme con su carácter, incluso si a veces irresponsable y prepotente; son personas que son personajes, con más de literatura —y eso incluye el comic— que de vida real, porque todos tenemos vicios, incluso el que pone parámetros. Por ejemplo, me encanta José Varela desde el día en que queriendo jugar desmesurado desconoció el límite; y me encanta José Abreu, al que sigo con cierto morbo, igual que Zoe Valdés, porque de algún modo en su persistencia son inconvencionales. Pero detesto al que confía en su fuerza, porque es tan bruto que no sabe que es falible; y suele ser tan bruto que posiblemente hasta desconozca esa palabra sublime y espiritual que es falibilidad, donde radica la verdadera fuerza; que lo peor en las personas es la bestialidad, nunca son tan malas que sean deleznables, pero la bestialidad las hace tan incómodas.

¿A quién le importa Parménides?


Nada hay más privado e incuestionable que la sensualidad, de ahí las recomendaciones sobre el pudor; pero eso no hace menos grosera la intervención del que se recrea en el exhibicionismo ajeno, la relación los iguala. El pudor también indica volver el rostro cuando la acción del otro llega a ese borde que es la impudicia, y nadie tiene el derecho de legislar la proyección ajena; de ahí que tampoco se tenga el suficiente sentido común e imparcialidad para juzgarla, y sea mejor guardar una prudente distancia. Después de todo, el mismo sentido común recomienda interesarse sólo en lo que resulte interesante; pero cuando ese interés afecta propiedades ajenas, es mejor ser prudente y mantener esa misma distancia, que no hay vuelta que no termine donde comienza.

¿A quién le importa Parménides?, ni eso siquiera importa, pero no por gusto no hace mucho se publicó un título que recomendaba Más Platón y menos Prozac.

Saturday, August 21, 2010

Meditaciones en la ciudad más sucia del mundo

Al optimismo y el pesimismo del vaso medio lleno o medio vacío, se podría responder con el sentido común del vaso por la mitad; es decir, cierta objetividad práctica, que basándose en la experiencia prevenga sobre toda fe. El escepticismo, por otra parte, no es necesariamente un negativismo; sino que en la mayoría de los casos, cuando media la experiencia, puede ser una moderación que trate de preservar la fe original. Entre las muchas cosas que se pueden aprender en la vida, está que la generosidad por principio no es necesariamente un acto de bondad; puede ser, también y ni tan paradójicamente, un cínico recurso por la comodidad, que te evita el enfrentamiento de verdades incómodas. Con eso, por lo general lo que se logra es posponer un problema; y quizás, con mucha e improbable suerte, se logre diluirlo en una repentina catarsis de madurez del oponente torpe, que siempre es posible.


De vuelta a eso del pesimismo y el optimismo, una ciudad entonces no se definiría por sus peores elementos; pero tampoco por los mejores, sino por el tenso equilibrio que se logra en esa oposición en que se relacionan. Cuando las fuerzas son iguales, está claro que el equilibrio es perfecto, y también precario; cuando las fuerzas son desiguales, es obvio que el punto de tensión se inclina al bando preponderante, y que ya no es tan precario. No obstante, persistir en la apuesta por la bondad cínica suele conducir al fracaso; pues el oponente, sabiendo de este recurso, puede optar por la obstinación grosera, como generalmente hace.

Lo peor, ahí, es que la convivencia con el mal genera un modo de hacer el mal, con el sólo hecho de permitirlo; en tanto el espacio que se le concede, intentando que acepte la convivencia, es de hecho territorio suyo, del que se forma parte con la participación callada. Un pasaje de la mejor novela publicada en Miami en el 2010, reza que "En toda ciudad hay un momento en que sientes que puedes, o debes, corromperte. Ese es el momento de emigrar". Ese desciframiento espectacular del momento, como principio al fin y al cabo, no suele ser tan espectacular; en definitiva, los más grandes momentos esconden su génesis en un hecho intrascendente, sólo que definitivo. La concesión, por cauta que sea es eso, concesión, y negocia la evolución posterior de los acontecimientos; uno nunca debe decir que no supo a dónde podía ser conducido, uno ha emigrado o no, y forma parte o no. Emigrar, por otra parte, como viaje al fin y al cabo, no exige ni presupone lo físico; puede ser de estado interior sobre la suficiencia y la necesidad, de conocimiento sobre la utilidad [probidad] o no de nuestras pretensiones.

Sunday, June 13, 2010

Esto me gustó mucho

"Pero cada uno tiene su debilidad. Yo tengo muchas. Por ejemplo, no me gusta desprenderme del orgullo que siento por mi inflexible actitud de combatiente revolucionario. Tal vez será por eso, o por otra rendija de mi pequeñez, que me he negado hasta ahora, y me seguiré negando, a dar la mano a ninguno de los que consciente o inconscientemente firmaron aquella carta que me sigue pareciendo una infamia" .

Neruda sobre su condena por los intelectuales cubanos, tomado del blog La finca de Sosa.

Ayer fue Neruda, y por eso, hoy es otro, y por otra cosa; lo importante no es quién ni por qué sino la infamia, el método. Todos aquellos que se creen a salvo porque la cobra no los muerde, sabrán que no lo estaban cuando los muerda; porque lo que define a la cobra no es aquello que muerde sino la mordida misma, su naturaleza. Pero es hermoso saber que uno puede negarse siempre, y no consentir en el juego de las mentiritas; seguir, simplemente seguir, digno e inobjetable.

Wednesday, June 2, 2010

Historias de Arte - I

Resulta que las coreografías de Billy Jean [Michael Jackson] y Single Ladies [Beyonce] no son originales; no es que estén inspiradas en el concepto coreográfico de Bob Fosse [Chicago, All that Jazz, Big Spender], sino que son adaptaciones casi directas del mismo. Hay otra cosa, un poco más marginal; y es que el arte de Fosse, en esos números originales, se encontraba ahogado por su circunstancia. El primero era un personaje secundario en un filme como El pequeño príncipe, y por eso no era apreciable; el otro estaba opacado por el vestuario y la estética estridente de su época, le hacía falta la tremenda sensualidad de Beyonce. Es ahí que entra la mano del tiempo, impresionando a Jackson y Beyonce para esos rescates prodigiosos; y lo cierto es que queda genial, más que retroalimentación posposición hasta el momento adecuado, por sobre la muerte misma del autor original. En otro video aún [Give me body], Beyonce reproduce rutinas completas de Dulce Caridad [Fosse]; aquí de hecho no hay ni atenuantes circunstanciales, es pura recreación. El arte de Beyoncé como el de Jackson, en definitiva, se hace grande con Fosse; los que los consumen pueden agradecer esa modestia del creador que hace lugar al otro en su propia creación, o desaprovechar esa belleza. Hace algún tiempo, en Cuba, un autor acusó a otro de plagio y lo llevó a los tribunales; perdió el caso, puede que por el poder del otro entonces, pero también por el argumento de éste, que era estético. Simplemente, el consumo de arte deja un residuo, a manera de impresión en la sensibilidad; y no siempre estamos en condiciones de saberlo, no siempre somos concientes de eso, y tampoco hay que desearlo. También dejó algo en claro para vergüenza del acusante, y es el uso del tiempo y las prioridades en arte; pues él, inmerso en la creación misma podía cometer esas pifias; el otro poseía el tiempo y el interés para espurgar en esa creación ajena y encontrar esas pifias, que luego blandía triunfal.

Saturday, May 22, 2010

La política cómica-II

El embrujo, o pura dialética

Por Ignacio T. Granados
Es la tesis la que produce su misma antítesis, y entre ambas
procrean esta síntesis de la historia asqueante.
Super Marx

Hay algo sin dudas llamativo en esa atracción cuasi fatal que tiene lo político sobre los creadores, que no es ajena al impacto mediático; al menos si se tiene en cuenta que, como fenómeno, se enraíza en las estrategias de los medios periodísticos desde mitad del siglo XX. Entre las mitologías del arte, en definitiva, sobresale el de la sublimidad ideológica; desconociendo o esquivando la finesse del gusto de los mismos nazis, que arramblaron con cuanto arte se encontraron en el camino; y casi que sólo oían a músicos clásicos, o dieron lugar a dramas y otros mitos prodigiosos como Mata Hari, Lili Marlen o Cabaret, el super musical.

Ya desde la guerra de Viet-Nam Jane Fonda pudo escandalizar al público norteamericano con una sola foto; pero ella provenía del fastuoso Hollywood, a su vez relacionado con Broadway, y confluía en el poder de la prensa; que además, dio en llamarse "El cuarto poder" en vez de "El contrapoder", como avisando las corrupciones que seguirían. Así, no es extraño que como gremio, esta misma fascinación que parece natural afecte a toda una generación; formada, por demás, en el nuevo scholasticismo de la Vanguardia institucional —sí, es un contrasentido, de eso se trata—, que no se atreve a violentar los cánones de lo bien hecho.

Tratándose de Cuba hay que añadir la grave contradicción estructural con que deforma a las personas; sumidas en un anonimato forzoso y permanente, sin otra posibilidad para aflorar como individuos que el disentimiento. Hasta ahí no debería haber problemas, salvo que la solución se busca entonces por shortcuts; es decir, por vías cortas, veredas antes que caminos. A un igualitarismo espantoso, entonces, se añade la visibilidad impactante de un tema legítimo; no importa que se deslegitime, porque inevitablemente cae en la manipulación y el fraude. Esas son cosas demasiado sutiles, que sólo personas inteligentes pueden ver, no la chusma diligente presta a la vociferación y al acto de repudio; y además, conlleva la segunda legitimidad, algo espuria pero cierta, de esa catarsis en que todo parece cierto y obvio desde la divinidad del Cristo, que nadie sabe lo que significa.

Thursday, May 13, 2010

It's so unappealling

Saturday, May 8, 2010

Cleaning City-I

La Paradoja


Hay una paradoja —como siempre— en los juegos de víctima y victimario, que no desconoce lo erótico; y es que nadie que desate el furor en su contra puede ser inocente, algo hay de placer visceral en él que provoca al contrario. Sólo que —y ahí lo paradójico— la maldad no estaría necesariamente en la maldad, sino en la persistencia; ese saber la tecla que hace saltar al otro como a un muñeco, y sencillamente mantener el dedo sobre ella. Después de todo, es sabido que ninguna ciudad existe; existen los que la hacen, sus habitantes, que son los que le dan consistencia. Así, la prepotencia, la arrogancia y la obstinación de un artista no son distintas de la de una comerciante que se erige en valor literario por la bolsa que promete y no entrega, o un editor que maneja un medio público como su coto privado.

Es el conjunto el que establece los parámetros, el que decide qué se puede lograr y que no; y en ese sentido, el contracorriente suele ser un snob que se divierte desatando iras con su suficiencia. El contracorriente sabe que todas las moscas del mundo no pueden estar equivocadas, sólo que piensan como moscas; por eso la mierda les parece buena, pero sería absurdo que quiera ser mosca también, si de hecho no está en su naturaleza. De ahí, entonces, que mantenga su distancia y sólo las observe en sus precarios vuelos; son ellas quienes persisten en zumbarle en los oídos, prometiéndole suculentos banquetes de mierda, a los que responde con su mueca de asco.

En realidad, en los juegos de víctima y victimario la víctima suele ser el agresor, que se agrede a sí mismo; aunque, claro, tamaño nivel de sutilezas lo hace pasar desapercibido a la ciudad, que persiste en la supuesta eficacia de su maldad. La belleza está en la parábola, descubriendo su alcance paradojal; que envidia del mismo Zenón parecería, con aquello de que "Mientras más se eleve el águila, más se hundirá el gusano por alcanzarla".

Monday, April 19, 2010

La Política Cómica

La Sospecha


Ahora que la oportuna muerte de un chileno opacó los últimos esfuerzos de la disidencia cubana, conviene hacer un recuento; una simple mirada de balance, a ver si por fin esta especie tan especial se da cuenta y deja de tropezar con la misma piedra. En positivo, se lograron cosas nunca vistas, como las firmas de la vistosa élite artística*; que tan proclive a la izquierda convivía en forma desvergonzada con el crimen institucional cubano. Pena que —siempre hay un pero— semejante logro se empañara con el afán de protagonismos; que siempre es lo que arroja suspicacias sobre todo proyecto, socavándolo en su eficacia. Esta vez, sin embargo, la culpa no recaería en los típicos sino en las víctimas de siempre; no ya por la sospechosa reincidencia, sino porque las protestas no tuvieron en cuenta que aunque defectuoso, ese fue el proyecto que se pudo lograr; ese fue el que obtuvo resultados, y ocurrió como ocurrió, porque así se les ocurrió a quienes pudieron llevarlo a cabo.

De otra parte, como cuando el argentino asesino escribió en su diario que ya era de nuevo él; así mismo se dio la denuncia vertical sobre quién no firmó, revelando el mismo oportunismo revanchista de las asambleas políticas en Cuba. Shame on you!, chivatones oportunistas; porque es eso mismo lo que revela sus debilidades, por más verticales que luzcan o se alcen. Todavía, un bloguero exaltado avergonzó a los amigos que se negaron a firmar; expuso en un video sus palabras en el contestador telefónico, al tiempo que pasaba imágenes de la represión a las damas de blanco. Pero ese bloguero inflamado de patriotismo no sabía quizás que estaba utilizando los principios de Goebbels sobre la propaganda revolucionaria; esa de la que supuestamente él salió huyendo, aunque ahora queda la duda de si lo que le molestaba era ese chantaje político constante sobre la persona privada y su derecho. Grave es que nadie protestara sobre esos hechos, porque dice mucho del pueblo que en libertad vota; que es en definitiva el derecho último que se reclama, el de la libertad individual.

Para más adelante quedará ahondar estas cuestiones, investigar en ese fascinante embrujo de lo político que mata a los artistas en su olor de multitudes.

*: Ya va siendo hora de separar lo "artístico" de lo "intelectual", a ver si la pérdida de glamour ayuda en las labores de limpieza.

  ©Template by Dicas Blogger.

TOPO