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Thursday, July 23, 2026

San Isidro, o el fin de los duendes de Bohemia

Si algo llama la atención del Movimiento San Isidro, fue su espectacular singularidad, y la belleza de su juventud; sobre todo porque se organizó alrededor de dos personalidades, no de relación improbable pero sí con poco en común. La dupla de Alcántara y Osorbo se formó en los mismos acontecimientos, casi por inercia, como el acontecimiento mismo; y esa espontaneidad y frescura le dio los alcances que nunca pretendieron, pero que asumieron con el valor de su juventud.

Sería por eso que fueran tan efectivos, sacando de paso a una represión acostumbrada a la estrategia y el ladinismo; porque si algo habría hecho ineficaz a la disidencia clásica en Cuba, sería precisamente su falta de espontaneidad. No es extraño que San Isidro llamara la atención de esa disidencia dispersa y estratégica, ya no tan clásica; que aferrándose a ese insólito carácter popular del arte en San Isidro, trató de legitimar su intelectualismo.

No es un imposible juego de mentes perversas, sino de la ingenuidad de todas las partes, incluido San Isidro; porque aún en su naturaleza popular, dirigieron su barco a los cantos de sirena de ese intelectualismo disidente. Puede que fuera por la visibilidad inmediata que recibían, a la que nadie es inmune, y que alimentó su frescura; pero fue a cambio de un compromiso subrepticio e ineluctable, alrededor de los cultos absurdos de la inteligencia personal.

No es broma, no se trata del carisma innegable y la nobleza de sus protagonistas, sino de la mediocridad que los rodeó; pasando por la precariedad de San Isidro, como celebrities por las alfombras rojas del artivismo, porque todo era performance. Eso subordina la función estructural de la ideología —ya excesiva— a la caducidad de la catarsis inmediata; con lo que sin embargo no se recupera la función original de la cultura, sino se la diluye en la meta estabilidad del mercado.

De ahí la necesidad perenne de heroísmos, con que alimentar esa voracidad institucional, con becas y premios; y si no que lo diga Wey Wey —hechos y no justificaciones—, cuya legitimidad se ha disuelto en la irrelevancia. Por eso, los invisibles de siempre, se tomaban su tiempo para darse su bañito de pueblo y legitimarse a sí mismos; no mucho, no con los negros de verdad de San Isidro, que no se vienen porque pongan m antes de b y p, sino el Luisma.

Es el caso de Carlos Manuel, que ahora se desgreña en la invisibilidad de su elitismo, con el mérito de su brillantez; que no pasa de un pajeo colectivo y furibundo, dándose champú unos a otros como si no hubiera un mañana. Igual que el caso de Carlos Manuel es el del Cocho, que ha desperdigado por Estados Unidos el prestigio que ganó; y que vislumbra esta posibilidad de ahora, sin darse cuenta de que el paisaje no es el mismo, y no vive de catarsis.

A Luis Manuel la seguridad no tuvo que acabarlo, sino sólo aislarlo como a un virus, hasta soltárselo a estas alimañas; que se amontonan en el bote de la performance libertaria, no importa que se hunda, porque es con ellos o con ellos. Todos rasgándose las vestiduras porque si a Luisma le dicen esto y aquello, como si no le hubieran hecho cosas peores; cosas que él siempre aguantó con dignidad y gracia, como el hombre que es, alimentando esperanzas a pura personalidad.

Desgraciadamente, San Isidro está en la Habana y no en Miami, y el estado cubano consiguió rebajarlo a performance; Luis Manuel deberá reconocer la diferencia, y saber que la alegre ambigüedad del arte ya no es suficiente. Es una pena, pero eso es el artivismo, y tontos los que crean que alimentan otra cosa que el ego de una élite intelectual; incluso el Luisma, como el carnero de este sacrificio pagano que es la política post-postmoderna, con sus becas y sus premios.


Sunday, April 5, 2026

Sobre el Nuevo Pacto de los intelectuales cubanos

Como todos los graves problemas políticos de la humanidad, el de la insolución de Cuba muere en la retórica; y al escepticismo practico de Julio Lorente, sobre la intelectualidad del Pacto Político, responde la retórica de Faciel Iglesias. No es que la diferencia entre Pacto y contrato no exista, sino que esta es meramente retórica y no efectiva; como la sutileza litúrgica entre la latería y la dulía, que solo es comprensible para el teólogo, no el practicante.

Como principio, incluso la violencia a que apela Lorente sería inútil, porque no hay con qué construir de nuevo; pero al menos apunta a esa imposibilidad primera con el fatalismo dialéctico de la violencia, que es política. Lo que sí es imperdonable es esa insistencia intelectualoide, como de vampiros que se niegan a la muerte definitiva; apelando a esa retórica que los hace tan desconfiables, sin que puedan percibir esa desconfianza ni su causa.

Los intelectuales cubanos son jóvenes eternos, intentando dirigir un país envejecido en la experiencia, que ya sabe; por eso es reluctante y sólo quiere que lo dejen en paz, si en definitiva sólo participa del menú y no de la cena. Que el señor Faciel Iglesias persista en su retórica es comprensible, porque al fin y al cabo es un político; que de intelectual sólo tiene la naturaleza y no los instrumentos lógicos, y por eso apela a tradiciones vetustas. Pero que esos dichos intelectuales le sigan es por lo menos asombroso, a menos que tampoco sean tan intelectuales; sino que sólo exhiban el mismo pretensionismo del político, mostrado la vaciedad de ese pretencioso intelectualismo.

Desgraciadamente, en Cuba ni la violencia ofrece ya salida, porque el daño es estructural, es el moho de sus edificios; que se ha acumulado desde los horrores y errores de su republicanismo, sobre la base falsa de su identidad nacional. La brutalidad de Quintín Banderas está cruzada de brazos sobre toda posibilidad, mirándolos desdeñosos a todos; porque mientras el país no reconozca su crimen e hipocresía, no importa si inevitables en 1912, no habrá solución.

La diferencia retórica pretende la contracción del contrato al pacto, como de Rosseau a Thomas Hobbes y Von Pufendorf; pero no puede sobrepasar su naturaleza retórica, porque perpetúa las manipulaciones de siempre, sin ir a lo real. Se necesitaría una que compense efectivamente los errores de base, como un despeldañamiento de José Martí; en una modesta vindicación al pragmatismo de Doña Carmen Zayas-Bazán e Hidalgo, como primera dama de esta historia.

Si no pasa por ahí, en un feminismo profundo y consistente, tampoco podrá ser políticamente armónico; que es lo que permite desgracias perpetuas, como esa del racismo, solapado en la retórica folclorista del mestizaje. Esto no es para corregir nada, sino el por qué todo ese embrollo es incorregible, explicando la terquedad lorentina; ante cuya seriedad vale la pena detenerse un poco, siquiera por esa naturaleza sospechosa del político Faisel.

Wednesday, January 31, 2024

¡Yo no soy racista, pero...!

Cuando alguien dice “Yo no soy racista, pero…” va a decir algo racista, porque está basado en la raza; lo que quiere decir que esa persona es de hecho más o menos racista, independiente de que lo sepa o no. El problema es la incapacidad para reconocer la relatividad de los conceptos, que nunca son absolutos; de modo que no hay nadie que sea absolutamente racista, sin excepciones con las que rebasar sus límites de tolerancia.

Eso es importante, aunque por las razones opuestas, respecto a los negros cubanos y haitianos; los primeros, por la mayor tolerancia de los blancos, que los aceptan como distintos; los segundos, por el rechazo casi unánime que provocan, sobre todo para los blancos hispanos. El elemento que explica la diferencia, es el mejor carácter de los negros cubanos, e hispanos en general; que recuerda la pésima reputación de ciertas etnias en los mercados de esclavos, por su naturaleza levantisca.

Esto deviene en profecía de auto cumplimiento, con la gente encontrando lo que espera en ellos; sin tener en cuenta que se puede tratar de un comportamiento condicionado por ese rechazo, que así es mutuo; o que incluso sólo sea una expresión culturalmente peculiar, pero recibida con desconfianza y rechazo. La contradicción es particularmente dolorosa, porque esconde en la hipocresía el rechazo visceral; como un prejuicio tan justificado que la persona no puede rebasar nunca, no importa lo que haga.

El otro elemento de este rechazo, apuntaría a Haití como la primera independencia del hemisferio; cuando las otras no se partieron en un espíritu libertario, sino sólo del rechazo a la usurpación napoleónica. La historia es más compleja que los mitos fundacionales, y esconde muchas cosas entre sus pliegues; como esos recovecos por los que se escabullen los héroes, como patricios que sólo defendían un estatus quo; no como esos orgullosos descendientes de castas guerreras, que nunca consintieron en su status.

El rechazo de los haitianos sería así como aquel más “malo que Aponte” de los cubanos coloniales; y es una vergüenza para los negros hispanos que nos acojamos a esa ventaja relativa de ser más sumisos. Esto es un problema grave, en tanto el exilio cubano es demográficamente más negro que cualquier otro; compartimos esa depauperación de los haitianos, a menos que vivamos bajo el terror de las subvenciones culturales; de modo que es hasta más humillante ese patrocinio de una mayor aceptación, que sólo resalta esta precariedad moral.

También resulta humillante esa confianza, cuando asumen que no se percibe ese racismo solapado; cuando lo cierto es que sólo se le deja pasar con ladinismo, consciente de esa precariedad. No obstante, la aceptación silenciosa sólo alimenta el resentimiento, que en algún momento explota; y es ingenuo hasta el absurdo pensar que esta explosión será siempre controlable, y que no haya que lamentarla un día.

Una extraña paradoja de este solapado racismo, es el de la poesía negrista del mulato de las letras, Nicolás Guillén; que aupado por el entusiasmo de Lagnston Hughes compuso su actualización del Bufo cubano, vendiéndolo como poesía negra. Hughes —intelectualista del Harlem’s Renaiscense— no conocía ni tenía que conocer qué escondía esa musicalidad; pero Nicolás Guillén sí, y el pueblo que lo celebra también, achacando las críticas a supuestos complejos de los negros.

El problema es por supuesto mucho más complicado que eso, con los mil recovecos de los sentimientos humanos; pero en cada uno de esos recovecos asecha también la sombra del racismo sutil, resonando en estas ambigüedades. Sin dudas, el racismo cubano no es segregacionista como el norteamericano, pero no es menos racista en su integracionismo; y es bueno recordar eso, para al menos mirar al otro al rostro, en ese silencio con que se le responde a su supuesta falta de racismo.


Sunday, October 29, 2023

Alexander Otaola y la cubanización final de Miami

Nada hay más justificado que la paranoia de la cultura política cubana, con esa obsesión del país con su exilio; y a eso se refiere el problema de los agentes de opinión, exacerbado por la accesibilidad tecnológica. El problema real de esto no es la cubanización de la política local, que siempre estuvo signada por ese exilio; sino su fijación con la actualidad de ese país, condicionando el desarrollo paralelo que alguna vez tuvo esta comunidad.

Ese es el problema con los agentes de opinión en Miami, conscientes o no de ese favor al gobierno cubano; comenzando por el personaje en que ha devenido Alexander Otaola, amenazando la insuficiencia de la política local. La corrupción política de Miami es parte de su cultura, con más de un episodio sacado de la picaresca española; eso es lo que ha permitido el precario dominio demócrata, empujando a la población a la dependencia de los programas sociales.

La solución sin embargo pasa por la madurez política, no importa lo arduo y controvertido de ese proceso; no rebajarlo más aún a niveles de sainete, probando que el problema es de naturaleza y no de sistema político. Esa ha sido la función —o al menos el resultado— del éxito de ese influencer, con el impacto cultural de su programa; en un homogenización de esa cultura, que ya desconoce la diferencia funcional del entorno norteamericano en su singularidad.

Los cubanos no construyeron a Miami, como gustan decirse a sí mismos, sino su corrupción con dinero de la droga; lo que sí le han impuesto es el color local, con ese ritmo especial para sus cosas, desde el dialecto a la cocina. Todo eso sin embargo se mantiene estructurado por la inteligencia de grandes intereses que ignoran soberbiamente; y por eso, atravesando esa cubanidad, había aún cierto sentido norteamericano del confort, que permitió esta corrupción.

Esa es la brecha aprovechada por el gobierno de la Habana, penetrando por esta debilidad existencial del exilio; cuya precariedad no le ha permitido nunca cortar de verdad los lazos con su origen, no importa la fiereza política. El desastre actual comenzaría con el éxodo del Mariel, importando la superficialidad disfuncional de su élite artística; que secuestraría la expresión local con el mismo chantaje del diferendo político de la otra orilla, como su misma continuidad.

Desde entonces, más se normalizaría aún con el éxodo de 1994, rematando con el intercambio cultural del siglo XXI; que establece una élite, no ya especial sino vulgar y populista, con ese falso mercado —pulguero mejor— del reguetón. Con las mismas pretensiones artística de los del Mariel, la élite profesional, dispuesta a conquistar Hollywood; dejando un cementerio de luminarias, frustradas en su excelencia técnica, por esa disfuncionalidad de la cultura en que surgieron.

Eso sería lo que lograra imponer la base discursiva del gobierno cubano, con estos influencers como referencia; que funcionan como una institución cultural, no importa si tan falsa como la cultura que alimentan con su no menos falso folclorismo. La proliferación de programas menores pero de ese mismo tipo, ilustra el nivel de vicio y profundidad de esta penetración; que comenzando por las pretensiones de unos poetas venidos a menos, precipita a la comunidad al mismo abismo de su contra parte.

No importa si los edificios no se están cayendo, gracias a sus fuentes no locales, sus servicios dejan de funcionar; y la promesa de restaurarlos es risible, porque no cuenta con el poder corporativo que lo permitió; mientras se resiente la cultura política, cruzando el Rubicón de la vulgaridad creciente como naturaleza y cultura. La dependencia del conservadurismo tradicional de estas figuras tan complicadas, ilustra el alcance de esta crisis; que no es política sino mucho más profunda, con sus raíces en la corrupción de su cultura, expresada como política.


Saturday, February 25, 2023

Pavel Giraud y la pretensión de historia

Es difícil decir algo del documental de Pavel Giraud sobre el caso Padilla, por sobre la alharaca que ha desatado; a menos que se parta de la superficialidad del escándalo, sobre la legitimidad y autoridad del autor sobre las fuentes. Giraud, con una fina experiencia en el cine de ficción, hace simplemente un documental, para lo que usa material histórico; y la calidad de este documento debería ser suficiente, como evaluación en sí misma, con independencia de dicha legitimidad.

En su aspecto técnico, El caso Padilla confirma el pulso cinematográfico de Giraud, aunque también sus vicios; dados por una tradición nacional, formada en el trascendentalismo de la estética socialista, y su énfasis en los discursos. En este sentido, la omnipresencia de Fidel Castro —con sus discursos en off sobre una ciudad— no es eficiente; repite el recurso dramático un efecto ya visto muchas veces, porque al fin y al cabo estamos al final de la postmodernidad.

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En principio, el material consigue el distanciamiento objetivo en que trata de justificarse como documento político; pero poco a poco disuelve este distanciamiento, para participar con un opinión, ya no tan autorizada en el sesgo. Es sutil pero omnipresente, para terminar en un alargamiento innecesario que recuerda esta naturaleza didáctica; que es uno de los vicios con que la estética socialista desvirtuó el valor gnoseológico del arte, incluso si documental.

Hacia el final, traspasando la tensión de abrazos y apretones de mano con que acaba la reunión, el director prosigue; y termina en un final menor, que vincula el caso Padilla a la protesta juvenil de 2020 ante el Ministerio de cultura. Desgraciadamente aquí, Giraud —como toda élite intelectual— demuestra no haber comprendido la naturaleza del problema; y que estaría en ese trascendentalismo, que poco importa si es cristiano católico, puritano o comunista, por su ineficacia

Pavel Giraud
Esto es lo que revela la naturaleza antropológica (humana) del problema cubano, incomprensiva de su realidad; que así insiste en el carácter mesiánico de sus intelectuales, señalando la ferocidad monstruosa que las oprime. No comprende entonces que ese monstruo no existe, sino que es sólo la expresión de la monstruosidad de su elitismo; que es el que fabrica esos discursos sobre la premisa del uranismo platónico, como las ideologías que después los aplastan.

Como ladra el cerbero de El caimán barbudo cuando los pone en su sitio, intelectuales no son solo los escritores; son también los médicos y todos los que trabajan con la inteligencia, que es el mito espantoso de su carácter ilustrado. La razón del cerbero resalta hoy, con la ciencia poniendo en crisis la hermenéutica humanista con el indeterminismo cuántico; que es por lo que agotado ese trascendentalismo tradicional, la historia les falla eludiéndoles —en la hermenéutica— la pretensión.

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La poesía de Padilla es sublime, porque expresa genuinamente la grave experiencia existencial de la revolución; y no fracasa sino que muestra los frutos lógicos de esa soberbia, sin que eso signifique que ha aprendido la lección. El documental recuerda que Padilla tuvo que abandonar Miami, por las mismas razones que había llegado allí; de modo que la cultura cubana deviene en un uróboros, que amenaza todo futuro con la impasibilidad de su soberbia.

En este sentido, Giraud debe recordar que está atrapado por esta pretensión de historia, dada por su contexto; en el que no falta la suspicacia, ya desde la misteriosa ascendencia de Fidel Castro, proyectada aún como su sombra. Ese terror, en un mundo ya saturado de conspiraciones por más de dos milenios de historia, es lo que se levanta en la cuestión; sabiendo que esa irrelevancia de su legitimidad oculta la relevancia de su opinión personal, que no es ya estrictamente artística.

La muerte de Padilla como víctima de estas aguas, obvia que la mediocridad es el ambiente que lo envuelve; la ferocidad de estos opuestos no es equivalente sino funcional, uno es ofensivo y el otro es defensivo y explicado en el primero. De este modo, el documental esquiva la lógica de que para evitar una reacción debe eliminarse su provocación; porque no están separadas por obstinación política, sino por la lógica elemental de toda tensión, basada en una acción primera.

En los paneos sobre el público, la cámara recoge el estoicismo de los dos únicos seres bellos del momento; Nanci Morejón —como la naturaleza— es cogida en medio de un bostezo más que expresivo, al lado de un serio Rogelio Martínez Furé. Víctimas ellos del proceso paralelo del grupo El puente, saben que sólo se trata de sobrevivir aquel derrame de soberbia; cosas de blancos —dirán por dentro—, con ese maniqueísmo peculiar con que distorsionan su preciosa dialéctica en la pretensión de historia.


Saturday, October 1, 2022

Color e incertidumbre: El problema racial en Cuba

El pasado 29 de septiembre tuvo lugar una conferencia del Centro Cultural Cubano de Nueva York, dedicada al racismo en Cuba; con el título, Color e incertidumbre: El problema racial en Cuba, convocó a varias figuras de la cultura cubana. Desgraciadamente, uno solo de los asistentes al conversatorio público era negro, llamando la atención sobre el alcance de este tipo de evento; que aun cuando tuvo una convocatoria muy amplia, tuvo una asistencia pública al conversatorio reducida.

Jorge Olivera Castillo
Como un primer evento de su tipo, no hay dudas de que este fue un éxito, marcando pautas para otras convocatorias; pero sobre todo señalando sobre su organización, que quizás deba ser comisionada a personas ajenas al Centro. El Centro Cultural Cubano de Nueva York es una institución importante, con objetos más allá del problema racial cubano; por eso sería más efectivo que delegara la organización de estos eventos, a personas con suficiente ascendiente y recursos para ello; incluso si eso significa la promoción de personas específicas, tanto dentro como fuera de la organización.

Fuera de esta dificultad, el evento fue efectivo al establecer el estado de esta situación en nuestra cultura; lo que no es poco, si la misma se encuentra disgregada y en crisis por el daño de su trauma político. Entre las ponencias, no faltó la intervención catedrática y presuntuosa que irrespetó el ambiente de discusión abierta; pero tampoco los que apuntaron a problemas puntuales y críticos, que pueden marcar un cambio de curso en la cultura.

Berta Mexidor
Entre los temas desarrollados, estuvo la ambigüedad jurídica sobre la cuestión racial y su aplicación práctica; también la inefectividad de los debates, en tanto reducidos al diálogo entre élites políticas y académicas. Curiosamente, al tiempo que se recordaba el llamado miedo al negro, se temía la formación en torno a divisiones raciales; recordando la misma crisis que diera lugar a la Masacre de 1912, por la incomprensión (prejuiciada) de este tipo de formaciones.

Ramón Colás
En otro desarrollo, se vinculó el problema racial al deterioro socio político, con llamados a una mayor religiosidad; dejando fuera la función de religiosidades legítimas y con fuerte ascendiente racial, en favor del cristianismo católico. Aunque contradictorio, la pertinencia de este mismo enunciado revela las dificultades de problema para futuros desarrollos; pues queda claro que este tipo de visión —tan habitual como la manipulación política— nunca se revierte en resultados concretos.

El problema, sin dudas —y queda para el desarrollo— puede residir en esa persistencia del ascendiente moral; que como parte del auge humanista moderno, desde el siglo XVII, sería lo que precipita a Occidente a su decadencia. Contra esta, la revitalización brindaría los instrumentos con que corregir los excesos, en su naturaleza hermenéutica; y esta podría correr por cuenta del arte negro, justo en la marginalidad con que se sobrepone a estas mismas convenciones.

Enrique Patterson
Eso, sin embargo, es un trabajo que excede los marcos de este tipo de evento, por su naturaleza especializada; y que correría por cuenta de los mismos negros, como interesados en la solución definitiva de un problema propio. Queda por reconocer estos esfuerzos, cuya eficiencia residiría justo en su casi quirúrgica excepcionalidad; pero también queda insistir en la manera de organizar estos eventos, de modo que trasciendan su radio de influencia, penetrando todo el exilio cubano como un estrato.

Discutir los problemas cubanos es importante, y eso fue lo que hizo el Centro Cultural Cubano de Nueva York; también queda del resto aprovechar esa ventana, abierta para airear el enrarecido aire de la casa común que es la cultura. Eso, sin embargo, es trabajo para los hombros hercúleos de los negros como los mayores interesados; pues ha quedado claro también que los problemas son de quien los tiene, y les toca a ellos resolverlos con iniciativas suficientes.


Sunday, July 18, 2021

Los tres días que estremecieron al exilio cubano

Después de acusar al pueblo cubano de cobardía, su exilio no desafió la protección de las leyes estadounidenses; en vez de presentarse con sus embarcaciones en la isla, clamó por una intervención militar, en base a la crisis humanitaria, no exactamente política. Rusia, como era de esperarse, hizo una advertencia velada acerca de la situación; llamando a respetar la soberanía de los países independientes, ante la crítica situación del gobierno cubano.

Es difícil saber cuáles son los intereses de Estados Unidos con Cuba, no importa lo que parezca o muestre; más allá de eso, está claro que Estados Unidos no va a intervenir, pero no por miedo a una confrontación; sino porque una intervención, como un estado de cosas, daría la luz verde a Rusia con Ucrania, y a China con Taiwán. El exilio cubano podría tener eso claro, con tan sólo poner en perspectiva la situación política del mundo; pero no puede hacerlo, porque no ha creado pensamiento real ni capacidad de cabildeo político ni centros de estrategia; sólo ha alimentado la exaltación retórica y emocional; de eso vive, a través del ego —todos tenemos ego— de los disidentes, a los que corrompe.

En ese sentido, el exilio cubano podía haber copiado al polémico estado de Israel, con una estrategia inteligente; los cubanos gustan de identificarse con los judíos, pero a diferencia de ellos no viven en función de su país; su exilio se agota en el presupuesto que pueden quitar al gobierno norteamericano, defendiendo su legitimidad. Si hubieran alimentado eso, sus instituciones habrían sido más efectivas en esta circunstancia espectacular; habrían creado organismos de cabildeo real, y —mejor aún— habrían generado un liderazgo real, como alternativa creíble al gobierno actual.

Esas instituciones habrían podido desarmar el ascendiente político de Cuba en el problema racial norteamericano y nacional puertorriqueño; que se limita a la burda manipulación de su beligerancia, sin otros dividendos para ellos que la migaja de un apoyo moral y políticamente vacío. En vez de eso, lo más consistente que ha podido ofrecer es la cobertura completa de un par de influencers; que sazonadas con la falta de proyección y consistencia, ni en ese momento pueden evitar las puyas y ataques entre sí.

Por supuesto, copiando la reacción del gobierno que critican en Cuba, critican esto con llamados a la unidad; que a estas alturas deberían saber son retóricos y antinaturales, porque el valor real está en el disenso y la disfuncionalidad. Igual, ya se han pasado la vida copiando la institucionalidad ya mimética corrupta de la cultura revolucionaria cubana; han enfrentado la efectividad de la UNEAC con otra del exilio, que en su virtual repite la violencia y exclusión de la original, también con presupuesto político.

La buena noticia es la madurez del momentum cubano, más allá de la inconsistencia de ese exilio; dejando claro que no importa lo que demore, la situación evolucionará como mejor puedan ellos mismos, conscientes de su soledad. Otra buena noticia es el desvelado de la revolución Cuba, mostrando su crueldad e ineficacia; que rompiendo el mito de su romanticismo, destruye la supremacía moral en que se sostiene como sistema.

Eso no significa ningún cambio de la correlación de fuerzas tras el gobierno, sostenido por la manipulación; pero sí la pérdida de su poder retórico, y su misma capacidad de soporte político para su red de aliados en el mundo. Eso no es poca ganancia, y es bueno que venga de la misma capacidad de su población para enfrentar su circunstancia; el exilio seguirá esquilmando presupuestos del gobierno americano, con la corrupción de los opositores.

Eso no es importante, su destino como historia es convertirse en una nota de referencia menor en su intrascendencia; lo único importante es que el pueblo cubano ha girado en el torno de la dialéctica, entrando con su propio peso en su propio tiempo. Este pueblo nuevo incluso generará inevitablemente su propio exilio, con el que establecerá sus propias relaciones; será como un nuevo mundo para quien lo quiera explorar, sin el lastre de ese pasado que aún se atreve al chantaje en su ineficacia.

Saturday, July 10, 2021

Lecciones haitianas para la historia de Cuba

La violenta muerte del presidente Jovenel Moïse ha desatado muchas polémicas, sobre todo por la sorpresa; porque hay que reconocerlo, algo muy bien tiene que haber estado haciendo, cuando Haití ya no era noticia política. Eso quizás sea lo peor de esta violencia, no ya el asesinato en sí —que ya es grave— sino lo que anuncia; es decir, la reacción de unas fuerzas políticas, negadas al desarrollo y estructuración definitiva del país.

Entre las cosas que esto ha sacado a la luz, está la probable culpa de Jovenel tratando de perpetuarse en el poder; que si bien es un pecado casi endémico de la cultura política latinoamericana, no lo es de la anglo o la franco caribeña. Igual, es un problema recurrente en Haití, pero aún así sería el menor de los males que afectan la estabilidad del país; que está tan depauperado desde tan temprano en la historia de su independencia, que es absurdo pedirle madurez y sabiduría política.

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Para entender las contradicciones políticas haitianas hay que entender su historia, y ponerlas en perspectiva; porque Haití comenzó su independencia como un país económicamente exhausto, y con el futuro comprometido. Primero, no fue sólo la emigración masiva de los hacendados como clase productiva, sino la pérdida de sus mercados; porque esos hacendados eran los que poseían la posibilidad de colocar la producción haitiana en el mundo, y se la llevaron.

Eso precisamente habría exacerbado las exigencias autonómicas en Cuba, alimentando el contrabando oriental; que junto al desarrollo industrial de Occidente, por la relativamente reciente ocupación inglesa de la capital, definitivamente desplaza a Haití del horizonte. Eso, junto a un acuerdo de reparación impuesto por Francia a la inexperiencia en política internacional y su voluntad de terminar el conflicto; destinando los recursos al chantaje político de la antigua metrópoli, que ya había degradado la calidad de la tierra con sus técnicas exhaustivas de agricultura.

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Esperar que, desde la caída de Duvalier a la presidencia de Jovenel, el país adquiriera madurez política, es ingenuo; y esa lección es buena para las esperanzas de democracia para Cuba, con los ojos puestos en la excelencia política de Occidente. Primero, no puede esperarse de un país así la solidez de países como Suecia o Alemania; que los mismos Estados Unidos y Francia han mostrado dificultades para mantener, aparte de su suficiencia económica.

En Cuba, esa pretensión de excelencia ante la incapacidad de Estrada Palma, no tuvo en cuenta el conflicto del que nacía; y cambió administrador honesto por una turbamulta política, hasta la apoteosis de Gerardo Machado. Eso sentaría las bases para una tradición de violencia política y corrupción, que sólo se solucionaría con la revolución; un proceso tan violento y sistemáticamente corrupto, que terminaría por desestructurar al país, casi a los niveles de la independencia haitiana.

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Pensar que eso se solucionará con una transición de cuatro años, que concilien la beligerancia de su disidencia, es absurdo; más aún que ingenuo, haciendo más grave la culpa cubana —contrario al caso de Haití—, por la obstinación. Sin embargo, Cuba no va a aprender esta lección, sumida como está en la actualidad de su tragedia; sin pensar que ni es un caso único ni el más escandaloso, atrayendo resentimiento y cansancio antes que comprensión y solidaridad.

Un poco menos de soberbia nos enseñaría mucho, no sólo haciéndonos mejores por la compasión al prójimo; también porque nos permitiría comprenderles la historia, y poner la nuestra propia en perspectiva, enmendando errores. La inmadurez política no proviene sólo de la desestructuración económica del país, por grave que esta sea; también se forma en esa obstinación, que se niega a verse en ese espejo que es siempre la historia ajena, como en este caso de la muerte de Jovenel.



Monday, May 24, 2021

Crítica de la disidencia cubana

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 Una crítica de la disidencia interna en Cuba no es imprudente, sino que reflejaría una muy justificada frustración; porque estaría reaccionando al mismo chantaje del gobierno cubano, que cree que puede esperarlo todo sin mostrar resultados. Iría siendo hora ya de superar la adolescencia simbolista y la retórica inflamación, y mostrar algún pragmatismo; porque no es de desagradecidos ver las manchas del sol, sino pura objetividad racional y prudencia, después de la experiencia de la historia nacional.

No importan los pronunciamientos de la disidencia en Cuba, reclamando la libertad de Lui Manuel Otero Alcántara; su impotencia ante la inmpunidad del gobierno nace de su distanciamiento de la realidad popular, inmersos en su elitismo. Han sido elitistas siempre, dedicados a un cuestionamiento intelectual que la gente de la calle no reconoce como su realidad; se han dedicado a alimentar su propio prestigio especializado, tratando de competir con la influencia internacional del gobierno, que de moral sólo tiene la retórica.

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Quien piense que el gobierno cubano ha podido mantenerse en su lugar por una postura desafiante, es ingenuo; no sólo tiene en contra la evidencia del intervencionismo internacional, sino incluso la corrupción rampante de ese gobierno. El prestigio del gobierno cubano no ha sido alimentado con supremacía moral, sino comprado con puras manipulaciones y ambigüedades; a las que sólo se puede sobreponer un movimiento que cree ascendiente popular, identificándose —al fin alguien— con ese pueblo que dice representar.

No importa cuán alto acusen al gobierno de sus atrocidades, porque todo eso es discurso vacío y retórico; le falta la consistencia de un pueblo que lo valide con su participación, para que esa representatividad sea real. Eso es lo que falla, y es grave, porque si muere Luis Manuel o queda descontinuado, todo sigue igual; el Instituto Hanna Arendt seguirá consiguiendo subvenciones y otorgando premios, de valor tan plástico como sus performances; Estado de Sats seguirá convocando sus conferencias y demostraciones teóricas, como tras la muerte de Osvaldo Payá, al que dejó solo.

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Ahora habrá actividades, lecturas poéticas y performances, que desnudarían la crueldad del gobierno cubano; como si esa crueldad no hubiera sido evidente desde antes, durante y después de la presidencia de Cuba sobre los No Alineados. Todas esas actividades no harán sino justificar las subvenciones —o la productividad— del próximo año fiscal, y todos los saben; porque se trata de un juego de intereses, en que la gente real sólo puede participar como víctima colateral.

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Hoy se llama a los negros cubanos a comprometerse por su igual, como si se tratara de un problema racial; que se niega en toda otra circunstancia, alegando un mestizaje que parece que es sólo político de tan vacío. Peor aún, usan la tragedia alrededor de Alcántara para deslegitimar los reclamos de los negros norteamericanos; en un acto de cinismo terrible, aunque más porque responde a obstinación y prepotencia, no a inteligencia.

Quien piense que la gente de la calle no se da cuenta de eso, no sólo es ingenuo sino también obstinado en esa ingenuidad; y esa sería la razón de esa persistente falta de respaldo e identificación, como si se olieran que se trata de más de lo mismo. Para que les crean, no pueden hacer más de lo mismo, no ya mostrar esa valentía y arrojo que ya no conmueven; sino generar alguna consistencia, que se traduciría en resultados más prácticos y objetivos que la queja recurrente.

El único caso de implosión popular del antiguo campo socialista, no fue Rumania sino Polonia, con un movimiento sindical y no intelectual; el resto, como la Glasnost Soviética, fue un periodismo que terminaría legitimando a Vladimir Putin, desde la debilidad de Yeltsin, y eso la gente en Cuba lo sabe. De ahí el escepticismo, ante un movimiento tan vital como el de San Isidro, que debe haber aprendido su lección; y reconociendo su naturaleza marginal —y en ello verdaderamente popular— distanciarse igualmente de esa retórica.


Sunday, May 23, 2021

El caso Alcántara, exilio y disidencia

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  Sobre el caso Alcántara, ahora las mismas élites que lo dejaron sólo lo esgrimen en interés propio; no es casual que estén mayormente integradas por blancos, siquiera funcionales, ni que lo blandan igual de distantes. Lo usan para deslegitimar el discurso de los movimientos negros norteamericanos, a los que reclaman la solidaridad con el régimen cubano; pero con la misma manipulación que atribuyen al elitismo liberal sobre esos movimientos, como mujeres que se ripian por un zapato nuevo.

El movimiento negro norteamericano tiene sus problemas, tal y como esos exiliados cubanos que los critican; harían mejor en ocuparse cada uno de los suyos, con lo que incluso podrían resolver el otro que los ocupa. En efecto, ese exilio tradicional es el culpable del apoyo de los negros norteamericanos al gobierno cubano; al mantener la marginalidad de los negros cubanos que se atrevan a exhibir cierta independencia de criterio entre ellos, sin plegarse a su favor condicionado.

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El grupo doblemente marginal de los negros exiliados cubanos podrían haber ganado ese ascendiente; que corrigiendo un problema histórico cubano, podría haberse revertido en una solución definitiva para los problemas comunes. En vez de eso, han preferido dedicarse a su propia trascendencia individual, asegurados a la suficiencia moral de su causa; olvidan que como el aché, lo único que hace falta para perderla es tenerla.

Luis Manuel Alcántara no ha muerto aún y ya los carroñeros le circulan, tratando de arrancar la primera tira; tal y como hicieron con Osvaldo Payá y Laura Pollán, que murieron víctimas del gobierno pero también de su soledad. En efecto, si el gobierno cubano fue agresivo y cruel, la disidencia organizada en Cuba no es menos culpable; cuando se destaca una figura capaz de nuclear en la identidad los intereses generales, quedan solos y expuestos a esa impunidad.

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Es una disidencia que clama por la salvación del pueblo, con el mismo distanciamiento del Salvador tradicional; algo que ya el pueblo cubano conoce y ha sufrido lo suficiente, como para mantener la misma distancia. Desgraciadamente los cubanos en general no gustamos de la historia, que tanto podría enseñarnos; como ese cinismo del pueblo, al que constantemente acusan de cobarde y corrupto, como si eso contribuyera en algo.

Primero, es incomprensible esa dialéctica, por la que alguien espera el reconocimiento ofendiendo; pero además, como si no se tratara de una proyección, que la gente real en la vida real puede oler muy bien y a distancia. De ahí esa falta de ascendiente popular, remarcada por la práctica que tienen de dedicarse a prosperar y otorgarse premios entre sí; dejando en la palestra a la gente que tiene que poner la carne de cañón, como siempre ha sido y parece que siempre será.

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El cinismo del pueblo cubano es la misma prudencia que alejara a los negros de la política republicana desde la masacre de 1912; dejando sólo unos pocos creyendo en la ingenuamente en el partido comunista, ahora desembozado como más de lo mismo. Esa desconfianza inicial es la que muy pocas veces se ha tratado de enmendar, con el resultado de esos mártires; que no son sólo víctimas del gobierno, sino (como ya se dijo) de esa soledad de corredor de fondo en que lo dejan.

Ciertamente, nadie tiene el derecho de reclamar lo que no hace por sí mismo, pero al menos sí el de protestar; al menos como reacción ante ese vicio, que se repite las mismas determinaciones del estancamiento. El revival de la disidencia lo trajo el Movimiento San Isidro, colgado de la marginalidad de sus miembros; no del deseo aparente de integrar las filas institucionales, da lo mismo si oficiales que disidentes, sino en la espontaneidad.

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Es por eso por lo que, no más emigran (sobre lo que no diré nada) caen en los grupos depredadores del exilio cultural; que los toma como token, para exhibir su diversidad condicionada, mientras cobran sus propias subvenciones gubernamentales. Sobre eso mismo, todos esgrimen la necesidad de la subvención, sin dares cuenta de que por ahí mismo entra la fuerza que los corrompe; no sólo por la conseja bíblica de los dos patrones, en que uno roba la atención y el esfuerzo del otro.


Thursday, May 6, 2021

Política y prosperidad

 La política y la prosperidad son dos cosas tan distintas que no deben ni contradecirse, al menos en principio; sólo que los principios son abstractos, no reales, y es sólo por eso desconocen la contradicción alevosa. En realidad, el ser humano no es equilibrado sino compulsivo, y su racionalidad sólo justifica (explica sus compulsiones; no las determina, que sería el único modo en que los principios podrían cumplirse rigurosa y naturalmente.

Una conseja bíblica dice que nadie puede servir a dos amos, pues traicionará a uno en favor del otro; explicando que no se debe a un problema moral de lealtad, sino de capacidad e intereses, siempre personales. Es decir, el ser humano actúa en función de sus intereses, que satisface en orden de prioridad; pero en una tensión en que siempre se impone la más inmediata sobre la menos inmediata, la más práctica sobre la menos práctica. Eso no es gratuito, sino que es el modo en que se resuelve la existencia de modo natural; como una determinación que trasciende lo humano, y que tampoco por gusto ha quedado codificada en todos los sistemas morales.

Por supuesto, la pretensión de que esto se puede obviar proviene de la misma soberbia del espiritualismo; que arribara a la modernidad identificando a la Razón con el Espíritu que los separaría de lo animal, como racionalismo. Pero eso explica la sistemática corrupción de los políticos, no más separan en su especialización funcional; desarrollando intereses propios, que bien pronto los distingue del resto de los mortales por los que dice luchar.

De ahí la extraña paradoja de que sólo los burgueses se dedican a la lucha por los pobres, no los pobres mismos; y ni siquiera los burgueses de primera generación, que tuvieron que esforzarse a la acumulación de capital; sino los de la segunda generación, que desconociendo ese esfuerzo y sin necesidades reales deben crearlas, para cubrir su vacío existencial. Los pobres tienen demasiados problemas inmediatos para ir tras abstracciones, y esa es la razón de que deban ser convencidos de estas; y luego aún deben ser vigilados, para que no abusen de un sistema que se torció como principio para su supuesta protección.

No es que toda esa distorsión se pueda evitar, pero sí sirve para comprender la naturaleza del problema; que es como único se puede arreglar, evitando a esa segunda generación burguesa el vicio de sus abstracciones. También, para reconocer al futuro demagogo en el carismático líder que prospera mientras lucha por los otros; y que no se da cuenta de cómo repite los vicios que critica, hasta invocando el mismo principio de la superioridad moral.

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