De los diálogos no más lezamianos sobre el capitalismo
No se definió nunca si eso es bueno o malo, porque eso es materia de universales, y en eso
resulta poco interesante; como todo principio, es demasiado amorfo para ser
aprehendido en la pobreza de un concepto. Sin embargo, hemos establecido muchas
referencias que hacen esa distorsión, sin acceder a llamarlo genealogía; como
ese vicio que transparenta el auxilio de ChatGPT, con la inflamación de la
crítica en un conceptualismo profuso; es decir, dependiendo de muestra propia
inteligencia y capacidad, porque es lo que da consistencia al intercambio.
Por supuesto, debido de todas formas al ruido conceptual,
no llegó siquiera a esclarecerse siquiera la perspectiva; que siendo del
capitalismo como objeto final, define el acercamiento distintamente, como
histórico político o antropológico. No obstante, el intercambio discurrió armónicamente,
un poco a la defensiva pero sin perder todavía el objeto; ya es maravilloso que
no se acudiera nunca a la descalificación o al carácter, dejando espacio a la
inteligencia.
Queda demostrado aún que —como cultura— nuestra realidad no está apta aún para este tipo de intercambio; que pudo llamarse polémica, pero como un título que se esquivó concienzudamente, por la vigilancia del entorno. Eso no es triste, porque la realidad avanza siempre a su propio ritmo, y no al que marque la ansiedad personal; de hecho son estas pausas las que sirven para identificar los intereses, y que la gente pueda desarrollarse acorde.
Los cuatro trabajos de la discusión sobre el capitalismo
pueden accederse en Bookish & Co., que a bien tuvo acoger este diálogo.
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