Sobre el Nuevo Pacto de los intelectuales cubanos
Los intelectuales cubanos son jóvenes eternos, intentando dirigir un país
envejecido en la experiencia, que ya sabe; por eso es reluctante y sólo quiere
que lo dejen en paz, si en definitiva sólo participa del menú y no de la cena.
Que el señor Faciel Iglesias persista en su retórica es comprensible, porque al
fin y al cabo es un político; que de intelectual sólo tiene la naturaleza y no
los instrumentos lógicos, y por eso apela a tradiciones vetustas. Pero que esos
dichos intelectuales le sigan es por lo menos asombroso, a menos que tampoco
sean tan intelectuales; sino que sólo exhiban el mismo pretensionismo del
político, mostrado la vaciedad de ese pretencioso intelectualismo.
La diferencia retórica pretende la contracción del contrato al pacto, como
de Rosseau a Thomas Hobbes y Von Pufendorf; pero no puede sobrepasar su
naturaleza retórica, porque perpetúa las manipulaciones de siempre, sin ir a lo
real. Se necesitaría una que compense efectivamente los errores de base, como
un despeldañamiento de José Martí; en una modesta vindicación al pragmatismo de
Doña Carmen Zayas-Bazán e Hidalgo, como primera dama de esta historia.
Si no pasa por ahí, en un feminismo profundo y consistente, tampoco podrá
ser políticamente armónico; que es lo que permite desgracias perpetuas, como
esa del racismo, solapado en la retórica folclorista del mestizaje. Esto no es
para corregir nada, sino el por qué todo ese embrollo es incorregible,
explicando la terquedad lorentina; ante cuya seriedad vale la pena detenerse un
poco, siquiera por esa naturaleza sospechosa del político Faisel.



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