La historia como tecnología de lo real II, la función morfodinámica del calvimismo en Estados Unidos
La equivalencia parte de la única crisis verdaderamente teológica y no
política del calvinismo, que es la de Holanda; y que tiene incluso el mismo carácter
ecuménico del Concilio e Nicea, donde el catolicismo debatió el Arrianismo. Eso
fue central a la cultura católica de Occidente, comenzando la transición del
teo al androcentrismo, en la cristología; como lo que se conoce como la Controversia
de los Remonstrantes (s. XVII) definiría la lógica de la predestinación.
La vertiente vencedora fue la rigidez dogmática, por la que la voluntad de
Dios predetermina el destino humano; equiparándose a la función contraria de la
gracia irresistible del catolicismo, en la resolución política de la cultura. Desde
ese punto, el calvinismo funciona entonces con la plasticidad del catolicismo,
en su alcance existencial; superado en esto a la contradicción luterana, que
queda atada al determinismo político del Sacro Imperio Germano Romano.
Ahí nacería entonces la disociación política de la cultura moderna, entre
la praxis popular y el elitismo intelectual; que se expresa pero no se
determina en la crisis francesa, justo donde el calvinismo sufriría su peor
represión. Sin embargo, y como logro primero y fundamental, el calvinismo introduce
la operación política morfodinámica; partiendo la Ley Natural —en términos humanistas—,
como recodificación formal de las determinaciones naturales.
Calvino, con la predestinación, intuye que el observador está entrelazado
en la estructura de lo real como natural; no hay objetividad absoluta sino
relativa, y el destino no es una decisión libérrima, sostenida en convenciones
morales. Esto es lo que es interesante, como proceso paralelo (diacrónico) a la
secularización del problema religioso en Descartes; porque va a confluir,
convergiendo por su superposición en esa contradicción, que se expresa como tensión
política.
Esa apropiación de la axialidad de la cultura por la economía, sería la
base del pragmatismo inglés en Norteamérica; a donde llega desde la trasfusión con
la dinastía de Orange, a enfrentar al liberalismo, que es francés y no inglés.
La tensión es así el resultado de gestionar una sociedad que se cree libre en
el idealismo, con una lógica de eficiencia práctica; impuesta desde la praxis
social como política, contra esa pretensión determinista de su elitismo
intelectual.




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