Saturday, December 2, 2023

El enigma Morúa, una introducción

El enigma Morúa no se limita a los problemas históricos alrededor de este personaje, sino que va a sus alcances; de ese modo, se trata más bien de un análisis antropológico de las determinaciones históricas de la política en Cuba. Aún en este sentido, tratando a Cuba como el contexto específico en que Morúa se relaciona con Occidente; así que es también una antropología de la cultura occidental, expresada en las contradicciones políticas de su desarrollo.

Por eso, por ejemplo, compara —en apéndices— al desarrollo excepcional que produjo la singularidad política griega; pero no con relación a los últimos procesos políticos de occidente, sino a su paralelo en otra excepcionalidad, africana. De estos contrastes está lleno el libro, como el que propone una comprensión de la historia distinta de la dialéctica; con una introducción a la trialéctica, como propia de la realidad, que sería a su vez la naturaleza de lo histórico.

Es por eso que, a pesar de no ser un libro extenso, da la impresión de ser digresivo, en su expansión temática; con apéndices tan densos —a veces más— que el cuerpo del libro, tratando de desmenuzar sus implicaciones tópicas. En este sentido, puede ser un libro tan difícil como el tema, al que se le dificulta establecer un público propio; ya que postulándose contra la comprensión convencional de la historia, es tan especializado como esa misma convención.

No obstante, esta dificultad es ineludible, incluso si eso significa postponer en el tiempo el impacto de este libro; porque se trata precisamente de otro paso en el desarrollo de un Nuevo Pensamiento Negro, como otra tradición. Especialmente importante en este sentido, trata entonces de corregir el eje antropológico de la cultura nacional; moviéndolo desde su mito fundacional a una comprensión más práctica de estas determinaciones históricas suyas.

Morúa Delgado, en definitiva, fue quien postuló un argumento pragmático y no moral contra la solución autonómica; que así permite un establecimiento más realista de la cultura independentista, y con ello más funcional de estas determinaciones. Es por eso que su importancia es antropológica antes que política, aunque su expresión sea inevitablemente política; y esta a su vez como contradicción, que explica la inestabilidad de la república, conduciendo a su constante implosión.

Otro aspecto interesante de este acercamiento a Morúa, parte de este mismo acercamiento antropológico; que en esa comprensión de la historia, lo sitúa en uno de los extremos trico y no dicotómicos de la contradicción. Los otros dos extremos serían el de Estenoz —ensombreciendo la función angular de Ivonet— y Juan Gualberto Gómez; y más allá de ellos, las de Fidel Castro y Toussaint L’Overture, estrechando al Caribe y desplazando la centralidad de Martí.

Se trata por tanto de una visión compleja, de un fenómeno que es ya muy complejo, sin reducirlo en sus determinaciones; y de ahí su contradicción, de rehuir la especialización convencional, pero con la suya propia, como emergente. Su índice de lecturas complementarias, aparte de la bibliografía directa, es igual de aleatoria y contradictoria; pero imponiendo en ello su propio objeto, en la determinación trascendente de lo real y su comprensión.

Esto es lo que lo hace a este libro tan sumamente complejo, en esa centralidad funcional de Morúa Delgado; como un tema esquivo en las discusiones actuales sobre historia y política, que además se extiende ahora a la filosofía. De ahí la función cardinal de esos apéndices sobre las inconsistencias de Hegel, en relación con la dialéctica; y que parten de su misma contradicción acerca del Dasein, del que él mismo carecía, dada su hiper especialización cultural.

Esta es la contradicción corregible por la cultura negra en su emergencia, pero distanciándose de toda convencionalidad; siquiera atravesando ese espeso matorral del verdadero cimarronaje, fuera del ámbito doméstico de la academia. Por eso este acercamiento pretende solucionar el llamado problema negro, pero deshaciendo su artificialidad; que es por lo que esta personalidad de Morúa Delgado es tan central en la historia de Cuba, como su corrección capital.

Esta edición está acompañada por la de el Ensayo político del mismo Morúa, y del que se extrae su antropología; como esa comprensión de las determinaciones ontológicas de lo cubano, en la base de una verdadera tradición nacional de pensamiento. Con el subtítulo de Cuba o la raza de color, este ensayo de Morúa es una de sus fuentes más y peor citadas; con lecturas sesgadas, que disuelven en datos puntuales el alcance de su sistematización tan original del problema racial.


Sunday, November 19, 2023

Réquiem por Natalia Bolívar

Es difícil postular el purismo, si se es negro y proveniente a la vez del catolicismo reaccionario, siquiera por curiosidad; pero la muerte de Natalia Bolívar, tan lamentable como toda muerte en tanto humana, brinda un alivio peculiar. En este caso se trata de que las cosas no ocurren sobre el vacío, sino en un entorno histórico que las determina; y en ese sentido, Bolívar era la última de una casta racial blanca, que monopolizaba el esplendor de lo negro en Cuba.

Ese es un problema grave, más allá de rencillas pequeñas y determinadas por el egoísmo y la banalidad política; porque ella era la última expresión de ese esnobismo intelectual, que terminaría sistematizando el racismo. Eso es lo que ocurre, con la canalización de ese racismo en el liderazgo por los blancos de los estudios sobre los negros; que no permitiendo el desarrollo de una comprensión negra de lo negro, lo mantienen en control de la cosmología blanca.

Quien no pueda entender la sutil torcedura del racismo cubano, no puede comprender sus extrañas paradojas; como en este caso, en que una promoción interesada y gradual, lo dirige por los causes de su perversión política. En este sentido, Bolívar es una figura menor de la pléyade de la burguesía blanca, coronada por Lidia Cabrera y Fernando Ortiz; pero cuya degeneración última corre por la cuenta de Alejo Carpentier, con su esnobismo folclórico y populista.

En tanto menor, el caso de la Bolívar es también el peor, porque ni siquiera da el espacio a desarrollos futuros; desde los que retraer la cosmovisión existencial de lo cubano, como todavía es posible en los clásicos que la antecedieron. En su caso, en cambio, el poder desplegado era institucional y no cultural, incorporando la naturaleza represiva del gobierno; no importa si eventualmente al margen del mismo, porque la confluencia es de intereses, en tanto es cosmológica y cultural.

Con la muerte de Natalia Bolívar, las figuras negras podrán por fin emerger por sí mismas, en su propia importancia; no en un reconocimiento, que siendo ajeno los mantiene funcionalmente subordinados, en el mismo juego de la esclavitud. Eso es lo que alimenta el nuevo tráfico negrero del academicismo norteamericano, alimentándose de nuestra precariedad; en un modelo que alimenta en la sublimidad moral la deuda estudiantil en estados Unidos, por el falso reivindicacionismo.

La participación en esta forma de tráfico negrero es comprensible, por su naturaleza económica, como el original; la distinción retórica, esquivando la importancia existencial del individuo, es hipócrita, y doble al afectar a los negros; porque contrario a todo otro estamento de la sociedad, estos carecen de una red que pueda absorber su traumatismo. Eso es lo que hizo tan perverso el brillo de la Bolívar entre los estudios afrocubanos, sobre todo de los últimos epígonos; entre los que Bolívar era amauta de amautas, pero por el cinismo con que mantuvo el cepo en el cuello de sus negros.


Thursday, November 16, 2023

El Capitalismo como estafa

El mercado, como la mano invisible que regula la realidad, es una imagen tan romántica como la del socialismo; de hecho es una teoría, surgida al calor de los debates teóricos suscitados por los socialistas utópicos. Por eso, como la teoría económica del Marxismo, esta que la contesta responde a su misma determinación; que no es nunca la realidad, sino su comprensión por una élite que ha perdido el sentido de lo real con la especialización.

La economía moderna es industrial, por el mercantilismo en que decae el medioevo con el renacimiento del mercado; pero como una realidad más compleja que las meras relaciones de producción, al darse sobre una estructura política. Esta complejidad se debería entonces a que no se trata de un nacimiento puro, dado en esas relaciones de producción; sino de la transformación de una estructura política ya dada, que cambia sus determinaciones internas.

Por eso, la reducción de la economía a esas relaciones productivas es tan excesiva como su otra reducción a las políticas; que de hecho es posterior a la primera —por el Marxismo—, con el ajuste leninista de Carlos Marx. Este ajuste del Leninismo, se debería precisamente a la deficiencia teórica Marxista, con su economicismo excesivo; pero igualmente excesivo en esta corrección, por la extrema politización, que como la otra desconoce toda relatividad.

Eso no es extraño, todos responden de algún modo conceptualismo idealista, que es el que desconoce la relatividad; así que se fabrican las teorías como los dogmas del catolicismo, con la única diferencia de que se dicen científicos. Por eso, los teóricos del capitalismo responderán a la misma dinámica teoricista, si es al Marxismo que responden; y todos —incluidos los marxistas— respondiendo a la preocupación de los utopistas, que era también teórica, y ninguna de ellos a la realidad.

Por eso todas esas discusiones son políticas, y remiten a la misma falta de solución que la de los universales; que de hecho resolvía teóricamente el mismo problema del capital, que entonces era teológico y no financiero. La última prueba de esto es el capitalismo postmoderno (neoliberal), que alcanza la apoteosis con la implosión socialista; pero no como el triunfo del mercado que proclama, sino su inflación artificial con la deuda pública, como el socialismo.

En efecto, lo que arrasó con la llamada área socialista no habría sido su ineficiencia económica, que era notable; pero que se debía a su carácter corporativo, en su organización como el capitalismo de estado del leninismo. Es decir, tal y como el capitalismo que le sucediera, ahora en la teoría neoliberal, con el funcionariado en clase ejecutiva; que como en el socialismo es intercambiable con la política, porque su especialidad es administrativa y no productiva; no importa la apariencia de capital privado d elas corporaciones, que en tanto públicas son igual de reguladas.

Lo que implosionó a la economía socialista, habría sido entonces la carrera armamentista, tan artificial como ella; y que alimentada por el presupuesto militar —no el mercado—, terminaría inflando la deuda pública, no la privada. En otra perversión, el índice de libertad económica sitúa a Estados Unidos en el veinteavo puesto; asombrando no ya que no esté en el primero, siendo como es el supuesto motor del capitalismo postmoderno; sino la otra estadística, que reduce a cinco años el promedio de vida de las medianas y pequeñas empresas; adjudicando el fracaso a su desorganización económica —como en el socialismo—, y no al lastre de su hiper regulación.

La falacia estaría en la mera formalidad de la contradicción entre los órdenes, ocultando exprofeso su complementariedad; por la que el capitalismo es sólo una abstracción crítica (moral) del economicismo político, por el puritanismo social. Eso es lo que explica su origen en los socialistas utópicos, como base para el barbarismo teórico del dogma marxista; como señuelo al ego, que desviará la atención de todos —incluido el inefable Weber— de lo real, con esa sublimación del socialismo.

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