Sunday, November 27, 2022

La serpiente (Negra) que se muerde la cola.

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Por Fernando Veláquez Medina

El grave problema cubano es la ignorancia de la historia, no la del país, que comienza con la llegada de los europeos; no solo llegaron españoles sino también italianos, pues media Italia pertenecía a la corona de Aragón. Pero a diferencia de muchas familias blancas, los negros no saben (sabemos) de dónde provienen, de cuál parte de África; que por cierto, está dividida en tres: la del Norte, la del Centro y la del Sur, cada una con distinta civilización o formas sociales. El Norte mayormente musulmán, e influía en los reinos e imperios negros del centro de la costa Atlántica; con quienes comerciaban en oro, marfil y sal —así como esclavos—, pero los grandes imperios negros. 

Eran Emperadores, reyes y jefes tribales, quienes vendían a los pueblos menos desarrollados como esclavos, tanto a los bereberes como a los europeos; e importaban esclavos blancos, cada vez que los encontraban en los mercados de Túnez, Trípoli y Argel; hombres o mujeres, españoles, italianos, ingleses e irlandeses. En ocasiones, incluso eslavos robados por los Tártaros y vendidos en Estambul; llevados al África negra para cambiarlos por pieles de león, polvo de oro o colmillos de elefante. A cambio entregaban armas y productos semielaborados en Asia.

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Por otra parte, el comercio esclavista menos mencionado es el de la costa oriental de África; donde, mucho antes de la llegada europea, se vendían ingentes cantidades esclavos negros; para enviarlos a Yemen, Irán, Iraq, Pakistán, India, Ceilán y hasta China. Existían monarcas asiáticos que usaban ejércitos de esclavos negros, quienes recibían mejor trato que los soldados nacionales; pero igualmente, en los mercados de esclavos se vendían griegos, rumanos, búlgaros y otros europeos, cuyos estados no eran fuertes. Los vikingos, y sus descendientes los normandos, entraban al Rus por el río Moscova; e iban saqueando los pueblos ribereños, y arrastrando sus drakares por tierra, hasta alcanzar el Mar Negro; que atravesaban para llegar a Bizancio y luego a Turquía, donde vendían a sus prisioneros.

La esclavitud es el segundo vicio más viejo del mundo, después de la prostitución; dejemos el victimismo, no solo los negros hemos sido esclavos. En Inglaterra se usaba mandar a los presos a las Antillas, como esclavos; y en el siglo XIX, los enviaban a Australia. Fueron los esclavos blancos australianos quienes construyeron esa nación, altamente desarrollada; y no andan llorando ni piden beneficios especiales a costa de sus tatarabuelos, esclavizados como presos.

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En cuanto a la América precolombina, allí existía la esclavitud antes de la llegada de los españoles; tanto los Incas como los Aztecas trataban como siervos a los pueblos conquistados. Esos a quienes les sacaban el corazón en las pirámides, no eran voluntarios sino esclavos. Los europeos no trajeron la esclavitud a América, sólo instauraron otra versión; y las grandes civilizaciones indígenas americanas estaban fundadas en el despojo, la sangre, el sudor y la esclavitud de otros pueblos indígenas. Las civilizaciones autóctonas que tanto alaba la izquierda, no tenían constitución ni leyes que ampararan a las mujeres; la primera constitución que limitaba el poder de los reyes se creó en Inglaterra, se le impuso al Rey Juan sin tierra, y es todavía la que rige la sociedad inglesa.

Aprendamos historia, para combatir las mentiras de los “libertadores” totalitarios. El absolutismo cubano hay que desmontarlo conociendo de dónde venimos, y planeando a dónde queremos ir; si no, seguiremos peleando contra el racismo ignorante de la derecha y el racismo oportunista de la izquierda; como en una noria o el Uroboro, la serpiente que se muerde la cola y que significa la eternidad.


Thursday, October 27, 2022

Necrofilia de la UNEAC en la Comisión Aponte

Al velorio del dramaturgo Eugenio Hernández Espinoza no asistió una representación de la UNEAC; tampoco de la famosa comisión Aponte, que se supone que rescata y resalta los valores de los negros en Cuba. El vacío, no importan las causas, destaca la vaciedad de los esfuerzos políticos, en tanto retóricos; si de verdad esos organismos fueran representativos, habrían corrido con el evento mismo, no ya su asistencia.

Ahora lamentarán el error, no por lo que significa, sino por haber dado argumentos al “enemigo”; como si un negro que habla de negros fuera un enemigo, y no el que se presta para esos manejos, que son siempre de blancos. Que la UNEAC evidencie su naturaleza de esta forma, no es extraño, está en esa naturaleza suya; pero que lo haga la Comisión Aponte, erigida para corregir estas falencias, ya es el colmo de la desidia.

Después de esto pueden seguir con lo del interés humanista, o la autenticidad de su negrofilia; igual nadie les va a creer, como nadie le cree desde hace mucho, que esto es ni para denuncia. Esto es sólo para recordarles la inconsistencia, que hace comprensible sus constantes manipulaciones; como esa de Zurbano recreándose en la maternidad de Georgina Herrera, para burlarla en su misma muerte.


Sunday, October 23, 2022

P Valley, la leyenda de Chucalissa

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Con un nombre que disfraza en el apócope su grosería, P’valley es una mirada a la cruda realidad del negro; resumiendo toda la negritud de Estados Unidos en un pueblo real, que sin embargo tiene la textura de Macondo y Yoknapatawpha. No hay que equivocarse, no hay ficción más compleja y profunda que la realidad, ni realidad más compleja que la ficción; porque vivir es ese entramado de interpretaciones con que lo humano se relaciona con lo real, abriendo su propio sendero.

De ese modo, en toda la violencia y vulgaridad de este drama, se ofrece la tranquila armonía del universo; que siendo negro no puede disfrazar sus contradicciones, dada la precariedad en que debe realizarse. Ese es el valor de esta serie, que muchos pueden reducir al discurso de vindicación política, pero que sobrepasa esa función; ofreciendo cómo se entrecruzan los genes del próximo desarrollo de la cultura, ante los ojos estúpidos de quien no lo puede ver.

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Quienes se asombren ante el despropósito, deben recordar que todo lo que será ya ha ocurrido, y a la inversa; desde las uñas acrílicas, que semejan los uñeros de las matronas chinas, a las pelucas chillonas como las de las egipcias. En medio de todo eso, los tubos en que bailan las estrípers muestran al mundo la violenta belleza de esa ida; que aún si todavía gestándose, ya muestra su increíble capacidad para imponerse a toda dificultad.

La serie sin dudas no es mezquina en su apropiación de clichés y fórmulas dramáticas, pero las mezcla bien; y ofrece un coctel que va directo a las entrañas, con su efecto alucinógeno, entre la repulsa y la fascinación. Hay referencias directas, como la del negro que quería ser presidente y al que identifican por el nombre; pero que lejos de ser tan generosas como parecen, se atreven a la hondura que arrastra a los hombres al burdel de la política.

El protagónico es amorfo en su sexualidad, sin comprometerse con ninguno de los actuales dilemas de géneros; con un tipo de no binario original, que no se preocupa sino que juega con los pronombres, en su potestad. Todo allí es pintoresco y friki, pero P’valley no ofrece nunca un discurso claro, porque esta serie es socarrona; no porque critique algo, sino porque se distancia de todo, en un casi cinismo que garantiza su objetiva honestidad.

Quien quiera conocer la verdadera cultura del negro norteamericano debería ver esta serie, pero sin prejuicios; porque de acercarse a esta rotura queer con ojos prejuiciados le harían ignorar la riqueza de su propia realidad. P’valley es sobre todo humanidad, reflejada desde el charco fangoso que dejan las lluvias de nuestras propias vidas; es en eso en lo que reside su negritud, no en una cuestión de identidad sino existencialista, y es profunda y dramática en ello.

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