Monday, June 1, 2015

Patrística: Diálogo de San Cirilo y la divina Hipatia

Por Ignacio T. Granados Herrera
San Agustín concluye y resume la Patrística, que así establece la base dogmática del cristianismo católico como máxima organización de la cultura occidental; pero esto es valioso no porque signifique un avance político o en las prácticas del conocimiento, sino porque fue el factor que homogenizara a Occidente en este sentido. De hecho entonces, el valor antropológico de la Patrística habría sido la contracción que significara en medio del esplendor científico e intelectual con que concluye la antigüedad; que sin los graves crímenes del fanatismo religioso de entonces, habría segregado de modo inevitable una élite política de corte intelectual, que la débil estructura política de entonces probablemente no habría podido soportar. Se trata de que con el desarrollo de instituciones como la biblioteca de Alejandría —por ejemplo—, el elitismo intelectual pudo haber evolucionado a la tiranía platónica de la República;  un experimento que habría resultado antropológicamente costoso, como demostrara el intelectualismo moderno.

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De hecho entonces, la patrística habría corregido la anomalía griega de la cultura secular, con base en el comercio; que como principio permitió el desarrollo de la democracia, pero por defecto, sin fuerza ni consistencia para sobreponerse naturalmente a las tempranas derivaciones oligárquicas y tiránicas del mismo entorno platónico. En ese sentido también, quizás fuera hasta providencial que la tendencia predominante en el período patrístico fuera filoplatónico; porque eso habría sido un factor determinante en ese proceso de homogenización, demasiado refractario si hubiera incluido las referencias aristotélicas, relativamente radicales y contradictorias. Está claro que ese temprano cristianismo es criminal, pero se trata de que eso es lo que habría tenido de positivo; explicando, bien que de modo retorcido, esa paradoja de la santidad de San Cirilo, acosador y asesino irredento —incluso si sólo simbólicamente— de Hipatia de Alejandría.

Eso último del simbolismo es importante, para relativizar los hechos con alguna racionalidad y prurito histórico; pues aunque San Cirilo sea culpable del crimen sobre Hipatia, lo es por ser su instigador, que la sangre como siempre llueve sobre el pueblo innoble que ejecuta la historia. Al fin y al cabo, toda época tiene sus propios crímenes para avergonzarse, y sería hipócrita señalar a los de ayer sobre los de hoy; y aunque tampoco se trate de sancionar la criminalidad, sí se impone la necesidad de comprender su propia naturaleza antropológica como único modo de superarla. También al fin y al cabo, al Cristo en que se justificaron no lo asesinó el judaísmo que él mismo practicaba sino la humanidad; que es el mismo Cirilo inspirado como el sumo Caifás del sanedrín, dándole valor universal y renovándolo en la divina Hipatia, como arquetipo que es de la justicia como necesidad.
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Friday, May 29, 2015

¿Es realmente útil la poesía?

Por Ignacio T. Granados Herrera
La banalidad de estos tiempos en lo que respecta al arte sería tan evidente que ya generaría complejos de culpa y necesidad de justificación y balance; eso es lo que al menos se entendería de un artículo reciente (¿Por qué leer poesía ayuda…?), que explica las ventajas de leer poesía, en un mundo que se queja de que nadie lee, pero sin contar con que todo el mundo escribe. Es decir, por alguna extraña razón nadie relaciona la decadencia del hábito de lectura con el crecimiento exponencial del de escritura; como si los escritores, cada vez más ensimismados en su propia necesidad de expresarse y no en la de expresar algo distinto a ellos mismos, fueran así proclives a consumir lo que producen. En realidad, la debacle se explicaría en las mismas contradicciones de mercado, con una oferta que supera la demanda; sobre todo porque el mercadeo habría estado errado desde el inicio, poniendo el énfasis en la inteligencia como capacidad de producir antes que de consumir.

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Por qué se habría retorcido así la dinámica natural de las relaciones de mercado, pues pareciera que porque se despreció un tanto el resultado natural de esta relación; es decir, se sobrevaloró el status político de productor antes que de consumidor, derivando el valor del objeto hacia el sujeto; cuando obviamente debió ser al revés, derivando el valor del sujeto al objeto, que así en su excepcionalidad mantendría por sí mismo su valor de mercado. En todo caso, el artículo de marras trata de revivir la crisis, que es económica, remarcando en un utilitarismo no menos banal que el producto mismo; ya que en definitiva, lo que mantiene un valor de mercado sería la relevancia y no la utilidad del producto, como demuestra la desaforada carrera tecnológica, que desecha de continuo infinidad de artículos en pleno margen de utilidad.

En realidad, la supuesta ventaja de leer poesía consistiría en que estresando el cerebro contribuye a su desarrollo; nada que un buen crucigrama o trabalenguas no pueda hacer, sin que nadie se digne a acordarse de sus bondades utilitarias; que de hecho, siempre hubieron de camuflarse en la otra utilidad del entretenimiento banal, como bien demuestra su irreparable obsolencia. El problema sería entonces que la utilidad real de la poesía es lo que ha desaparecido del panorama, porque consistía en una capacidad para la reflexión analógica; que es lo que se ha disuelto, haciendo de la poesía un objeto irrelevante, no importa lo saludable que sea —como los vegetales para los niños—, en tanto habría perdido su pertinencia en el abismo narcisista de nuestro egoísmo.
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Thursday, May 21, 2015

De la sistematización de Occidente

Por Ignacio T. Granados
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A todo lo largo de este libro, se postulará y tratará de probar la naturaleza idealista del pensamiento occidental; que si bien es ya un lugar común dada la preeminencia del divino Platón, no tiene en cuenta los defectos sistemáticos que eso introduce. Este libro, como sistematización última del pensamiento occidental, pretenderá no sólo probar esos errores, sino que también pretenderá corregirlos; pero como se ha dicho, eso es lo que se propone el libro, y una introducción a dicha pretensión ha de ser más pragmática y modesta, refiriéndose más bien a su pertinencia y suficiencia en ese sentido. Así, no es gratuita la referencia al Materialismo histórico o dialéctico, al que se plantea en este esfuerzo como síntesis crítica de toda la filosofía occidental antes que como filosofía en sí; partiendo de su propia naturaleza idealista, ya que su función es sólo referencial y como un seudorrealismo, generado por la necesidad misma de la tradición idealista de equilibrar sus propios excesos conceptuales.

Es de ese modo que el Materialismo histórico habría sido esa síntesis apoteósica a la vez que crítica del mismísimo Idealismo platónico;  por lo que es también una tesis del mismo, que ha de confrontar un desarrollo antitético, en una crítica necesaria que corrija sus excesos inevitables; y por la que se producirá otra síntesis en el proceso de evolución y desarrollo del pensamiento, de carácter más realista, al menos relativamente. Eso es respecto a la pertinencia de una sistematización de este tipo, su probidad y suficiencia dependería de su independencia respecto a toda esta tradición;  ya que tratándose de que su objeto sería la fatalidad de esta tradición en todo el pensamiento occidental, su objetividad dependería entonces de su distanciamiento respecto al mismo. Como principio el problema sería insoluble, como todo problema del conocimiento, que sólo gracias a los niveles abstractivos permite a la parte alguna comprensión acerca del todo sistemático del que participa; ya que una crítica del pensamiento occidental requiere un conocimiento del mismo que lo haría partícipe en la determinación del objeto mismo; pero no si este conocimiento se ha desarrollado al margen de esta tradición,  de la que sólo participaría tangencialmente, como una derivación que desarrolla su consistencia propia.

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Ejemplos hay que lo explican, en tanto el pensamiento es un fenómeno cultural,  que responde entonces a dinámicas propias de la cultura, con un valor antropológico;  como en el caso mismo del Marxismo, que para poder resumir en forma crítica la tradición idealista habrá de derivarse de la misma pero no como un producto directo suyo; sino que ya obedecería a otra determinación coyuntural, distinta de la del Idealismo mismo, en la necesidad de este de una referencia crítica dada su insuficiencia en este sentido, y que la que plantea al Marxismo como falso realismo. Otros ejemplos quizás más claros serían el desarrollo de los credos religiosos como derivaciones de una misma tradición;  y que llegan a enfrentarse en contradicción directa y por ello insoluble, como en el caso de las tres religiones monoteístas de la determinación de Occidente.  No es por gusto en todo caso que se acuda a la religión para un último ejemplo acerca de esta probidad o suficiencia de una crítica correctiva del Marxismo; aunque no por el valor ideológico o moral de su propia oposición, sino por el otro valor de su función estructural como objeto válido para la actividad de pensamiento.

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Eso se refiere a la misma tensión con el Marxismo, como antítesis que busca sintetizar su crítica de la religión; que en definitiva es de valor estrictamente político y no antropológico, y que por tanto permitiría rescatar los alcances figurativos del antropomorfismo religioso en su eficacia cognitiva. De ese modo, en definitiva, la corrección de los excesos cognitivos del Marxismo ocurriría precisamente gracias a la tradición religiosa, más exactamente al catolicismo romano; que por causa de sus propias manipulaciones político culturales habría encapsulado la tradición realista en toda su funcionalidad natural, permitiendo su uso como referente válido y suficiente; del que justo se apartó la práctica tradicional del pensamiento sistemático, con esa dramática fatalidad del idealismo platónico a través del agustinismo, primero en el resumen de la Patrística por San Agustín; pero inmediatamente después con la Escolástica, como convención que establecerá la preeminencia del Idealismo por su valor teológico, y desde ahí con la Protesta luterana, que es teológica —no política— y dirige la secularización del pensamiento en este sentido.

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No será gratuito tampoco que la apoteosis del Marxismo coincida con el desarrollo del positivismo aparentemente científico, que en realidad es ideológico y por ello compulsivo y religioso; afectando a la misma tendencia del catolicismo hacia el pragmatismo político, con los esfuerzos de desmitologización utilitarista de la religión, que postulando la impropiedad del antropomorfismo insiste en la aparente suficiencia de la razón positiva; y cuyo máximo y mejor ejemplo estaría en la reducción de los conflictos mitológicos al más puro determinismo económico. En este sentido, y dada la decadencia política y cultural de la institucionalidad religiosa, se trataría de que la cultura como sistema natural se proveería en su autosuficiente de su propia reflexión trascendente (realista); con el antropomorfismo subyacente al arte, originado en el inicio de las prácticas reflexivas junto a la religión,  de la que sería un subproducto residual, aunque también sujeto por su desarrollo diacrónico a los procesos de decadencia de esa misma cultura moderna a la que pertenece.

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