Insuficiencia de Tempels III (final)
Es ahí que la desincronización de la estructura occidental puede producir
una emergencia, que no es antioccidental; en tanto es propia de la misma
dinámica que había producido sus formas tradicionales, reproducidas a escala.
De hecho, esto es lo que explica esa emergencia como contracción de la
estructura occidental a sus funciones básicas; como existenciales antes que
políticas, como se resolvieran antes del comienzo de la crisis moderna, como
premodernas; resultando por tanto en otra distribución y de esas
determinaciones, más reconocible en el tribalismo actual.
Entonces, la oposición deja de ser entre Occidente y el África, ya
incorporada de hecho en su expansión colonial; para convertirse en algo más
interesante, como esa emergencia producida por este proceso de desincronización.
No hay pues una victoria de lo uno sobre lo otro, sino un cambio en la relación
por la que uno produce lo otro; con consecuencias graves, pues lo neoafricano
no es menos occidental que el Occidente moderno, en su contracción; si de hecho
alude a una contracción propia de la estructura occidental, en ese funcionalismo
común a lo africano.
La apelación de Senghor a esta antología, antes que a la de sus tradiciones
propias, señalaría el fracaso del africanismo; incluso como principio, que
cubre todas sus formas posibles, surgidas bajo esa misma premisa del idealismo.
Esta naturaleza sería lo que agote entonces todas las proyecciones, aunque
también todas apunten a la misma intuición; que es siempre sobre la necesidad, como
el romanticismo, sin que tampoco puedan satisfacerla efectivamente.
De hecho, en esto todas se limitan a la misma presión crítica sobre esa estructura occidental, que es de su desincronización; determinando esta emergencia neoafricana, pero indirecta y no directamente, como esa ya dicha desincronización. El error en todo caso, estaría en esa postulación de una continuidad ontológica con lo africano, como vindicación; que en tanto política, participa de este determinismo, sin que acceda nunca a la función existencial, como ideología.


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