Saturday, November 6, 2010

¡Próximanente: Magali Boix!

Friday, November 5, 2010

Editoriemos: La carta de ayuda a las artes

Los norteamericanos deben estar muy entretenidos con lo que acurre al sur del estrecho de Fort Lauderdale; que será virtual pero no menos efectivo por eso, desde que marca una verdadera frontera cultural. Ahora en Miami, por ejemplo, circula una carta de petición al periódico El Nuevo Herald; y en la carta se protesta por la eliminación del semanario Aplausos, que solía publicar crónicas sobre el teatro local. El main issue aquí sería la petición de ayuda a las artes, pues la desaparición del semanario elimina la propaganda gratuita a la que todo el mundo aspira; sin tener en cuenta el axioma más certero de la cultura capitalista, que reza que usted se lleva lo que paga, no importa lo que parezca. El mismo concepto de ayuda a las artes significa la subvención de un grupo de iluminados, que así puede irrespetar a la cultura popular que los sostiene; no importa si para eso deban someterse a las más humillantes presiones y los más baratos sobornos, la supuesta excelencia intelectual los justifica.

Detrás está esa incomprensión política de la cultura cubana respecto a lo económico; que como mismo acabó con la infraestructura de uno de los países más prósperos en su momento, signó el espectro existencial de la migración que hoy asola al sur de la Florida. Aquí, en artes, todo el mundo quiere construir el socialismo y les encanta el trabajo voluntario que sea ajeno; no se piensa que tan mala costumbre fue lo que minó la iniciativa privada, por más que esta no fuera afecta al intelectualismo.

A nadie se le ocurre el problema de que un periódico es sobre todo una empresa privada, y que por tanto se atiene a rendimiento; y a la misma irrelevancia de la prensa tradicional en la era informática, se une la del intelectualismo de los artistas que no logran imponerse en la realidad. En curiosa coincidencia, la cultura local está secuestrada por las presiones políticas de cuatro energúmenos; que canalizando la ayuda a las causas políticas literalmente aplastan la creatividad local. En definitiva, una élite no puede ser impuesta, sino que es segregada espontaneamente en la especialización por sectores de la misma cultura popular; de donde que nada pueda rehuir la presión económica, y deba responder a sus exigencias en aras de su propia relevancia.

Wednesday, November 3, 2010

El genio en contradicción

Jueves de Cine Club-III

Marcado por una extraña fatalidad, Tomás Gutiérrez Alea [Titón] parece un genio condenado a la contradicción; pues su desarrollo juvenil en la vanguardia europea lo dirige a la vindicación del discurso popular. Es una cuestión de perspectivas, pues la vanguardia era un movimiento marcado a su vez por el interés estético en el drama político; pero que era, además, un drama en desarrollo, y que por eso tenía una progresión creíble hacia las vindicaciones populares del intelectualismo moderno. Un genio, en general, no tiene que comprender esa naturaleza suya; se trata de serlo, de la gran experiencia de realización, que así es culminante como un acto perfecto. De ahí esa extraña libertad, por la que un artista no tendría que tener un discurso o que ser consecuente con el que tenga; el arte es una naturaleza que lo signa, y el discurso es sólo lo que cree comprender en su acontecer político.

De ello la ambigüedad, que tan comúnmente lleva al artista a la contradicción; más grave cuando el artista queda preso de esa transición en que sus referencias pierden vigencia. De Titón se ha dicho que la revolución era un tic nervioso suyo, lo que es ofensivamente reductivo; porque ignora el drama del artista, que responde a una sensibilidad estética y en eso es algo distinto de un discurso. Nada más natural, que las búsquedas dramáticas del Neorrealismo italiano encontraran curso en la épica revolucionaria; no fue su culpa que esa épica se desvaneciera y los dejara sin piso bajo los pies, por lo que ni tic ni error, fatalidad. Eso sí, la pureza de la búsqueda misma, que sentó pautas para cuando madure el humanismo postmoderno; eso fue el cine de Gutiérrez Alea, que por suerte encontró lugar en ese nicho que salva al cine cubano con una idea de arte. Es ahí donde se aprecia que no se trata de alguna causalidad del discurso, que suele ser casual y recurrente; se trata del drama real que se esconde tras toda catarsis histórica, y él estuvo en la más intensa y emocional de todas, no importa si también errada.

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