Este es un título interesante por más de una razón, la menor de ellas es la
singularidad de una obra colectiva; en que varios escritores se unen para el
proyecto de una novela policiaca, que llama la atención sobre su origen. En
efecto, los cinco escritores de Amalgama G7 son egresados de un programa de
maestría en Escritura Creativa; ofrecido por Luis López Nieves —miembro por
derecho propio del panteón literario boricua— en la Universidad del Sagrado
Corazón. La novela resulta así como un ejercicio creativo, comenzado en el
2014, y terminaría publicándose en el 2019; desde entonces no han aparecido
otros títulos del colectivo, sino de cada autor de forma individual,
respondiendo ya a su respectiva madurez.
La novela es entonces desigual, pero sin que eso llame a engaño, es una
trama interesante, y mantiene su interés; incluso con el atractivo añadido de
los capítulos iniciales, en que el caso se presenta por la superposición de
caracteres; tendiendo cada uno —con su propio ritmo— a un crescendo peculiar,
en el centro de la trama. En ese sentido, la desigualdad de los autores
contribuye a mantener este interés, con la riqueza dramática de los personajes;
y sólo repercute en la mayor o menor sobriedad con que cada uno se resuelve,
aportando sus propios recursos estilísticos.
Así, algunos capítulos tienden a una velocidad reductiva, que pasa por alto
sutilezas dramáticas y profundas;
en otras ocasiones, la caracterización de personajes por recurrencias
lingüísticas puede resultar excesiva. Por encima de eso, la trama sí consigue
hacerse interesante desde el principio, y acrecentar este interés; manteniendo
la intriga por los primeros dos tercios del libro, donde ya tiene que rendirse
y empezar a entregar sus prendas; pero haciéndolo con mesura, sin dañar nunca
el hilo dramático, sino añadiéndole complejidad y riqueza.

La novela se atreve, y recoge hasta sucesos históricos de la controvertida
tradición política y social de Puerto Rico; sin descender por eso al mero
panfleto, a pesar del grave peso moral de los problemas que trata. Especial
interés el de un personaje que en principio es secundario, pero sin embargo
deviene en espina dorsal del drama; y que aunque admite un tratamiento más
detallado, de todas formas ya aporta suficiente complejidad en su propio
desarrollo. Es el caso de un indocumentado colombiano, cuyo perfil es tan
amplio que a veces es disuelto por el dramatismo de su contexto; obligando a
resolverlo de forma desigual, unas veces más pausado y otras más rápido, y
quedando al final un poco desdibujado.
El drama principal es otra historia, que se impone en el segundo tercio del
libro y lo domina, para ceder al último; pero este desarrollo es de una
maestría genial, por la forma en que se lleva a la confluencia de los
personajes. Esto incluso se logra con narraciones paralelas, que añaden intriga
a una trama ya de por sí intrigante; añadiendo una vuelta de creatividad a un
género como la novela negra, tan transitado que ya nadie esperaría sorpresas.
Eso, sin embargo,
también significa que algunos llaman más la atención sobre su desarrollo
posterior; que siendo individual, crea ciertas expectativas sobre algunos de
ellos, por el estado actual de la literatura. También es llamativa la
normalización del travestismo, como recurso de valor dramático, sin lecturas fuera
de ese dramatismo; distinta, en su falta de provocaciones y esnobismos, del
objetivismo sociológico (Rosa Mystica, Carlos Varo 1987) o hasta el
maravilloso esperpento folclórico (Sirena Selena vestida de pena, Mayra
Santos Febres, 2000).
Más allá de las cuestiones de mercado y teoría, la novela se resuelve en sí
misma como un objeto sólido y complejo; con una profusión de detalles que, como
regla, absorbe las desigualdades, y establece al colectivo como uno de los
mejores prospectos literarios de Puerto Rico. Hay ocasiones en que —sin dudas
un autor específico— asombra con recursos formales de ingenio poético, que
muestran su talento peculiar; y otros en que la narración es más plana y
directa, pero como otro modo de conseguir la eficiencia.
No se olvide que el modelo de personalidades descollantes muere en el siglo
XX, y López Nieves es uno de sus últimos exponentes; pero a diferencia del
resto, establece tras de sí un semillero promisorio, que abre expectativas
sobre el peso literario de Puerto Rico. Más allá de esas cuestiones de cultura
nacional —como con las de mercado y teoría—, se trata aquí de una novela rica y
bien resuelta; hecha para los cultores de la novela negra tradicional, que
deben estar rogando por desarrollos originales, como este de Nadie descubrirá
tus huellas.